El cambio de régimen en Ucrania: comienza la segunda fase

F. William Engdahl

Fuente: The Rape of Ukraine: Phase Two Begins, 21st Century Wire, 28/02/2014

Desfile de miembros de UNA-UNSO en Leópolis (Lvov).

Los acontecimientos que están teniendo lugar en Ucrania desde noviembre de 2013 son tan asombrosos que casi no se pueden creer.

El electo y legítimo presidente ucraniano (tal como lo reconocieron los supervisores internacionales) ha sido expulsado del poder y forzado a huir como un criminal de guerra, después de más de tres meses de protestas violentas y crímenes terroristas llevados a cabo por la denominada oposición.

Su “delito”, según los líderes de la protesta, ha sido rechazar la oferta de integración de la Unión Europea (UE), no muy atractiva que digamos, en favor de un acuerdo concreto con Rusia, por el que este país entregaría al gobierno de Kiev 15.000 millones de euros para aminorar la deuda y una gran reducción de los precios de importación del gas ruso. En ese momento, Washington entró en acción con las consecuencias que están a la vista.

Una organización paramilitar neonazi secreta, con supuestos vínculos con la OTAN, ha jugado un papel decisivo en los ataques de francotiradores y la violencia que condujo a la caída del gobierno electo.

Pero Occidente no ha terminado de destruir Ucrania. Ahora le llega el turno al Fondo Monetario Internacional (FMI), con sus duras condiciones como requisitos para recibir ayuda financiera.

Tras la filtración de la famosa conversación telefónica de la subsecretaria de estado de EEUU, Victoria Nuland, con el embajador de EEUU en Kiev, donde ella explicaba a quién y por qué quería en el nuevo gobierno de coalición de Kiev y donde despreciaba las propuestas europeas con un expresivo “¡que se joda la UE!” [1], la Unión Europea se quedó sola. El ministro alemán de relaciones exteriores, Frank-Walter Steinmeier, propuso que él y su colega francés, Laurent Fabius, viajaran a Kiev para buscar una solución a la escalada de violencia. Ellos pidieron al ministro polaco de relaciones exteriores, Radoslaw Sikorski, que se les uniera. En las conversaciones que se celebraron en Kiev participaron una delegación de la UE, Yanukovich, tres líderes de la oposición y un representante ruso. El gobierno de Washington no fue invitado [2].

La intervención de la UE al margen de Washington fue algo extraordinario y revela la profunda división que les ha separado a los dos en los últimos meses. La UE le estaría diciendo a la Sra. Nuland “¡que se joda Estados Unidos!”, nosotros terminaremos esto.

Tras intensas conversaciones, todos los partidos importantes, incluyendo la mayoría de los manifestantes, aceptaron la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales en diciembre, la vuelta a la constitución de 2004 y la puesta en libertad de Yulia Timoshenko. El acuerdo parecía poner fin a meses de violencia y ofrecer una salida aceptable para todos los principales sectores implicados.

El compromiso diplomático duró menos de doce horas. Se abrieron las puertas del infierno.

Francotiradores comenzaron a disparar a la multitud congregada en la plaza Maidan el 22 de febrero. Cundió el pánico y, según testigos, la policía antidisturbios se replegó. El líder de la oposición Vitali Klitschko se retiró del acuerdo sin dar razones. Yanukovich huyó de Kiev [3].

La pregunta que permanece sin respuesta es quiénes eran los francotiradores. Según fuentes de veteranos miembros de los servicios de inteligencia estadounidenses, los francotiradores eran de una organización paramilitar de extrema derecha conocida como Asamblea Nacional Ucraniana / Autodefensa del Pueblo Ucraniano (UNA-UNSO).

Unos extraños “nacionalistas” ucranianos

El líder de UNA-UNSO, Andrei Shkil, fue hace diez años asesor de Yulia Timoshenko. Durante la “Revolución Naranja” de 2003-2004 instigada por EEUU, UNA-UNSO apoyó al candidato Viktor Yushchenko, atlantista declarado, contra su oponente pro-ruso Yanukovich. Miembros de UNA-UNSO actuaron como fuerzas de seguridad de los simpatizantes de Yushchenko y Timoshenko en la plaza de la Independencia de Kiev en 2003-2004 [4].

También se ha hablado de los vínculos estrechos que UNA-UNSO tendría con el Partido Democrático Nacional alemán (NDP) [5].

Desde la disolución de la Unión Soviética en 1991, los paramilitares de UNA-UNSO han estado detrás de todas las revueltas contra la influencia rusa. El hilo conductor de sus violentas campañas han sido siempre su oposición a Rusia. Según las anteriormente citadas fuentes de la inteligencia estadounidense, el grupo forma parte de la organización secreta de la OTAN Gladio y no es, en absoluto, una formación nacionalista, tal y como la han retratado los medios de comunicación occidentales [6].

