Crisis de la vivienda y demoliciones de casas en Jerusalén Este

Fuente: A housing crisis yet demolitions in East Jerusalem, IRIN News, 31/01/2014

Las demoliciones en curso de casas en Jerusalén Este están añadiendo más presión a la crisis de la vivienda en la ciudad, con centenares de habitantes enfrentados a la perspectiva de perder sus hogares y unos residentes palestinos que dicen que están siendo discriminados en la planificación urbana.

Desde que se inició la construcción del muro de separación, hace una década, los palestinos más pobres de Jerusalén Este han optado frecuentemente por irse a vivir al otro lado de la barrera, al este de la misma.

A finales de 2013, las autoridades israelíes emitieron órdenes judiciales que anunciaban que varios edificios de Ras Shehada y Ras Jamis —barrios palestinos de Jerusalén que han sido aislados por el muro de separación— serán demolidos porque fueron construidos sin permiso.

“Visto lo que está pasando aquí, estoy intentando vender mi casa”, dice Shadi, de 26 años, que tiene un piso en Ras Jamis amenazado de demolición. “Si alguien viene y me ofrece, digamos, 150.000 shekels [unos 31.000 euros, N. del T.], me largo”.

Presión económica

Pero muchos palestinos de Jerusalén Este prefieren vivir en el lado occidental del muro —sobre todo por el acceso a la educación, la atención médica y el empleo— y la demanda de viviendas se mantiene alta. Pero las fuertes restricciones a la construcción en los barrios palestinos que han quedado en el lado occidental del muro, impuestas por el ayuntamiento de Jerusalén, han creado una escasez de viviendas, haciendo que los precios se disparen en Jerusalén Este.

Durante muchos años, las autoridades israelíes han mirado para otro lado cuando se levantaban viviendas en los barrios palestinos de Jerusalén Este que estaban más allá del muro de separación. Estas áreas carecen de planificación y sufren de falta de infraestructuras y servicios, tienen una deficiente recogida de basuras y cortes en el suministro de agua y electricidad.

Pero tienen una importante ventaja que atrae residentes: las casas son más baratas que las que se encuentran en el lado occidental del muro. Y puesto que están todavía dentro de los límites municipales, estos residentes jerosolimitanos pueden tener sus carnés de identidad israelíes, sin los cuales serían unos apátridas.

Shadi explica que mientras las casas en Suafat y Beit Hanina, dos de los barrios más deseables que están en el lado occidental del muro de separación en Jerusalén Este, cuestan entre 500.000 y 600.000 shekels [entre 104.000 y 125.000 euros], su piso de Ras Jamis le ha costado solo 120.000 shekels [25.000 euros].

Torres de pisos baratos han proliferado en todos los barrios palestinos de Jerusalén Este, en el lado oriental del muro.

“Aquí tienes que pagar 50.000 shekels [10.400 euros] y luego otros 2.000 [415 euros] cada mes durante cuatro años, no como allí [en el lado occidental del muro], donde uno puede pagar una renta de 6.000 o 7.000 shekels [1.250 o 1.455 euros] al mes”. Shadi, que está en el paro actualmente, dice que cuando trabaja, gana unos 5.000 shekels [1.040 euros] al mes, un poco más que el salario mínimo israelí.

Las políticas de planificación

En declaraciones a la agencia palestina de noticias Maan, un activista local dijo que unas 15.000 personas podían perder sus casas si Israel sigue adelante con sus demoliciones anunciadas en Ras Jamis y Ras Shehada. La mayoría de las ONGs dan cifras más bajas. Sari Kronish, de la ONG israelí Bimkom (Planificadores por los derechos de planificación), estima que las personas desplazadas serán entre varios cientos y 1.500.

Sin embargo, dice Kronish, “hay muchas más unidades sin permisos que las que han recibido, hasta el momento, órdenes de demolición”, lo cual dificulta saber cuántas demoliciones van a ejecutarse.

Las órdenes de demolición, así como las políticas que impiden a los palestinos obtener permisos de construcción, es un medio empleado por Israel para mantener una determinada demografía en Jerusalén, dicen los activistas. Kronish observa que, después de que Israel ocupara Jerusalén Este en 1967, modificó los límites municipales. El principio rector de los nuevos límites, dice Kronish, fue “añadir tantas tierras como fuera posible y el menor número de palestinos posible”, consiguiendo que haya siete judíos por cada tres palestinos.

