Lecciones de Yarmuk: la continua huida de los refugiados palestinos

Yusef Munayer

Fuente: Lessons from Yarmouk, Sabbah Report, 28/02/2014

La UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para Ayuda a los Refugiados Palestinos) consiguió el miércoles pasado, por segunda vez en una semana, distribuir comida entre los civiles del asediado campo de refugiados palestinos de Yarmuk, en Damasco, Siria.

En el campo de refugiados palestinos de Yarmuk, el más grande de los nueve que hay en Siria, la gente está atrapada y sufriendo las consecuencias de la guerra. El campo se encuentra al sur de Damasco y su situación estratégica lo ha colocado en el centro de los combates, dejando a los refugiados, que se mantuvieron neutrales en el conflicto, entre dos fuegos.

Antes de 2011, el campo fue el hogar de unos 180.000 refugiados palestinos. Hoy solo quedan alrededor de 20.000. La mayoría de sus habitantes se han convertido en refugiados por partida doble. Los que se quedaron están atrapados. El empate entre las fuerzas del gobierno y los rebeldes ha supuesto que el campo viva en una situación de asedio, lo que ha impedido que la ayuda humanitaria haya llegado desde hace meses. Solo hace unos días se ha conseguido que entraran en el campo paquetes de comida.

Los partidarios de la guerra en Siria han utilizado la crisis de Yarmuk para fustigar a sus enemigos, ignorando las lecciones que deberían extraer de esta situación.

Yarmuk no es más que el último episodio de la Nakba. Cada diez años, más o menos, un nuevo episodio de desposesión y pérdida se ceba sobre los refugiados palestinos en los países de acogida. Hoy le ha tocado a Yarmuk. Hace una década, fueron los palestinos refugiados en Irak los que sufrieron las consecuencias de la guerra.

Y diez años antes fue el turno de los palestinos refugiados en Kuwait, que tuvieron que abandonar sus hogares en medio de la primera guerra del Golfo. Y una década antes, los refugiados palestinos fueron masacrados en los campos de Sabra y Chatila, en Líbano. Y otra década antes, los acontecimientos conocidos como “septiembre negro” en Jordania pusieron de relieve la vulnerabilidad de los refugiados en los países de acogida cuando se desata la violencia política.

Ciertamente, lo que está pasando en Yarmuk es parte de lo que está sucediendo en Siria, pero es también parte de una historia mayor de desposesión palestina. La lección que la comunidad internacional debería extraer de Yarmuk es que hay que redoblar los esfuerzos para resolver la precaria situación de los refugiados palestinos y que esto es hoy tan urgente como lo ha sido siempre.

En la actualidad, los refugiados están localizados en varios países de acogida del mundo árabe y en otras partes. Algunos refugiados palestinos que han huido de los conflictos en los países árabes de acogida se encuentran, ahora, en Suecia, Islandia, Chile y Australia. ¿Por qué han de refugiarse a lo largo y ancho del globo si tienen, en realidad, una patria?

En lugar de centrar los esfuerzos en dar cobijo a los palestinos en cualquier país del mundo, salvo en aquel del que son originarios, la comunidad internacional debería presionar a Israel para que permita a los refugiados retornar a sus hogares.

El derecho de los refugiados palestinos a retornar a sus ciudades y pueblos no es negociable y ningún acuerdo que no satisfaga este derecho podrá poner fin al conflicto. Los derechos individuales de los refugiados palestinos no pueden desaparecer por una firmita estampada en un papel.

No es justo el reasentamiento de los refugiados palestinos en un futuro estado palestino; no lo es para los propios refugiados y tampoco para el incipiente estado palestino. Un refugiado de, por ejemplo, Nazaret no está ejerciendo su derecho a retornar a su hogar si le asientan en Nablus. Y tampoco una refugiada de Yaffa, si le asientan en Yenin.

Además, un estado palestino en Cisjordania y la Franja de Gaza solo tendría el 22 por ciento del territorio de Palestina. Comparado con el estado de Israel, tendría una cuarta parte del territorio, con el doble de población y una economía 30 veces más pequeña. Israel no solo es responsable de esta situación, sino que tiene una capacidad mucho mayor para absorber el retorno de los refugiados.

El derecho al retorno es un derecho humano que Israel niega a los refugiados palestinos simplemente porque no son judíos y porque cualquier cambio en la composición demográfica del estado podría poner en peligro el control judío del poder del estado. La negación de derechos humanos basada en la discriminación, para mantener a un grupo en el poder, es la marca distintiva del apartheid.

Yarmuk no es más que el último recordatorio del fracaso de la comunidad internacional para solucionar la penosa situación de los refugiados palestinos. Librando a Israel de toda responsabilidad y buscando lugares alternativos en los que resolver este problema se está aceptando, de hecho, las políticas discriminatorias de Israel. Hay que actuar urgentemente y exigir a Israel que permita la repatriación de conformidad con el derecho internacional.

La incapacidad para abordar la crisis de los derechos humanos desde su raíz ha permitido el surgimiento de una crisis humanitaria tras otras. Los refugiados necesitan una solución definitiva, la repatriación, así como iguales derechos y protecciones, que todas las personas del mundo merecen.

El tema de los refugiados no debe ser postergado de nuevo. Es el momento de actuar. No podemos permitirnos el lujo de esperar al siguiente e inevitablemente trágico episodio de la Nakba.

 


Yusef Munayer es escritor y analista político, y vive actualmente en Washington. Es director ejecutivo del Fondo Jerusalén para la Educación y el Desarrollo Comunitario.

Traducción: Javier Villate

One thought on “Lecciones de Yarmuk: la continua huida de los refugiados palestinos

  1. Reblogueó esto en Palestina en el corazóny comentado:
    “En lugar de centrar los esfuerzos en dar cobijo a los palestinos en cualquier país del mundo, salvo en aquel del que son originarios, la comunidad internacional debería presionar a Israel para que permita a los refugiados retornar a sus hogares.” Yusef Munayyer, traducido por Javier Villate en su blog Disenso.

    El derecho de los refugiados palestinos a retornar a sus ciudades y pueblos no es negociable y ningún acuerdo que no satisfaga este derecho podrá poner fin al conflicto.

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