EEUU y la OTAN han convertido a Afganistán y Pakistán en un infierno

Ferrukh Mir

Fuente: US and NATO have turned Afghanistan and Pakistan into hell on earth, Stop the War Coalition, 18/12/2013

Tras haber matado a centenares de miles de civiles empobrecidos en el nombre de la denominada “guerra contra el terror”, EEUU y la OTAN no han aprendido nada de sus fracasadas políticas de los últimos doce años.

Veinticinco años después de la retirada de la URSS, la historia se está repitiendo de nuevo en Afganistán. Esta vez, la única superpotencia mundial, Estados Unidos, junto con sus aliados, está abandonando Afganistán. Se han visto largas hileras de camiones de la OTAN, cargados con vehículos blindados militares, pasando las fronteras de Afganistán con Pakistán, camino de los cuarteles generales que el Comando Central de EEUU tiene en Catar. Por fin, el plan de retirada de Obama se está llevando a cabo.

Observando el videorreportaje, las brutales palabras de un antiguo representante norteamericano no han dejado de acudirme a la cabeza: “Acepten nuestra oferta de una alfombra dorada o les enterraremos debajo  de una alfombra de bombas”, dijo el subsecretario de defensa de EEUU, Richard Armitage, cuando visitó al jefe de la delegación talibán en junio de 2001. La pregunta que se nos plantea es esta: ¿ha logrado la operación de la OTAN, dirigida por EEUU, sus objetivos estratégicos, tanto manifiestos como encubiertos, de apoderarse de Afganistán? Miro un mapa del territorio, a veces denominado como “AfPak”, con el fin de rastrear, en vano, el gasoducto que debía llevar gas y petróleo desde Asia Central y el Mar Caspio. ¿Ha sido esta la razón por la que George W. Bush lanzó una guerra que habría de convertir “AfPak” en un infierno, matando a centenares de miles de civiles empobrecidos en el nombre de la denominada “guerra contra el terror”?

De 2009 a 2012, todo el mundo en el gobierno de EEUU, desde el presidente Obama hasta James Dobbin, desde Hillary Clinton hasta Mark Grossman, ha reiterado que EEUU no abandonará Afganistán, que no volverá a cometer los mismos errores que en los años 80. La alianza comandada por EEUU está convencida de que debe mantener sus bases militares en Afganistán. La cuestión es, entonces, cuáles son los principales objetivos en el futuro que esta alianza espera alcanzar con una limitada presencia militar después de 2014. Según un informe publicado por el Servicio de Investigación del Congreso de EEUU, el tamaño de la fuerza internacional que habrá de permanecer en Afganistán después de 2014 será de alrededor de 8.000-12.000 oficiales encargados de la formación militar más un número no especificado de fuerzas antiterroristas, la mayoría estadounidenses.

Los objetivos establecidos en los informes del Congreso no suelen ser muy realistas. El futuro de este plan no está nada claro. La idea de un acuerdo bilateral de seguridad entre EEUU y Afganistán (BSA, por sus siglas en inglés), que establecería la mencionada fuerza residual en el país, sigue siendo objeto de negociación (el principal escollo del mismo es cómo hacer frente a los talibanes). Es bastante fácil entender que ambas partes tengan sus propios planes. EEUU y Karzai tienen ideas diferentes sobre el tema. Tras no haber conseguido derrotar a los talibanes, EEUU está interesado en lograr un acuerdo con ellos al margen de Karzai. En el verano de 2013, EEUU tomó la decisión de buscar la participación de los talibanes (declarados enemigos de EEUU y guardianes de Al Qaeda en 2001) en unas negociaciones de paz, excluyendo a Karzai de las mismas. Sintiéndose traicionado, el líder afgano no tardó en rechazar la iniciativa norteamericana y cualquier proceso de paz que no tuviera su consentimiento y participación activa.

Los dos últimos meses, Karzai se ha negado a firmar un acuerdo de paz. Está dilatando hábilmente este asunto para dar tiempo a la formación de un nuevo gobierno en Kabul, tras la celebración de las elecciones presidenciales previstas para abril de 2014. La creciente desconfianza entre Washington y Karzai, la escalada en la polarización política entre los diferentes grupos étnicos y regionales y el deterioro de la ley y el orden dentro de Afganistán han elevado el nivel de incertidumbre en el país. Los temores de un posible retraso de las elecciones presidenciales previstas en Afganistán han empezado a aparecer en los círculos diplomáticos internacionales. Por otro lado, los talibanes están menos interesados incluso que EEUU en hablar con Karzai, a quien no le otorgan ninguna entidad. Han mostrado, además, muy poco interés en participar en las mencionadas elecciones presidenciales en la medida en que estas tengan lugar bajo la protección de las fuerzas de ocupación. Las luchas por el poder entre los principales actores (EEUU, Karzai y los talibanes) han complicado mucho el panorama político afgano. Pero en esta situación, los talibanes han emergido como una fuerza determinante.

