La lucha por la libertad de ‘los cinco de Hares’ continúa

Movimiento de Solidaridad Internacional, equipo de Nablus

Fuente: The fight for the freedom of the 5 Hares Boys continues, 6/04/2014

En una conversación con Niemeh y Yasin Shamlawi en su casa de Hares, nos enteramos del viaje traumático que han tenido que soportar, pero también de los denodados esfuerzos que han hecho para desarrollar una campaña por la libertad de su hijo desde que fue detenido, en medio de la noche, el 17 de marzo de 2013.

El 14 de marzo, un colono del asentamiento ilegal de Yakir estrelló su coche, con sus tres hijas dentro, en la calle principal del pueblo, resultando todos ellos heridos. A pesar de que el horrible suceso parecía ser un desafortunado accidente, en los días siguientes fueron arrestados 13 chicos de Hares. Finalmente, cinco de ellos fueron acusados de intento de asesinato por haber arrojado piedras contra el coche.

La madre de Alí recuerda la noche en que un grupo de 25 soldados israelíes se lo llevaron, después de abrir la puerta por la fuerza. Fueron de habitación en habitación despertando a todo el mundo antes de capturar a Alí y de decir a sus padres que buscaran sus zapatos. Antes de que se fueran, uno de los soldados dijo a Alí que les diera “un beso de despedida a sus padres”. Pero su madre le dijo que no era necesario, ya que se volverían a ver en unos pocos días.

Después de que haya transcurrido un año, Alí y los otros cuatro chicos, Tamer Suf, Amer Suf, Mohamed Suleiman y Mohamed Kleib, siguen encarcelados. Preguntamos a Niemeh y Yasin por qué creían que el ejército israelí había sido tan duro con los chicos. Ambos se encogieron de hombros, mostrando su desconcierto por la condena de 25 años de cárcel a que han sentenciado a su hijo, que tenía 16 años cuando le detuvieron.

“Nadie vio a nadie tirar piedras”, dice Niemeh una y otra vez durante nuestra visita. Ciertamente, la falta de pruebas es alucinante. Inicialmente, nadie dijo que se hubieran tirado piedras. El primer examen que la policía del asentamiento ilegal hizo del coche no proporcionó ninguna evidencia de que se hubieran arrojado piedras. Pero un examen posterior, realizado dos días más tarde, encontró una piedra en el vehículo. El tribunal, como suele ser costumbre en la gran mayoría de los casos contra personas palestinas, no llamó a ningún testigo palestino. En cambio, citaron a una mujer israelí que en ese momento conducía por el lugar y a un conductor de un camión, que también transitaba por las proximidades. Ninguno de los dos pudo decir que vieran a alguien tirar piedras.

La conversación pasó a centrarse en Alí y en cómo está afrontando su estancia en la cárcel de Megido. “No para de llorar cuando vamos a verle, pues echa de menos a su familia, sus amigos y la escuela”, nos dice Niemeh. Aunque los cinco “chicos de Hares” suelen verse con bastante regularidad en la prisión, esto no es de mucho consuelo ya que se encuentran en una cárcel para adultos y no pueden hacer llamadas telefónicas ni recibirlas. Sus padres solo pueden visitarles dos veces al mes. Solo ellos pueden ir a verles, según el sistema israelí de concesión de permisos de visitas. Esto significa que Alí no ha podido hablar con sus hermanos, hermanas, otros familiares y amigos desde que fue repentinamente arrestado.

Las autoridades israelíes proporcionan muy poco equipamiento a los presos, por lo que, cada vez que los visitan, los padres les llevan ropa de cama, libros y ropa de vestir. Por otro lado, Alí y los otros chicos solo reciben dos horas de clases a la semana y solo de árabe y matemáticas. No hay ninguna posibilidad de obtener calificaciones formales de estos escasos estudios, justo a una edad en que los chicos deberían estar trabajando duro en la escuela con el fin de empezar a decidir qué quieren hacer con sus vidas. Esta es una de tantas privaciones que las autoridades israelíes han impuesto a los adolescentes presos, además de la privación de libertad.

