La crisis que fabricó Israel

Kourosh Ziabari

Fuente: The Crisis That Israel Manufactured, Information Clearing House, 21/03/2014

El representante de la minoría judía en el parlamento iraní (Majlis) ha ofrecido recientemente una extensa entrevista a una de las agencias de noticias iraníes y ha expuesto sus diferentes puntos de vista sobre el régimen israelí y la forma en que la comunidad judía de Irán ve a la entidad que proclama representar a la judería mundial.

Según Siamak Mareh Sedq, en su entrevista con la agencia de noticias Fars, Tel Aviv necesita crear crisis en Oriente Medio con el fin de sobrevivir. “Si Israel no se enfrentara a ninguna amenaza, se destruiría en un mes. Israel necesita crisis [regionales] para poder seguir existiendo”, dijo.

Este sabio y conciso análisis es exactamente lo que dicen también los comentaristas, intelectuales y periodistas de Occidente que se atreven a criticar las políticas y prácticas del régimen israelí, sin temor a perder sus puestos de trabajo o ser injuriados como “antisemitas”. Esto es algo que incluso los israelíes saben muy bien y confiesan en privado. Un político israelí que prefirió mantener el anonimato dijo en privado en una ocasión al presidente del Consejo Nacional Iraní Americano Trita Parsi: “Tienes que reconocer que los israelíes necesitamos una amenaza existencial. Eso forma parte de nuestra visión del mundo. Si encontramos más de una, mejor, pero necesitamos al menos una”.

El hecho de que Israel necesite una amenaza existencial seria para asegurar su supervivencia y que dependa de crisis regionales para garantizar que su existencia no será puesta en peligro y, así, poder seguir avanzando en sus proyectos y ambiciones coloniales y expansionistas no es algo misterioso para quienes estudian la historia de este régimen.

Israel siempre se ha llevado mal con sus vecinos y así lo ha buscado deliberadamente, a pesar de que algunos de ellos, para camelar a EEUU y conseguir algunas ventajas, han dicho reconocer su existencia y no tener problemas con el estado judío. Desde su creación, Israel ha estado librando guerras continuamente o creando problemas a otros. Lamentablemente, aquellos que han trabajo codo con codo con EEUU, Gran Bretaña, Canadá y otros para establecer una tierra para los apátridas en 1948 están ahora comprendiendo que su magnum opus se ha convertido en un régimen sin ley, autoritario, racista y apartheid, que no tiene problemas con ir más allá de los límites continentales y lanzar bombas en un país situado a 2.060 kilómetros de distancia: Túnez, en la Operación Pata de Palo, 1 de octubre de 1985.

Pero lo que quiero abordar hoy no son los ataques ilegítimos e ilegales de Israel contra Jordania, Egipto y Siria en 1967 o el bombardeo del reactor nuclear de Osirak, en Irak, en 1981, aunque todos esos acontecimientos necesitan ser investigados como crisis que Israel ha creado hábilmente con el propósito de consolidar su posición en Oriente Medio y asegurar su frágil supervivencia mediante el uso de la fuerza militar. Pero sí quiero referirme a la crisis que Israel fabricó hace aproximadamente una década con el fin de que la comunidad internacional esté ocupada en tratar con los diferentes aspectos de la misma hasta encontrar una solución. Mientras tanto, Israel puede seguir construyendo más asentamientos, matando o encarcelando a más palestinos y fortificando el castillo de su monopolio nuclear en Oriente Medio.

La crisis que Israel fabricó fue la del programa nuclear iraní. Este es el tema que el destacado periodista de investigación e historiador estadounidense Gareth Porter ha desarrollado habilidosamente en su reciente libro Manufactured Crisis: The Untold Story of the Iran Nuclear Scare. Aunque Gareth Porter no está de acuerdo conmigo en todos los puntos que he mencionado, en general arroja luz sobre “cómo Israel y el gobierno de George W. Bush consiguieron presentar las diferentes acciones emprendidas por los países occidentales y la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) como respuestas a una larga historia de actividad secreta iraní dirigida a militarizar su programa nuclear”.

Este penetrante libro, que es el resultado de seis años de intensa investigación de Gareth Porter sobre el punto muerto al que ha llegado la cuestión nuclear iraní y los desarrollos de la política exterior de Teherán, trata de mostrar que el programa nuclear civil de Irán ha sido utilizado por EEUU e Israel como un pretexto para presionar a ese país y extinguir sus progresos tecnológicos y políticos. Porter dice que la AIEA utilizó, para sus alegaciones y acusaciones contra Irán, documentos que le fueron proporcionados directamente por Israel o a través del grupo terrorista Muyahidines del Pueblo (Mujahedin-e-Khalk o MEK, por sus siglas en inglés). Esta organización ha sido recientemente eliminada de la lista de bandas terroristas extranjeras del Departamento de Estado de EEUU, en un intento de otorgar protección política a este miserable y execrable grupo de traidores y asesinos en serie que tiene en Tel Aviv a uno de sus principales benefactores y patrocinadores.

