Israel: Hipocresía nuclear

Gwynne Dyer

Fuente: Israel: Nuclear Hypocrisy, Sabbah Report, 21/02/2014

Cuando Mordejai Vanunu, un humilde técnico que trabajó durante años en las instalaciones secretas de la central nuclear israelí de Dimona, desveló en 1986 la existencia de armas nucleares en Israel, su vida cambió por completo. Fue engatusado por una mujer, que era una espía israelí, para que abandonara su refugio inglés y viajara con ella a Italia, donde fue drogado y secuestrado por otros agentes israelíes. Vanunu pasó 18 años en la cárcel, once de ellos en régimen de aislamiento.

Cuando Avraham Burg, exportavoz del parlamento israelí, dijo el mes pasado que Israel tenía armas nucleares y químicas (ya sabes, esas armas nucleares que Irán no puede tener y esas armas químicas que Siria debe entregar), no le sucedió nada. Está protegido por la ley de los VIPs, esa ley no escrita que permite que las personas poderosas y bien relacionadas puedan decir y hacer lo que quieran.

Ni siquiera persiguieron a Burg cuando dijo que la política de “ambigüedad” nuclear (no confirmar ni negar que Israel tiene armas nucleares) era “anticuada e infantil”. Sin embargo, diez años después de que Vanunu saliera de la cárcel, sigue teniendo prohibido abandonar Israel, acercarse a cualquier embajada extranjera, aeropuerto o paso fronterizo y hablar con cualquier periodista y extranjero.

La excusa del gobierno israelí es que Vanunu puede conocer secretos que podría revelar, pero eso es absurdo. Vanunu no ha visto Dimona ni hablado con nadie relacionado con el tema nuclear israelí durante 30 años. Lo que mueve a sus verdugos es la venganza, pura y dura, y Vanunu puede seguir siendo castigado por su valerosa acción hasta el día de su muerte (mientras Avraham Burg disfruta de la vida sin problemas y ofrece ocasionales y sabios consejos a la gente).

He aquí los “secretos” que Vanunu y Burg revelaron, con mucho más detalle del que precisó Burg y en una versión más actualizada que la que Vanunu podría proporcionar en base a sus conocimientos personales.

Israel tiene un mínimo de 80 armas nucleares y un máximo de 400. Estos datos están basados en cálculos sobre la cantidad de material fisible que ha sido enriquecido hasta el nivel requerido para su uso como armas. La mejor conjetura es que el total ronda las 200 cabezas nucleares, la mayoría de ellas dispositivos termonucleares de dos fases (bombas de hidrógeno).

Unas docenas, al menos, son armas “tácticas” diseñadas para ser utilizadas por piezas de artillería de 175 mm y 203 mm con un alcance de 40-70 km. El resto deben ser empleadas en misiles o aviones. Israel mantiene una “tríada” completa de sistemas de lanzamiento: misiles de tierra, misiles de mar y aviones.

Los misiles son, en su mayoría, Jericó II, misiles balísticos de alcance medio, que pueden alcanzar a toda Europa y la mayor parte de Asia occidental. Desde 2008, los misiles balísticos intercontinentales Jericó III (ICBMs por sus siglas en inglés) han entrado también en servicio, con un alcance que permite a Israel atacar cualquier punto habitado del planeta, con la excepción de algunas islas del Pacífico. Los dos tipos de misiles pueden llevar una cabeza nuclear de un megatón.

¿A qué se debe estos enormes alcances si todos los enemigos declarados de Israel son todos relativamente cercanos? Una especulación es que de esta forma se pretende estimular la precaución en los otros estados nucleares (¿Pakistán?, ¿Corea del Norte?) que podrían estar tentados de suministrar, en un futuro, armas nucleares a los enemigos cercanos de Israel.

La pata marítima de la tríada está compuesta por misiles de crucero de alta precisión, que se lanzan por debajo del agua por los submarinos israelíes Dolphin de fabricación alemana. Estos misiles dan a Israel una capacidad de “segundo ataque seguro”, puesto que es extremadamente improbable que incluso el más exitoso de los ataques sorpresa del enemigo pueda localizar y destruir los submarinos. Y, finalmente, están los aviones de fabricación estadounidense F-15 y F-16, que también pueden llevar bombas nucleares.

Estados Unidos no ayudó al principio a Israel a fabricar armas nucleares (pero sí lo hizo Francia). Incluso ahora, Washington no aprueba realmente las armas nucleares israelíes, aunque las tolera en pro de una alianza más amplia. Pero, ¿por qué, después de todos estos años, se niega Israel a reconocer que las tiene? La única respuesta plausible es que trata de evitar, de esta forma, que EEUU se sienta incómodo y se vea obligado a restringir sus exportaciones de armas a Israel. Pero, siendo realistas, ¿qué probabilidades hay de que sucediera tal cosa? El Congreso de EEUU se ocupará de que Israel siga obteniendo todo el dinero y todas las armas que quiera sin importar lo que diga sobre sus armas nucleares. Este es un buen momento para poner fin a esta ridícula farsa sobre la verdad.


Gwynne Dyer es un periodista canadiense independiente que vive en Londres, columnista e historiador militar.

Traducción: Javier Villate