Manipulación informativa sobre Ucrania

Alex Lantier

Fuente: The Ukraine crisis and the political lies of the media, World Socialist Web Site, 28/04/2014

Reuters

Quisiera hacer una aclaración previa. Hay varias cosas que no me gustan de este artículo, empezando por su jerga obrerista y sectaria. Tampoco me complace la apología del golpe de estado bolchevique y de su dictadura.

En otro orden de cosas, quisiera añadir que periodistas del NYT han reconocido que en el este de Ucrania no hay tropas ni efectivos rusos, lo que, ciertamente, avala lo sostenido por el autor del artículo. Sin embargo, nadie ha desmentido que agentes de la CIA estén en Kiev “asesorando” al gobierno golpista.

Por último, aunque el artículo se refiere en exclusiva a los medios de comunicación de EEUU, exactamente lo mismo podría decirse del resto de Occidente y sus medios de comunicación-tergiversación. De ahí su pertinencia. JV

En un momento en que el gobierno Obama y sus aliados europeos intensifican sus amenazas contra Rusia debido a la crisis de Ucrania, los medios de comunicación estadounidenses cumplen con su papel de órganos de propaganda.

Ni una sola voz crítica hemos podido encontrar en los principales medios de comunicación. Los programas de noticias de la radio y la televisión rebosan de mentiras, propaganda antirrusa y —por si acaso la crisis se descontrola— apologías de la guerra.

El New York Times, el “periódico de referencia”, establece el tono general para el resto de los medios. El Times se jacta de tener 12 corresponsales en Ucrania, a pesar de lo cual no ha proporcionado ni un solo reportaje serio sobre lo que está sucediendo. Esto es tanto más importante por las extraordinarias implicaciones de un conflicto serio entre EEUU y Rusia, que podría evolucionar rápidamente hacia la primera guerra de la historia entre potencias nucleares.

En las dos últimas semanas, el Times ha sido cazado en una serie de mentiras. La semana pasada, publicó un destacado artículo en primera plana repleto de fotografías que le entregó el Departamento de Estado y el gobierno de Kiev, las cuales pretendían mostrar que las fuerzas especiales rusas estaban dirigiendo las protestas en el este de Ucrania.

El artículo en cuestión fue rápidamente desenmascarado como un fraude, a lo que contribuyó WSWS. Fue suficiente realizar una búsqueda en internet para poner al descubierto las supuestas pruebas como algo adulterado o inventado. Los subsiguientes reconocimientos de la “controversia” sobre las fotografías —ejercicios de control de daños y encubrimiento— han sido enterrados en las páginas interiores del periódico.

En lugar de aprender de estos hechos, el Times siguió adelante con otra misión del Departamento de Estado: un artículo de primera página que se publicó ayer en el que se dice que el presidente ruso Vladimir Putin tiene una fortuna secreta de entre 40.000 y 70.000 millones de dólares. El Times reconoce, en el mismo artículo, que estas afirmaciones solo son “rumores y especulaciones” con “escasas o nulas evidencias”. Pero eso no le impidió tratar de legitimar el chisme elevándolo a la categoría de una “noticia” en primera página.

En las páginas interiores del periódico hay columnas de varios comentaristas, en las que se reflejan las cavilaciones, generalmente estúpidas, de uno u otro sector del gobierno. El domingo fue el turno de Thomas Friedman, quien apoyó de manera infame la guerra contra Irak de 2003 y alardeó de que no tenía “ningún problema con una guerra por el petróleo”.

Pretendiendo explicar la crisis ucraniana a los lectores del Times, Friedman escribe: “En pocas palabras, una mayoría de los ucranianos ha montado en cólera ante el juego que se les ha impuesto: servir de actores secundarios en la esfera de influencia de Putin con el fin de que Rusia pueda seguir aparentando ser una gran potencia […] Tras una revolución realizada desde abajo en Maidan […] los ucranianos están afirmando su propia esfera de influencia, su deseo de formar parte de la Unión Europea”.

Friedman no menciona que el gobierno de Kiev, que él glorifica por librar una lucha en defensa de la libertad individual, es un régimen títere impuesto y que la “revolución desde abajo” fue dirigida por fascistas aliados con EEUU y Alemania.

El artículo no habla de la historia, las fuerzas sociales y políticas, los planes geopolíticos, empezando por los de EEUU. En su lugar, tenemos a otro líder extranjero presentado como encarnación del mal y señalado como enemigo a batir por EEUU.