Según estas fuentes, UNA-UNSO estuvo implicada (esto está oficialmente confirmado) en los acontecimientos del invierno de 1991 que tuvieron lugar en Lituania, el coup d’etat soviético del verano de 1991, la guerra de la República de Pridnister de 1992, la guerra de Abjasia contra Moscú de 1993, la guerra de Chechenia, la campaña de Kosovo contra los serbios organizada por EEUU y la guerra de Georgia de agosto de 2008. La UNA-UNSO ha estado implicada en todas las guerras sucias de la OTAN tras el fin de la Guerra Fría. “Estas personas son mercenarios peligrosos utilizados en todo el mundo para combatir en las guerras sucias de la OTAN y para cercar a Rusia, ya que este grupo pretende ser unas fuerzas especiales rusas. ESTOS SON LOS MALOS, olvídense de presentarlos como nacionalistas, estos son los hombres que están detrás de los rifles de los francotiradores” [7].

Si es cierto que UNA-UNSO no es una fuerza opositora “ucraniana”, sino una organización de la OTAN altamente secreta que utiliza Ucrania como base de operaciones, el compromiso de paz alcanzado por la UE con la oposición moderada fue probablemente saboteado por aquellos que fueron excluidos de las conversaciones diplomáticas del 21 de febrero en Kiev: el Departamento de Defensa de Victoria Nuland [8]. Tanto Nuland como el senador norteamericano John McCain, del sector derechista del partido republicano, han tenido contactos con el líder del partido opositor ucraniano Svoboda, un político abiertamente antisemita y que defiende las actuaciones de la división ucraniana Galicia de las SS durante la Segunda Guerra Mundial [9]. El partido fue registrado en 1995 con el nombre de Partido Nacional Social de Ucrania, que utilizó un logotipo similar a la esvástica. Svoboda es la plataforma electoral para organizaciones neonazis ucranianas como la UNA-UNSO [10].

Otra señal de que la mano de Nuland está dirigiendo los acontecimientos en Ucrania es el hecho de que el nuevo parlamento del país nombrará, probablemente, a Arseni Yatseniuk, miembro del partido de Timoshenko y favorito de Nuland, como nuevo primer ministro.

Sea cual sea la verdad, lo cierto es que Washington ha preparado un nuevo expolio económico de Ucrania, aprovechándose del control que ejerce sobre el FMI.

El FMI y el saqueo de Ucrania

Ahora que la “oposición” ha empujado al exilio al presidente electo y ha disuelto a la Berkut, la policía antidisturbios, Washington ha pedido que Ucrania se someta a las onerosas exigencias del FMI.

En las negociaciones del pasado mes de octubre, el FMI exigió que Ucrania aumentara los precios del gas y la electricidad para las empresas y los hogares, que levantara la prohibición de la venta privada de las ricas tierras agrícolas del país, que hiciera una importante revisión de sus propiedades económicas, que devaluara la moneda y recortara las ayudas a la educación infantil y a la tercera edad para “equilibrar el presupuesto”. A cambio, Ucrania obtendría unos míseros 2.910 millones de euros.

Antes de la caída del gobierno de Yanukovich, Moscú estaba dispuesto a comprar 10.890 millones de euros de la deuda de Ucrania y reducir un tercio los precios del gas. Ahora, comprensiblemente, es improbable que Rusia ofrezca esas ventajas. La cooperación económica entre Ucrania y Moscú era algo que Washington quería dinamitar a toda costa.

Este drama está lejos de haber terminado. Están en juego el futuro de Rusia, las relaciones entre la UE y Rusia y, por supuesto, el poder global de Washington o, al menos, de ese sector de EEUU que concibe la guerra como el principal instrumento político.

Notas:

[1] F. William Engdahl, US-Außenministerium in flagranti über Regimewechsel in der Ukraine ertappt, Kopp Online.de, 8/02/2014.

[2] Bertrand Benoit, Laurence Norman y Stephen Fidler , European Ministers Brokered Ukraine Political Compromise: German, French, Polish Foreign Ministers Flew to Kiev, The Wall Street Journal, 21/02/2014.

[3] Jessica Best, Ukraine protests Snipers firing live rounds at demonstrators as fresh violence erupts despite truce, The Mirror UK, 20/02/2014.

[4] Aleksandar Vasovic , Far right group flexes during Ukraine revolution, Associated Press,  3/01/2005.

[5] Wikipedia, Ukrainian National Assembly  Ukrainian National Self Defence.

[6] Informe de las fuentes, “Who Has Ukraine Weapons”, 27/02/2014, confidencial.

[7] Íbid.

[8] Max Blumenthal, Is the US backing neo-Nazis in Ukraine?, AlterNet, 25/02/2014.

[9] Channel 4 News, Far right group at heart of Ukraine protests meet US senator, 16/12/2013.

[10] Íbid.


F. William Engdahl es analista geopolítico y autor de Full Spectrum Dominance: Totalitarian Democracy in the New World Order.

Traducción: Javier Villate