Las luchas en el interior de Afganistán tienen una dimensión regional y global. Karzai y EEUU han intentado convencer a otros actores regionales para que tomen en parte en el juego; en particular, Pakistán, con el fin de aprovechar la influencia de Islamabad sobre los talibanes para llevar a estos a la mesa de negociaciones, pero para favorecer sus propios intereses. En Occidente se cree que Pakistán es el “padrino” de los talibanes y que podría desatascar el actual punto muerto entre EEUU y los talibanes, tras las recientes conversaciones de Doha, y posibilitar así el desarrollo del plan de Washington. Pero esta idea occidental no se corresponde con la realidad. Entre 2001 y 2008, el ejército pakistaní y el ISI [poderoso servicio de inteligencia pakistaní, N. del T.] apoyaron a Bush contra los talibanes; durante ese periodo, la dirección de los talibanes no solo fue diezmada, sino que fue vendida a la CIA como sospechosos de terrorismo. Por otra parte, varios líderes talibanes de alto rango han muerto en cárceles pakistaníes en los últimos años.

En términos estratégicos y militares, la salida de las fuerzas de la OTAN está suponiendo que el ejército nacional afgano, que ha sido entrenado durante años por militares de la OTAN, se esté haciendo con el control de las fuerzas de seguridad. La OTAN espera que el ejército y las fuerzas de seguridad afganas protegerán al destacamento norteamericano en los años venideros. ¿Es esto realista? En su despacho del 11 de septiembre de 2013, el corresponsal del New York Times en Kabul, Azam Ahmed, informó sobre el creciente número de soldados afganos que aprovechaban los días de permiso para desertar. El 20 de septiembre, otra información de Kabul pintaba un cuadro nada optimista con respecto al escenario futuro de la seguridad en Afganistán, refiriéndose al incidente protagonizado por un soldado del ejército afgano que mató a tres oficiales de la OTAN en un tiroteo. Este sombrío panorama plantea una seria pregunta: ¿permanecerá el ejército afgano como institución sólida después de 2014? La idea de mantener en Afganistán a los oficiales encargados del entrenamiento de los soldados afganos parece más un deseo que una realidad.

La siguiente pregunta que se plantea se refiere a la fuerza antiterrorista. ¿Cuál será la misión de esta fuerza en el futuro? La realidad sobre el terreno parece contradecir la posición expresada por la OTAN. Lo cierto es que Washington desea mantener esta fuerza como parte de un consorcio de espionaje de la OTAN, dirigido por la CIA, cuyo principal objetivo sería realizar operaciones secretas dentro de Pakistán e Irán. La verosimilitud de estos planes ha sido refrendada por los últimos archivos filtrados de la NSA, que ofrecen detalles alucinantes sobre la vigilancia electrónica de Pakistán e Irán efectuada por Estados Unidos.

Los archivos de la NSA también sugieren que los planes de operaciones encubiertas en Afganistán y en los países vecinos no solo son peligrosos, sino potencialmente catastróficos. El resultado será un descenso progresivo de la región “AfPak” a los infiernos, baños de sangre y caos. ¿Es este el objetivo último de EEUU-OTAN para la región? ¿No han aprendido nada EEUU y la OTAN de sus desastrosas políticas de los 12 últimos años? Para encauzar el futuro de Afganistán en una dirección diferente, EEUU podría jugar un papel positivo y constructivo si permitiera que los principales actores afganos decidieran el futuro del país por sí mismos, bajo los auspicios de un paraguas de la ONU. Afortunadamente, la dirigencia de los talibanes ha dado recientemente señales positivas de su disposición a cooperar con la comunidad internacional. ¿Está EEUU dispuesto a ayudar a parar el derramamiento de sangre? ¿Son los planes y políticas actuales de EEUU acordes con sus proclamas de potencia benevolente? Los líderes de EEUU no hacen lo que dicen. Si esta peligrosa tendencia de juegos de poder continúa, la paz en esta desventurada región seguirá siendo un sueño lejano.

Traducción: Javier Villate