El poderoso vínculo que unió a Ucrania y Rusia a partir de la revolución bolchevique de 1917, que derrocó al zarismo y abrió las puertas a la liberación de las masas oprimidas, la lucha heroica del Ejército Rojo para liberar a Ucrania de las garras asesinas de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, las catastróficas consecuencias de la disolución de la Unión Soviética, el acto final en la traición estalinista de la Revolución de Octubre, todos estos temas son un libro cerrado para este lacayo ignorante y complaciente, pero espléndidamente pagado, de la clase dominante de Estados Unidos.

El tratamiento dado por el Times es seguido por todos los periódicos y canales de televisión más importantes del país. Si uno se informa a través de estos medios, nunca sabría que el nuevo gobierno de Kiev incluye a miembros del partido antisemita Svoboda, que fue condenado en una votación de 2012 en el parlamento europeo. Tampoco sabría que la milicia Sector Derecho y el partido Svoboda glorifican a Stepan Bandera, colaborador de los nazis, cuya Organización de Nacionalistas Ucranianos participó en el holocausto de los judíos ucranianos.

El hecho de que EEUU haya apoyado enérgicamente la represión en el este de Ucrania —como muestra la visita del director de la CIA John Brennan a Kiev— queda sumido en la oscuridad. La conversación telefónica filtrada entre la secretaria adjunta del Departamento de Estado Victoria Nuland y el embajador de EEUU en Ucrania Geoffrey Pyatt antes del golpe, en la que discuten a quién instalar como primer ministro de Ucrania, no se menciona.

Los medios de comunicación ocultan las flagrantes contradicciones que existen en la presentación oficial de la crisis de Ucrania. Antes de la guerra de EEUU contra Irak de 2003, Washington denunció al presidente iraquí Sadam Husein por “asesinar a su propia gente”. El imperialismo estadounidense atacó a Libia en 2011 y argumentó que tenía que impedir la inminente masacre de rebeldes en Bengasi por parte de Gadafi. El gobierno Obama declaró que el presidente sirio Bachar al-Asad debía ser expulsado porque lanzó a su policía y su ejército contra los manifestantes. El argumento oficial para apoyar el golpe de estado contra el presidente electo ucraniano, Víctor Yanukovich, fue que este había destruido la legitimidad de su gobierno al atacar a los manifestantes de Maidan.

Pero ahora Washington está restallando el látigo y está exigiendo que sus marionetas de Kiev sigan adelante con su trabajo y ahoguen en sangre el levantamiento del este. Al mismo tiempo, califica como un crimen contra la civilización las advertencias rusas de que intervendrán para proteger a los ucranianos rusófonos de la violencia del estado si fuera necesario.

Los medios de comunicación de EEUU han registrado una degeneración prolongada. Durante la guerra de Vietnam, las voces críticas existentes dentro de los medios jugaron un papel importante en poner al descubierto la brutal realidad de la guerra. En 1971, la publicación de los “papeles del Pentágono” por el Times y el Washington Post ayudó a descubrir las mentiras utilizadas para llevar al pueblo estadounidense a la guerra en el Sudeste Asiático.

La clase dominante decidió que eso no volvería a suceder. El ejército y los servicios de inteligencia tomaron rápidamente las riendas de los medios controlados por las grandes corporaciones. Estos abandonaron toda pretensión de independencia con respecto al estado. Los medios han jugado un papel creciente en cada nueva intervención militar: la primera guerra de Irak, el desmantelamiento de Yugoslavia, la guerra “humanitaria” contra Serbia.

El último clavo en el ataúd de algo remotamente parecido a un medio independiente llegó con el 11-S y la “guerra contra el terror”, tal como quedó demostrado con los periodistas “empotrados” en las invasiones de Afganistán e Irak y su descarada propaganda en apoyo de las guerras para promover un cambio de régimen en Libia y Siria.

Los periódicos más importantes en la actualidad reconocen que pasan sus artículos a través de canales gubernamentales antes de su publicación, una práctica que, en otros contextos, se llama censura estatal. Estos medios, además, colaboran con la caza de brujas de denunciantes como Edward Snowden y Julian Assange.

El hecho de que toda la política exterior de la elite financiera-empresarial sea erigida sobre mentiras que no resisten el mínimo análisis crítico es una señal no de fortaleza, sino de debilidad. Un gran abismo separa a la clase trabajadora de los belicistas de la clase dominante estadounidense y sus lacayos de los medios.

La oposición vendrá desde el exterior de toda esta corrupta estructura. Se centrará en la clase trabajadora. Una tarea importante de un movimiento obrero independiente contra la guerra consistirá en exigir que los propagandistas de las guerras que dominan los medios rindan cuentas ante los ciudadanos.

Traducción: Javier Villate