Las visitas que los padres de Alí hacen a su hijo no son en absoluto algo sencillo, a pesar de contar con los permisos necesarios. Salen de Hares hacia las 6:30 de la mañana, viajan hasta Nablus, donde cogen un autobús a Kalkilia. Allí tienen que pasar por un control militar para entrar en Israel. La espera en este puesto de control suele durar unas dos horas, pues la cola es muy larga y hay muy poco personal de fronteras. Yasin y Niemeh llegan a la prisión hacia las 11:00 horas, pero allí tienen que esperar dos horas más antes de poder ver a su hijo… durante 45 minutos. Además, el encuentro tiene lugar a través de un cristal y de un teléfono. “No puedo tocarle”, dice Niemeh moviendo su cabeza con tristeza.

Los viajes al tribunal militar de Salem son quizá más difíciles que las visitas a la cárcel, tanto para los padres como para los familiares y amigos que tienen permiso para asistir al juicio. Consisten en llegar a la corte a las 9:00 horas, donde tienen que esperar, junto a decenas de otros familiares de otros palestinos acusados, antes de que, finalmente, autoricen la entrada a la sala de audiencias solo a dos personas. La madre de Alí intenta desesperadamente hablar con él cara a cara, pero los agentes de seguridad israelíes solo le dejan acercarse a tres metros de su hijo, solo durante un minuto y, a veces, interponiéndose entre ambos para que no se vean. Como en tantos otros juicios de palestinos acusados de crímenes por el ejército israelí, la tendencia es al aplazamiento continuo de las audiencias, de ahí que Alí y los otros chicos de Hares hayan tenido que esperar su juicio durante más de un año.

El último aplazamiento ha supuesto que la próxima audiencia tendrá lugar el 10 de abril.

Sin embargo, a pesar de esto, es admirable la forma en que la familia de Alí y las de los otros chicos de Hares se han organizado y luchado por la justicia. Con el apoyo de organizaciones como el Servicio Internacional de Mujeres por la Paz (IWPS, por sus siglas en inglés) y Defence for Children International (DCI), se ha organizado una campaña que está presionando al sistema judicial israelí. Las familias se reúnen regularmente, se apoyan mutuamente y la Autoridad Palestina les ha ofrecido unos abogados. Pero el hecho de que los chicos sigan en prisión y estén acusados de cargos tan brutales demuestra que es preciso hacer mucho más.

Cuando le preguntamos a la familia qué podía hacer la gente en sus propios países, la respuesta fue muy clara. Niemeh dijo que presionar a los embajadores de otros países para que asistan a las audiencias fue un paso muy importante para compartir la historia y conseguir que la gente comprenda la situación de Alí y los otros chicos. Por tanto, informar(se) del caso y discutirlo con personas que no lo conocen es algo crucial. Además, necesitan ayuda económica. En estos momentos, solo los padres de Alí necesitan 1.457,41 euros para cubrir los gastos legales (puedes hacer un donativo aquí).

Como activistas que apoyamos la lucha palestina contra la ocupación, creemos que es nuestro deber apoyar la campaña por la libertad de “los cinco de Hares”. Quien crea en los derechos humanos universales y en la justicia debe apoyar plenamente a esos chicos y a sus familias.

Traducción: Javier Villate

One thought on “La lucha por la libertad de ‘los cinco de Hares’ continúa

  1. Reblogueó esto en Palestina en el corazóny comentado:
    En marzo se cumplió un año de la prisión de los cinco chicos de Hares, sobre los que escribí hace meses en mi blog (“Los chicos de Hares pueden pasar el resto de sus vidas en la cárcel”). Javier Villate tradujo el artículo publicado en inglés por mis colegas del International Solidarity Movement (equipo de Nablus), que a su vez recoge la principal información sobre el caso publicada en el blog de la campaña por su libertad: http://haresboys.wordpress.com

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