¿Funciona la resistencia popular pacífica en Gaza?

Ahmed Abu R’tema

Fuente: Does popular peaceful resistance work for Gaza?, Middle East Monitor, 10/03/2014

El éxito relativo de la resistencia armada frente a la ocupación israelí de la Franja de Gaza ha llevado a muchas personas a creer que todas las otras formas de resistencia son inútiles. Algunas han llegado a creer que los combatientes de la “verdadera” resistencia actúan clandestinamente y evitan a los medios de comunicación porque están demasiado ocupados fabricando armas y cavando túneles; un misil, dicen de forma arrogante, vale más que mil palabras.

Este enfoque nos está llevando hacia una sociedad militarista. Ha desalentado los aspectos creativos de la lucha, dirigidos a presionar a los ocupantes, y ha reducido todos los esfuerzos a los preparativos militares. Esto, a su vez, ha creado una actitud negativa entre la gente, pues la misma naturaleza de la lucha armada clandestina hace que esta sea una actividad elitista llevada a cabo en secreto. Estar ocultos a la vista de la gente significa permanecer al margen de la conciencia pública, pues la gente se concentra en sus vidas cotidianas y permanece ajena a la resistencia armada. Cuando no hay actividades armadas contra el enemigo, los intereses nacionales dejan de ser una prioridad para la gente.

Desde un punto de vista moral, la ausencia de enfrentamientos abiertos con los israelíes y la escasa información sobre la verdadera naturaleza de la lucha en los medios de comunicación tienen consecuencias negativas en la psicología de los combatientes. Estos pierden de vista la lucha contra la injusticia y empiezan a creer que luchan meramente por luchar. El gran compañero del Profeta (la paz sea con él), Jaled Ben Al-Walid (que Alá esté complacido con él) observó este hecho psicológico cuando sostuvo el Corán en su mano y gritó: “Hemos estado demasiado ocupados con la Guerra Santa y no hemos leído el Corán”. El profundo significado de esto es que el militarismo conduce, necesariamente, a una reducción de las preocupaciones humanitarias y cuando hablamos de una causa justa como la de los palestinos, no estamos interesados en un combatiente profesional, sino en un combatiente que es, ante todo, un ser humano.

Muchos podrían decir que los combatientes no necesitan un estímulo moral y que ya saben todo lo que necesitan para actuar. Sin embargo, las informaciones diarias sobre las violaciones de los israelíes contra la mezquita de Al-Aqsa y contra los palestinos que tienen prisioneros, así como las noticias sobre asesinatos y destrucciones, se convierten en algo “normal” con el tiempo. Es por eso que la acción es esencial para mantener a los combatientes en un elevado estado de alerta, a fin de que se fortalezcan en su convicción de que están luchando por una causa justa contra un enemigo brutal que nos ha impuesto una ocupación colonial.

Esta dimensión moral de la resistencia popular es importante para poder ganar nuestra batalla mediática a nivel internacional, así como para ganar más simpatizantes en todo el mundo que, a su vez, presionen sobre los políticos de sus propios países. Limitar la resistencia a los enfrentamientos armados hace que la gente piense que la confrontación es entre dos ejércitos iguales. En ese escenario, aunque ganáramos, sería una victoria militar sin ninguna dimensión humanitaria o moral, e Israel tendría entonces el derecho a “responder” con todo su poderío militar. Una victoria meramente militar no otorga una legitimidad moral a menos que podamos convencer a la gente que tenemos una causa moral y que nos enfrentamos a un estado canalla. Solo podemos convencer al mundo de que las cosas son así empleando métodos de resistencia popular acumulativa, que utilicen los medios de comunicación y los medios populares, legales y económicos con el fin de presionar al enemigo y ganar apoyos para nuestra causa.

La resistencia popular tiene la ventaja de poder crear más entusiasmo en la gente, pues consigue que más personas participen en la lucha y se mantenga su legitimidad ante los ojos de los medios. Esto no solo molesta a los israelíes, sino que, además, erosiona el mito de que están inmersos en una guerra existencial contra un enemigo bien armado. Israel puede enfrentarse con nosotros en el campo de batalla y ganar, pero no puede derrotarnos en el terreno moral, pues la narrativa israelí es débil en términos de legalidad y justicia.

Con enfrentamientos esporádicos, se desperdicia mucho tiempo entre una acción y la siguiente, tiempo que la resistencia popular podría llenar. La militarización del conflicto ha cambiado la naturaleza del mismo: este ha pasado de ser un levantamiento (intifada) diario, que afectó drásticamente a la estabilidad de las autoridades de la ocupación, las mantuvo en situación de alerta militar y creó una situación política, social y económica anormal, a ser una serie de breves e intensas escaladas de violencia. Los largos periodos de calma relativa dan a los israelíes el tiempo que necesitan para reagruparse y pasar el tiempo judaizando Jerusalén y construyendo más asentamientos ilegales. Además, tratan de convencer al mundo que esto es lo normal y, así, alientan el turismo.

