Yavé, látigo de inocentes

Cuando Yavé destruyó Sodoma y Gomorra, no solo mostró su genocida crueldad, sino su criminal capricho: “En cuanto a la mujer de Lot, quedó convertida en estatua de sal por haber mirado hacia atrás” (Génesis, 19:26).

Así se las gastaba el dios del Antiguo Testamento, matando a pueblos enteros y a personas por mero capricho, por mirar atrás…

Pero a continuación, hay un episodio que llama poderosamente la atención. Me refiero a la fornicación de las hijas de Lot con su padre. Estas se las arreglaron para tener sexo con su padre sin que este se diera cuenta (en fin). Y de este pecado nacieron Moab y Ben Ami (Ammon), padres respectivos de los moabitas y amonitas (Génesis, 19:30-38).

El destino de los moabitas y amonitas será terrible. Por el hecho de haber sido engendrados mediante incesto, estas tribus, absolutamente inocentes de lo que pudieron haber hecho sus padres y madres, serán castigadas y utilizadas por Dios en varias ocasiones, ya que eran considerados “enemigos de Yavé” (Jueces, 3:28).

He aquí, pues, un Dios injusto, que castiga a seres inocentes por los pecados cometidos por sus madres o por “mirar atrás”.