El libro ofrece evidencias fiables y confirmables que muestran que Israel fue uno de los culpables que estuvieron detrás de la complicación del dossier nuclear de Irán, incluyendo documentos y pruebas falsas y presentándolas a la AIEA.

Publicado por Just World Books, el libro de Porter es de lectura obligada y ha sido elogiado por diversas personalidades, como el director de cine Oliver Stone, el periodista de investigación Seymour Hersh, el experto en Oriente Medio Juan Cole y el exembajador estadounidense en Arabia Saudí Charles W. Freeman.

El libro de Porter me llevó a pensar en la crisis que ha sido fabricada de la forma más perversa por Israel y sus patrones, y que ha sido la causa de años de enemistad y amargura entre Irán y Occidente, en particular Estados Unidos. La controversia creada entorno al programa nuclear de Irán se remonta al momento en que el consejo de gobernadores de la AIEA, bajo la presión de EEUU, votó en 2006 remitir la documentación sobre el programa nuclear de Irán al Consejo de Seguridad de la ONU. A partir de ese momento se iniciaron las sanciones económicas contra Irán. Estas sanciones, inhumanas, ilegales e injustificadas, han creado dificultades de todo tipo para los ciudadanos iraníes ordinarios, incluyendo a los pacientes que padecen enfermedades crónicas y que, por ello, necesitan equipos médicos y productos farmacéuticos importados del extranjero.

La “crisis fabricada” no solo afectó negativamente al comercio iraní con EEUU y la Unión Europea, sino que también impuso costes a las firmas europeas, que sufrieron importantes perjuicios como resultado de la disminución de sus negocios con Irán. Hay, además, datos creíbles que muestran que, en países como Alemania y Francia, miles de personas perdieron sus empleos debido a las consecuencias directas o indirectas de las sanciones económicas. Las sanciones, que fueron promovidas y jaleadas por Tel Aviv, también causaron graves irregularidades en el sistema financiero internacional y dieron lugar a resultados desastrosos para la economía global.

Sin embargo, tras casi una década de disputas y trifulcas, Irán y las seis potencias mundiales se han sentado, de nuevo, en la mesa de negociaciones. El primer resultado de estas nuevas e intensas negociaciones se hizo patente el 24 de noviembre de 2013, cuando llegaron a un acuerdo provisional en Ginebra, conocido como “Plan de Acción Conjunto”. Según este plan, Irán limitará ciertas partes de sus actividades nucleares y obtendrá, a cambio, una suavización de partes importantes de las sanciones. Esto es lo que ha dado al traste con los esfuerzos de Israel, mantenidos durante más de una década, para obstaculizar las relaciones de Irán con el resto del mundo y empantanarlas en un punto muerto sobre su programa nuclear.

Desde que se reiniciaron en Viena las negociaciones para un acuerdo exhaustivo y final entre Irán y el P5+1 (el grupo de los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania), Israel se encuentra en una posición incómoda, que le será muy costosa si las conversaciones producen resultados sustantivos y exitosos.

Israel ha estado maniobrando para frustrar los esfuerzos de Irán y la comunidad internacional para resolver la crisis, y esa es la razón por la que el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha calificado al acuerdo de Ginebra como un “error histórico” y el “negocio del siglo” para Irán.

El hecho de que el expediente nuclear de Irán fuera entregado al consejo de seguridad de la AIEA, que el Consejo de Seguridad decidiera imponer cuatro rondas de sanciones a Irán en sus ocho resoluciones sobre el programa nuclear iraní y, también, el hecho de que, en los últimos diez años, EEUU haya pasado por enormes dificultades para mantener a Irán bajo grandes presiones económicas y políticas, todo ello indica que Israel fue contentado y, de alguna forma, aliviado cuando veía que sus planes para fabricar una nueva crisis en la región daban sus frutos. Nadie puede poner en duda que Israel jugó un papel central en la crisis nuclear de Irán.

Sin embargo, el nuevo giro que han tomado las relaciones de Irán con la comunidad internacional y la posibilidad de un acuerdo final entre Irán y el P5+1 (EEUU, Gran Bretaña, Francia, Rusia, China y Alemania) suenan en Israel como una elegía y un canto fúnebre extremadamente doloroso.

Aunque Israel depende de la crisis regional para seguir subsistiendo, la resolución de una de las crisis que ha fabricado diligentemente no será un signo prometedor para aquellos que en Tel Aviv piensan en nuevas formas para prolongar la vida útil del régimen del apartheid.


Kourosh Ziabari es periodista y escritor iraní. Puedes visitar su sitio web en kouroshziabari.com

Traducción: Javier Villate