Mientras tanto, las actividades públicas creativas y atractivas para los medios de comunicación, como las manifestaciones semanales de Bilin y Nilin, privan a Israel de los beneficios de la calma en el frente militar. Las fuerzas de ocupación se ven obligadas a mantener largas y deslegitimadoras batallas en las que los palestinos tienen la sartén por el mango, pues esas luchas están arraigadas en su tierra y ponen de relieve sus derechos, basados en una sólida causa moral.

La resistencia armada tiene ciertas restricciones de las que la resistencia popular está libre. Esta última no está sometida a acuerdos de tregua con los ocupantes y, puesto que consiste en actividades descentralizadas, ni Israel ni el mediador Egipto pueden señalar a un grupo palestino como responsable de ellas, sobre todo porque cualquier grupo de jóvenes puede tomar la iniciativa y ser creativo en este terreno. Disparar un misil en periodos de calma relativa es suficiente para dar a Israel una excusa para cerrar los cruces fronterizos y bombardear la Franja de Gaza, pero lo tendría más difícil enfrentarse con una resistencia popular que no comete ningún crimen ni violación de acuerdo con las normas humanitarias predominantes, sin importar el contexto político. Resulta difícil para Israel justificar el cierre de los cruces fronterizos debido a manifestaciones y actividades pacíficas, al margen de lo irritante que estas actividades puedan ser. Algunos dicen que las manifestaciones pacíficas son “trampas mortales” que solo benefician a los ocupantes. Pero el objetivo real que está detrás de los ataques contra los manifestantes y los disparos contra ellos es ahogar la conciencia palestina sobre la importancia de las protestas pacíficas y cortar de raíz esa resistencia antes de que adquiera fuerza y se convierta en una amenaza real. Si estos métodos no fueran preocupantes, los israelíes no se molestarían en reprimirlos.

Mi defensa de la resistencia popular no significa que adopte al cien por cien las manifestaciones que se celebran cada viernes en el este de Gaza. No estoy a favor de que los jóvenes se acerquen a la valla fronteriza y se pongan en peligro, porque el objetivo —al menos en esta fase— es fortalecer esas actividades y atraer la atención de los medios, logrando metas bien conocidas. En última instancia, necesitamos atraer más apoyos locales, regionales e internacionales a la causa. Mi planteamiento es, pues, muy diferente al de aquellos que dicen que debemos ser pasivos hasta que llegue la siguiente confrontación armada.

Con todo su poderío militar, incluyendo sus armas nucleares, Israel sabe que no hay sustituto de la legitimidad adquirida por el apoyo internacional. Si eso es comprendido por la parte que tiene superioridad militar, ¿qué pasa con esos palestinos que piensan que la resistencia armada es un sustituto adecuado de una lucha popular que movilice la solidaridad humanitaria y legal?

Lo máximo que podemos esperar los palestinos de la resistencia armada es cierto nivel de disuasión, así como algunas ganancias políticas. Sin embargo, si hablamos de una lucha a largo plazo que persigue objetivos nacionales, entonces esto solo puede alcanzarse a través de un proceso integrado que incluya actividades populares, mediáticas, políticas y económicas. Tenemos mayor necesidad que Israel de ganar las batallas mediáticas y eso no puede hacerse solo con medios militares; es necesario una resistencia popular contra la ocupación.

Hay una concepción de la resistencia popular que considera que los manifestantes se enfrentan a los misiles y las balas israelíes con flores. Esta idea ha contribuido a que esta resistencia no haya adquirido una base realmente popular entre la población palestina, pero el cuadro de conjunto es más grande. Los efectos que el movimiento de boicots, desinversiones y sanciones (BDS) ha tenido en el gobierno israelí es un ejemplo. Es un movimiento popular y sencillo, al tiempo que sofisticado, y es causa de preocupación para los israelíes.

La lucha por la libertad tiene que desarrollarse en muchos niveles y el éxito no se puede medir solo en términos militares, en derramamientos de sangre. Se mide en la capacidad para crear conciencia entre los palestinos y a nivel internacional sobre el carácter justo de nuestra causa. La resistencia armada tiene un rol, por supuesto, pero tiene que formar parte de un conjunto de estrategias de resistencia que pueden funcionar en el interior de Palestina y a nivel internacional para lograr los resultados deseados.

Traducción: Javier Villate