Quién controla qué en Siria

Josie Ensor

Fuente: Syria conflict anniversary: who controls what, The Telegraph, 14/03/2014

Hubo un breve momento, cuando el ejército rebelde rápidamente formado atacó Alepo en 2012, que los observadores extranjeros predijeron la caída del presidente Bachar Al Asad.

Por muy comprometidos que estuvieran con la caída del régimen, no lo lograron, y después de tres años de guerra civil, Asad —con la layada de sus aliados en Rusia e Irán— sigue firme en el poder.

Han muerto nada menos que 140.000 personas y millones han tenido que abandonar sus casas. Siria está ahora dividida, con grandes áreas del país controladas por una serie de grupos rebeldes rivales.

El conflicto se inició hace tres años, cuando algunos opositores tomaron las armas, primero para defenderse y luego para expulsar a las fuerzas de seguridad de sus localidades.

El país se sumergió rápidamente en una guerra civil cuando grupos rebeldes armados se enfrentaron con las fuerzas del gobierno.

Muchas partes del país están ahora controladas por un mosaico de fuerzas gubernamentales, rebeldes, kurdas y yihadistas. Estas últimas, a su vez, están divididas en una miríada de grupos diferentes.

En su mayor parte, las zonas controladas reflejan la composición étnica del país, que es una realidad desde hace décadas.

La ciudad portuaria de Latakia, lugar de nacimiento de Asad, está habitada mayoritariamente por alauíes y está controlada por el gobierno, con la ayuda de las milicias locales progubernamentales o shabiha (que significa “fantasmas”).

Otros bastiones del régimen, situados a lo largo de la frontera con Líbano, están protegidos por combatientes de Hizbulá, un grupo armado libanés formado por chiíes y que está financiado y apoyado por Damasco.

Los kurdos, que representan alrededor del 15 por ciento de la población siria, han declarado recientemente su autonomía y han extendido su control en el noreste, donde están estableciendo su propia administración.

Oprimidos desde hace mucho tiempo por el gobierno, los kurdos han sido abandonados por las fuerzas del régimen, que están luchando con los rebeldes en otras partes.

Algunas personas recorren una calle prácticamente destruida de Deir Ezor, en el noreste del país.

Si la oposición fue, al principio, una fuerza moderada y fundamentalmente laica, agrupada bajo la bandera del Ejército Sirio Libre, ahora se encuentra fuertemente dividida.

En los dos últimos años, han emergido grupos como Yabat Al Nusra y el Estado Islámico de Irak y Al Sham (ISIS, por sus siglas en inglés), este último compuesto mayoritariamente por combatientes extranjeros y considerados muy extremistas incluso por Al Qaeda.

Estos dos grupos han sido calificados como organizaciones terroristas por la ONU y no han estado representados en las conversaciones de paz de Ginebra celebradas a comienzos de año. Su objetivo es derrocar a Asad e instalar un estado panislámico basado en la sharia.

El conflicto se ha vuelto más complejo que un mero enfrentamiento entre dos bandos y, de hecho, los grupos opositores moderados e islamistas están luchando entre sí por el control de ciertas áreas.

Las ciudades estratégicas de Alepo, Damasco y Homs han sido escenarios de intensas batallas, y una tercera parte de todas las víctimas mortales de la guerra se han producido en estas tres ciudades.

Yarmuk, que ha sido el hogar de cientos de miles de palestinos refugiados y nacionales sirios, es ahora uno de los distritos situados en el perímetro de Damasco que el ejército ha rodeado para sofocar a las fuerzas rebeldes que se encuentran allí.

Ahora solo permanecen en Yarmuk unas 20.000 personas, que viven bajo un asedio continuo desde finales de 2012 y que se ha intensificado desde julio del año pasado, cuando combatientes de Al Nusra e ISIS, que se habían desplazado a ese distrito, se enfrentaron con el ejército.

Residentes del sitiado campo de refugiados palestinos de Yarmuk hacen cola para recibir comida.

Amnistía Internacional ha acusado a las fuerzas del régimen de perpetrar crímenes de guerra en este asedio, donde ya han muerto de hambre centenares de personas y no se permite la entrada de las agencias de socorro.


Josie Ensor es periodista del The Telegraph. Anteriormente trabajó para el Daily Star de Beirut.

Traducción: Javier Villate

Nota del traductor: En algunas ocasiones, algunos lectores me han identificado sorprendentemente con las opiniones que se expresan en los artículos que traduzco. Las opiniones de dichos artículos son de sus autores, como es evidente. Los artículos que traduzco no reflejan mis opiniones (algo especialmente cierto en este caso), pero los considero de interés, por una u otra razón, para promover la reflexión y aportar más información.