¿Disolverá Abas la Autoridad Palestina?

Daud Kutab

Fuente: Abbas unlikely to dissolve Palestinian Authority, Al-Monitor, 22/04/2014

Manifestación de palestinos mientras un discurso del presidente Mahmud Abas es proyectado en una pantalla gigante, 29/11/2012. (REUTERS / Mohamed Tookman).

Los palestinos escépticos con el proceso de Oslo han estado criticando durante años que este solo ha servido para aliviar las responsabilidades de Israel como potencia ocupante, en lugar de dar paso a un estado palestino independiente y soberano. Esto ha ido acompañado de reiterados llamamientos a la disolución de la Autoridad Palestina (AP), creada por los acuerdos de Oslo.

Algunos pensaron que, con la AP, se capacitaría a la población y esta podría ejercer un cierto nivel de autodeterminación, logros ambos que harían de puente hacia una independencia total. El reconocimiento de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que antes de Oslo había sido considerada una organización terrorista, y el retorno de los líderes palestinos y sus familias fueron vistos por muchos como una implementación parcial del derecho al retorno.

Para Israel, el proceso de Oslo supuso un importante alivio para sus fuerzas de ocupación, al liberarlas de tener que responsabilizarse de las populosas ciudades palestinas. La división del territorio palestino controlado en áreas A, B y C fue tolerado en el marco de un plan temporal de cinco años de duración. Extenderlo a más de 20 años nunca formó parte del acuerdo original firmado en la Casa Blanca en 1993.

Algunos argumentan que el proceso se mantuvo en marcha hasta que un judío radical asesinó al primer ministro israelí Isaac Rabin en 1995. Otros culpan a los palestinos por no haber sido capaces de detener los atentados suicidas de Hamas y a Yasir Arafat, en particular, por haber alentado indirectamente, o rehusado oponerse a, la erupción de la segunda intifada en el invierno de 2000, tras el fracaso de la reunión de Camp David II.

Los palestinos fueron engañados con el señuelo de un estado: un equipo olímpico portando la bandera palestina, un presidente y un parlamento, sellos postales, matrículas de vehículos, un himno nacional, ministerios de un gobierno, una guardia presidencial y, por supuesto solo para algunos, documentos VIP que les permitía salir de Palestina y viajar sin tener que esperar en la cola como el resto de los palestinos. Sin embargo, los palestinos pagaron un precio por la mayor parte de estos señuelos.

Tener matrículas de vehículos propias significaba tener que esperar en largas colas en los puestos de control israelíes cuando los palestinos se dirigían a Jerusalén o a cualquier otra parte de Israel. Mientras tanto, los colonos judíos, utilizando carreteras de uso exclusivo para los israelíes y pasando a toda velocidad por puestos de control propios, solo eran retenidos en raras ocasiones. Tener un presidente, un parlamento y un gobierno, sin ser un estado plenamente soberano, significaba que la AP tenía que cobrar impuestos para financiar el funcionamiento del gobierno y pagar a los funcionarios. Una parte importante del presupuesto iba al enorme aparato de seguridad, cuyo propósito es proteger a Israel, como condición no escrita para que el presidente permanezca en el poder y para que él y sus colegas disfruten de permisos VIP para viajar.

Tener un parlamento sin disolver la administración civil israelí significaba que los palestinos vivían bajo dos conjuntos de leyes: el sistema legal palestino y las leyes de los ocupantes israelíes. Eventualmente, incluso las codiciadas tarjetas VIP de los miembros del gobierno palestino, que estaban realmente contempladas en los acuerdos de Oslo (apéndice 5, sección F), se convirtieron en una carga, ya que los políticos de alto nivel, si no acataban las normas israelíes, eran rápidamente despojados de sus privilegios para viajar.

Aunque la idea de arrojar la toalla tiene una lógica sólida, hay fuerzas poderosas que dependen de que el gobierno siga rigiendo las vidas de 2,5 millones de palestinos. Personas de negocios, funcionarios, contratistas e incluso el palestino medio sufrirán a corto plazo si el gobierno de la AP es disuelto y reemplazado por la autoridad militar israelí.

Aunque entregar las llaves de la gestión de la ocupación a la ONU o a Israel podría tener el apoyo de los palestinos, es algo a lo que se oponen EEUU e Israel, pues ambos saben que esto les expondría de forma mucho más visible como los ocupantes que son. Las declaraciones de los palestinos en el sentido de que la disolución de la AP es realmente una opción para ellos se han apaciguado rápidamente. Fuentes del gobierno palestino de Ramala han dicho a Al-Monitor que la presidencia fue regañada por Washington y que se dijo a los colegas del presidente Mahmud Abas que descartaran la idea antes de que ganara popularidad entre los palestinos.

Hablar de la disolución de la AP fortalecerá, seguramente, a los líderes palestinos y mostrará que no son marionetas en manos de EEUU o Israel. El repentino silencio después del alboroto inicial muestra, sin embargo, que esta decisión radical no es nada fácil y requeriría mucha más preparación y planificación. La ausencia de alternativas claras para determinar el futuro del pueblo palestino no es algo que deba ser desestimado como una especie de juego político.

Si los dirigentes palestinos son serios con esta táctica, tienen que trabajar mucho para preparar a la gente y dar pasos concretos para protegerla de las consecuencias adversas que un movimiento tan audaz tendría.


Daud Kutab es un columnista de Al-Monitor y periodista palestino. Fue profesor de periodismo en la universidad de Princeton y actualmente es director general de la Red de Medios Comunitarios, una ONG dedicada a promocionar medios independientes en el mundo árabe. En twitter: @daoudkuttab.

Traducción: Javier Villate