Irak se desliza hacia la guerra civil

Bill Van Auken

Fuente: Iraq slides toward civil war, World Socialist Web Site, 3/01/2014

El jueves estallaron intensos enfrentamientos entre las tropas gubernamentales iraquíes y militantes suníes que habían capturado gran parte de Faluya y Ramadi, dos ciudades de la provincia occidental de Anbar que estuvieron en el centro de la resistencia armada a la ocupación estadounidense hace una década.

La reanudación de los combates se ha producido cuando los datos publicados por la ONU y otras agencias indican que el número de muertos en Irak en 2013 había llegado a su nivel más elevado desde la ofensiva militar estadounidense de 2007-2008.

La ONU ha cifrado en 7.818 el número de civiles iraquíes muertos violentamente en año pasado y 1.050 miembros de las fuerzas de seguridad. Pero el grupo Iraq Body Count, con sede en Londres, ha estimado en 9.475 la cifra de civiles muertos.

Al dar a conocer las estimaciones de la ONU, el jefe de la misión de esta organización en Irak, Nikolai Mladenov, dijo: “Este es un triste y terrible registro que confirma, una vez más, la necesidad urgente de que las autoridades iraquíes aborden las raíces de la violencia para frenar este círculo infernal”.

Tras señalar que la cifra de muertos del año pasado fue casi la misma que la de 2008, Iraq Body Count (IBC) observó que la de 2008 “representó un declive de las muertes violentas (que bajaron por primera vez de las 25.800), mientras que ahora se trata de un incremento: es más del doble de las producidas en 2012, cuando se registraron 4.500 civiles muertos”.

IBC ha añadido que “si continúan los actuales niveles de violencia a lo largo del año próximo, entonces 2014 podría ser tan mortífero como 2004, cuando la resistencia tomó el control de Faluya y se produjeron los dos asedios de esta ciudad” por las tropas de ocupación estadounidenses”.

La violencia y las muertes se han disparado desde el pasado mes de abril, cuando el gobierno chiíta del primer ministro Nuri Al-Maliki ordenó la represión violenta de un campamento de protesta suní levantado en la ciudad norteña de Hauiya, causando la muerte de unos 50 civiles.

Una represión similar contra un campamento de protesta en Ramadi el lunes pasado desencadenó una serie de revueltas que dejaron a esa ciudad, a Faluya y a otras más pequeñas en manos de los insurgentes.

En un burdo intento de calmar a la oposición popular, tras la dispersión del campamento de protesta de Ramadi, en la que murieron al menos diez personas, Maliki accedió aparentemente a una de las demandas de los manifestantes, anunciando el martes que iba a retirar al ejército de las poblaciones suníes de Anbar y dejar el mantenimiento del orden en manos de la policía.

Pero el miércoles, militantes armados sitiaron las comisarías de policía de Ramadi y Faluya, liberando al menos a 100 detenidos, capturando armas y quemando varios edificios. Por lo general, los policías abandonaron sus posiciones sin oponer resistencia.

Así las cosas, Maliki revocó su decreto anterior y ordenó el refuerzo de las unidades militares en la zona con el fin de poner cerco a las ciudades. Al parecer, la artillería bombardeó partes de Faluya, que, al igual que Ramadi, fue igualmente bombardeada desde el aire.

“La mitad de Faluya está en manos del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) y la otra mitad está controlada” por tribus armadas, según declaró un portavoz del ministerio del interior a la agencia de noticias AFP. Dijo también que en Ramadi había una situación similar, estando algunas áreas controladas por EIIL y otras, por las tribus.

Según un corresponsal de AFP en Ramadi, “docenas de camiones con hombres fuertemente armados circulaban por la parte oriental de la ciudad, cantando canciones de alabanza al EIIL” y portando “las banderas negras del EIIL”.

El EIIL, una milicia islamista suní vinculada con Al Qaeda, se ha convertido en uno de los principales integrantes de los “rebeldes” que luchan en la guerra de la vecina Siria. Después de haberse hecho con el control del norte de Siria, ha movido sus efectivos a través de la frontera sirio-iraquí para organizar atentados con coches-bomba, ataques contra unidades del ejército y la policía, así como ataques sectarios. Su objetivo declarado es establecer un califato islámico suní que abarque ambos países.

Maliki ha utilizado las acciones terroristas del EIIL como excusa para suprimir violentamente el movimiento más amplio de protesta suní, el cual es una respuesta a las medidas sectarias del gobierno de Bagdad, que han marginado políticamente y han reprimido a la población suní.

Estas medidas han supuesto, entre otras cosas, la persecución de políticos suníes y sus ayudantes, a los que se ha calificado como “terroristas”. En la víspera de la última ofensiva gubernamental, las fuerzas de seguridad allanaron la casa del parlamentario Ahmed Al-Alwani, en Ramadi, que fue arrestado, y mataron a su hermano y a cinco guardas. Esta actuación provocó la dimisión de 44 parlamentarios, la mayoría de ellos suníes.

Cuando emitió un ultimátum el mes pasado antes de la dispersión del campamento de protesta, Maliki lo calificó como “los cuarteles generales de los líderes de Al Qaeda”.

Esta narrativa justificadora del gobierno no pretende más que oscurecer el hecho de que han sido las propias políticas sectarias de Maliki las que han provocado el malestar entre la población suní, favorecido además por la falta de servicios, las incursiones “antiterroristas” indiscriminadas, las detenciones de miles de personas sin cargos y un programa de depuración de antiguos miembros del partido Baas, que ha sido utilizado para expulsar a trabajadores de la administración pública.

La propaganda del gobierno sostiene que está luchando contra el terrorismo de Al Qaeda, lo cual ha servido para conseguir el apoyo de Irán y Washington al mismo tiempo. Este último ordenó, recientemente, el envío de misiles Hellfire y otro armamento avanzado a las fuerzas de seguridad iraquíes. Algunas de estas armas fueron, al parecer, empleadas el jueves en el asalto del ejército contra Faluya.

Nuevos actos de violencia se han registrado en otras partes de Irak cuando se desarrollaba la ofensiva militar en Anbar. Un terrorista suicida detonó un camión lleno de explosivos en una calle comercial repleta de gente la noche del jueves en Balad Ruz, a unos 45 kilómetros al noreste de Bagdad. Al menos 19 personas murieron en la explosión y otras 37 resultaron heridas. Este tipo de ataques se han convertido en algo cotidiano, siendo su objetivo poblaciones chiíes y suníes al mismo tiempo.

Los iraquíes están pagando un precio terrible por diez años de guerras de rapiña y agresiones de tipo colonial del imperialismo estadounidense. Los ocho años de ocupación de EEUU se han llevado la vida de centenares de miles de iraquíes, mientras Washington ha impuesto un sistema político que utiliza el sectarismo religioso como un medio para dividir y dominar al pueblo iraquí. El régimen de Maliki es el producto de ese sistema.

En estos momentos, la guerra civil sectaria instigada por EEUU en la vecina Siria ha proporcionado un nuevo y poderoso impulso a la guerra civil en Irak, donde los aliados de EEUU, Arabia Saudí y otras monarquías del Golfo Pérsico, están ofreciendo ayuda material a los combatientes islamistas suníes de ambos lados de la frontera, al tiempo que Washington sigue apoyando al régimen de Maliki con ayuda militar.

Traducción: Javier Villate