El FMI se suma a la guerra en Ucrania

Pepe Escobar

Fuente: The IMF goes to war in Ukraine, RT, 7/05/2014

Foto: AFP / Sergei Supinsky

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha aprobado un préstamo a Ucrania de 12.210 millones de euros. Los primeros 2.300 millones han llegado ya el miércoles.

Es fundamental conocer las condiciones vinculadas a este “préstamo” de estilo mafioso. La recuperación de la economía ucraniana no está en absoluto en juego. El plan está íntimamente ligado a la conocida política de “ajustes estructurales” del FMI, que vale lo mismo para un roto que para un descosido y que ya han probado centenares de millones de personas en América Latina, Sudeste Asiático y sur de Europa.

Los “cambiadores de régimen” de Kiev han cumplido debidamente lanzando el inevitable paquete de austeridad: aumentos de impuestos, congelaciones de pensiones, subidas en los precios del gas natural de más de un 50 por ciento, etc. El “pueblo de Ucrania” no podrá pagar las facturas de los servicios públicos el invierno que viene.

Como era de esperar, el préstamo no va a beneficiar al “pueblo de Ucrania”. Kiev está básicamente en bancarrota. Entre los acreedores están bancos occidentales y Gazprom, a la que se debe nada menos que 1.940 millones de euros. El “préstamo” permitirá pagar a estos acreedores, por no mencionar los 3.590 millones de euros que se destinarán a pagar préstamos anteriores del FMI. No hace falta decir que una gran parte del dinero irá a parar, como es debido, a los bolsillos de los oligarcas que apoyan el actual gobierno de Kiev.

El FMI ya ha advertido que Ucrania está en recesión y que es posible que necesite una ampliación del préstamo. En la jerga del FMI se trata de “una importante recalibración del programa”. Esto sucederá, según el FMI, si Kiev pierde el control del este y el sur de Ucrania, algo que ya está empezando a suceder.

Ucrania oriental es el corazón industrial del país: tiene el PIB per cápita más alto y es el hogar de las fábricas y minas más importantes del país, sobre todo en la región de Donetsk, que se ha movilizado ampliamente contra los “cambiadores de régimen” neonazis de Kiev. Si persisten los actuales enfrentamientos, es seguro que las exportaciones de la industria y los ingresos fiscales bajarán.

Así que aquí está la receta del FMI para el puñado de oligarcas, algunos de los cuales están financiando a las milicias de Sector Derecho. Siempre y cuando usted se esté enfrentando a una rebelión popular en el este y el sur de Ucrania, no se preocupe: recibirá más dinero del FMI.

Mientras tanto, la escuela diplomática de delincuentes juveniles del gobierno Obama sigue su curso: el plan es conseguir que Moscú “invada”. Los beneficios pueden ser inmensos. Washington destruiría, de una vez por todas, la emergente asociación estratégica entre la Unión Europea (UE), sobre todo Alemania, y Rusia, parte de una alianza más amplia entre Europa y Asia. Además, mantendría permanentemente a Europa bajo sus órdenes e impulsaría la OTAN Robocop después de su humillación en Afganistán.

Vale, no son delincuentes juveniles en absoluto. Pero este brillante plan se olvida de un factor clave: la necesidad de tropas lo bastante competentes y dispuestas a aplicar los designios de Kiev. Los “cambiadores de régimen” disolvieron la Berkut, la policía antidisturbios. Craso error. Son profesionales, ahora están en el paro y, movidos por el rencor, apoyan ampliamente a los ucranianos partidarios del federalismo.

El guión del ministerio de la verdad que ha sido impuesto a todos los medios occidentales insiste en hablar de “separatistas profusos”, cuando en realidad se trata de federalistas ucranianos. No quieren la separación. No quieren unirse a la Federación Rusa. Lo que quieren es una Ucrania federal con regiones fuertes y autónomas.

Washington está rezando —y con el mazo dando— para que la confrontación entre la UE y Rusia por motivo del gas se salga de madre. El gas natural representa el 25 por ciento de las necesidades de la UE hasta 2050. Desde 2011, Rusia es el proveedor más importante, por delante de Noruega y Argelia.

La Comisión Europea (CE), infestada de burócratas, está concentrando sus ataques contra Gazprom en el gasoducto del sur, South Stream, cuya construcción comenzará en junio. La CE insiste en que los acuerdos alcanzados entre Rusia y siete países de la UE infringen las leyes de la UE (¿cómo es que no se dieron cuenta de esto antes?). A la CE le gustaría que el proyecto South Stream se convirtiera en un proyecto europeo y no de Gazprom.

Bueno, eso depende en buena parte de una diplomacia seria y de la política interior de varios estados miembros de la UE. Por ejemplo, Estonia y Lituania dependen completamente de Gazprom. Países como Italia importan más del 80 por ciento de su energía; otros, como Reino Unido, solo el 40 por ciento.

Es como si la UE, de repente, se despertara de su letargo habitual y decidiera que South Stream es un partido de fútbol. Günther Oettinger, comisario de energía de la UE, ha estado vociferando sobre las leyes de la competencia de la UE respecto al “tercer paquete de energía”. Con otras palabras, exigirán a Gazprom que abra South Stream a otros suministradores. Moscú presentó una queja ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La aplicación rigurosa de la ley de la UE recientemente desenterrada es una cosa. Y los hechos son otra. South Stream puede costar 16.000 millones de euros, pero se va a construir, aunque sea con el presupuesto de Rusia.

Por otra parte, solo en 2014, Gazprom ha firmado acuerdos adicionales con socios alemanes, italianos, austríacos y suizos. La italiana ENI y la francesa EDF son socios desde el principio. Alemania, Italia, Bulgaria, Hungría y Austria están profundamente involucrados en South Stream. No es extraño, pues, que ninguno de ellos sea favorable a las sanciones contra Rusia.

En cuanto a un posible movimiento de la UE para buscar nuevas fuentes de abastecimiento, eso es algo que llevaría años. Además, exigiría que la mejor fuente alternativa, Irán, firmara un acuerdo nuclear con el P5+1 este mismo año. Otra posible fuente, Kazajistán, exporta menos de lo que podría y eso seguiría siendo así debido a problemas de infraestructura.

Así que nos encontramos, de nuevo, con la tragedia ucraniana. Moscú no “invadirá”. ¿Para qué? El ajuste estructural del FMI arruinará a Ucrania más que una guerra. La mayoría de los ucranianos podrían terminar pidiendo ayuda a Rusia. Berlín no se va a enfrentar con Rusia. Por tanto, la retórica de Washington sobre “aislar” a Rusia se ha revelado como lo que realmente es: delincuencia juvenil.

Al Imperio del Caos solo le queda rezar para que el caos se extienda por toda Ucrania, absorbiendo así la energía de Rusia. Y todo esto porque el establishment de Washington está aterrorizado con el emergente poder de Eurasia. No una potencia, sino dos: Rusia y China. Peor: estratégicamente alineados. Peor aún: inclinados a integrar Asia y Europa. Así que no dude en imaginarse a una pandilla de malhumorados ancianos de Washington silbando como delincuentes juveniles: “No me gustas. No quiero hablar contigo. Quiero que te mueras”.


Pepe Escobar es corresponsal itinerante de Asia Times (Hong Kong), analista que escribe para RT y TomDispatch, y colaborador de sitios web y radios de EEUU y Asia oriental.

Traducción: Javier Villate