“Desde entonces, los sucesivos gobiernos de Israel han tomado decisiones para que se mantenga esa relación demográfica”, señala Kronish. Eso se ha traducido en políticas que alientan la expansión de barrios judíos y contienen el crecimiento en las áreas palestinas.

“Es una especie de desplazamiento pasivo”, explica Kronish. Los barrios palestinos nunca han sido adecuadamente planificados. Bueno, algunos sí han sido planificados, pero de forma restrictiva”. Por ejemplo, los planes israelíes para los barrios palestinos establecen como áreas edificables aquellas que ya tienen casas y otros edificios. Kronish añade que, paradójicamente, “a veces, casas existentes son dejadas fuera del plan de viviendas”.

Los planes israelíes incluyen a menudo la creación de espacios verdes en áreas palestinas, al margen de las necesidades de los residentes o de la forma en que están utilizando el suelo.

Las autoridades israelíes también suelen tratar a los barrios palestinos como áreas “rurales”, aunque sean realmente cada vez más urbanas. Los derechos de construcción en áreas rurales están limitados e incluyen restricciones sobre la extensión y la altura de las estructuras. Los planes para estas áreas no siguen el ritmo del crecimiento demográfico palestino.

Todas estas políticas combinadas mantienen el número de permisos de construcción muy bajo en los barrios palestinos. Los pocos que consiguen permisos para construir se encuentran con impuestos y tasas municipales muy elevados, tanto que no son asequibles para la mayoría de los jerosolimitanos del este, lo cual contribuye al desplazamiento sostenido de personas hacia áreas situadas al otro lado del muro de separación.

El ayuntamiento de Jerusalén dijo a IRIN que las áreas palestinas de la ciudad habían sido históricamente marginadas, pero remarcó que había invertido tres millones de shekels [620.000 euros] en la rezonificación de los barrios de Jerusalén Este solo en 2011.

“Según el alcalde Nir Barkat, el ayuntamiento de Jerusalén se ha centrado en mejorar la calidad de vida de los residentes árabes de la ciudad. El objetivo de Barkat es cerrar la brecha abierta debido a décadas de marginación de partes de la ciudad”, dijo un portavoz en una declaración escrita.

Aunque las políticas israelíes están empujando a los palestinos hacia el lado oriental del muro de separación, este desplazamiento no está cambiando la relación demográfica general de la ciudad. Pero algunos residentes de Ras Jamis creen que las áreas de Jerusalén que están al otro lado del muro serán entregadas eventualmente a la Autoridad Palestina.

Razones de seguridad

La crisis de la vivienda en Jerusalén y las amenazas israelíes de demoliciones en Ras Jamis son cuestiones “políticas”, en opinión de Riad Yulani, de 40 años, otro residente sobre el que se cierne la perspectiva de la demolición.

Los israelíes “han convertido este lugar en una jungla, no hay ninguna seguridad aquí”, dice Yulani. Él y otros residentes señalan que el tráfico y el consumo de drogas están creciendo de forma vertiginosa en el barrio y que las autoridades israelíes han decidido no intervenir.

“Tenemos chicos de 14 y 15 años que consumen drogas justo delante de los policías… Podríamos hacer un experimento. Podríamos poner algo que parezca droga en unas bolsas y, a continuación, ir al puesto de control [de Suafat]. Allí tú podrías coger el dinero delante de los soldados. ¿Se acercarían a nosotros? No. No se preocupan. No se preocupan por los árabes”.

Los residentes también dicen que las casas y los negocios sufren robos continuos, a pesar de lo cual la policía israelí no hace absolutamente nada.

Said Abu Asab, de 58 años, vive en el mismo edificio que Yulani. Dice que prefiere Ras Jamis al piso de alquiler de la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde él, su esposa y sus cinco hijos vivían amontonados en una habitación.

“Siempre era ‘por favor, quiero pasar, muévete un poco, tengo que ir al baño’”, recuerda. Reflexionando sobre esta situación, Said añade: “ahora, [los israelíes] están hablando de hacer una demolición aquí, pero ¿por qué dejan que [los judíos] construyan en Pisgaat Zeev [un asentamiento israelí] y no nos dejan hacer lo mismo a nosotros aquí?”.

A pesar de las amenazas de demoliciones inminentes, el auge de la vivienda fuera del muro de separación continúa.

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Traducción: Javier Villate