Más de la mitad del terrorismo se concentra en tres países

Aunque el número total de actos terroristas en el mundo ha venido creciendo constantemente, también se ha ido concentrando en unos pocos países.

Nuevos datos publicados esta semana por el Consorcio Nacional de Estudios del Terrorismo y Respuestas al Terrorismo, con sede en la Universidad de Maryland, muestra que, en 2012, solo tres países (Pakistán, Irak y Afganistán)  han conocido el 54 por ciento de los ataques terroristas y el 58 por ciento de las víctimas. India, Nigeria, Somalia, Yemen y Tailandia ocuparon los siguientes puestos.

En total, hubo 8.400 ataques terroristas que mataron a más de 15.400 personas. Los datos también muestran que, tras la muerte de Osama Ben Laden, Al Qaeda parece estar en declive, aunque sus vástagos siendo causando estragos.

Entre estos vástagos, se encuentran los talibanes (más de 2.500 víctimas mortales), Boko Haram (más de 1.200 víctimas mortales), Al Qaeda de la Península Arábiga (más de 960), Tehrik-e Talibán Pakistán (más de 950), Al Qaeda de Irak (más de 930) y Al-Shabab (más de 700).

Supongo que las cifras de Shabab y Boko Haram se habrán incrementado en 2013, pero merece la pena señalar que el terrorismo es algo cada vez más habitual y, al mismo tiempo, un fenómeno extremadamente raro en la mayor parte del mundo.

Fuente: Over half of world’s terrorism confined to three countries

Con informaciones como esta, insertas machaconamente en la gran mayoría de los medios de comunicación, vamos interiorizando una visión del terrorismo que excluye los ataques bárbaros de los ejércitos occidentales y, en realidad, de los ejércitos del mundo entero. No considerar terrorismo, por ejemplo, el ataque de EEUU con un avión no tripulado contra una boda yemení que acabó con la vida de más de una docena de civiles inocentes es algo absolutamente injustificado. No se diferencia en nada de un atentado islamista en Irak o en Siria.

Más aún, la invasión de Irak fue, igualmente, una guerra terrorista de EEUU y sus aliados occidentales contra el pueblo iraquí. Terrorismo fue el atroz asedio de Faluya y de tantas otras localidades del país. Y terrorismo son los continuos ataques con aviones no tripulados que tienen lugar en Pakistán y otros países.

Si fuéramos honestos y críticos, no sería extraño que esta macabra lista fuera encabezada por el ejército de EEUU y seguida por otros ejércitos antes que por los talibanes. No existe una justificación más débil como la de que este terrorismo esté protagonizado por soldados uniformados que reciben órdenes de presidentes y jefes de estados, en vez de por militantes organizados por su cuenta (en teoría). Los muertos son los mismos (personas inocentes), los derechos humanos violados son los mismos, la naturaleza de la violencia ejercida es la misma, las armas utilizadas son casi las mismas, la destrucción de los países es la misma… La gran diferencia es que, en un caso, quienes promueven el terrorismo son las democracias occidentales, es decir, la hipocresía protegida por los medios de comunicación y la insolidaridad humana.

Los intereses o los ideales que defienden los terroristas (uniformados o no) son, a estos o efectos, irrelevantes. Los cínicos que argumentan que no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos pasan por alto que la tortilla se sitúa allá a los lejos, en un futuro incierto que, probablemente, no llegue nunca, mientras que los huevos que se rompen son las vidas que se truncan aquí y ahora, los países que se destrozan aquí y ahora. El problema de los fines y los medios no es ni una relación de justificación ni una operación mística de identificación de unos y otros (que es la vía preferida por la nueva izquierda). El problema es que los fines pertenecen a un futuro imaginado en la mente de unos y, por lo tanto, inexistente por definición, mientras que los medios son los actos que se llevan a cabo aquí y ahora y que nos afectan, a las sociedades, a los países y a las personas, de forma inmediata. Es insostenible justificar el horror causado ahora por un futuro brillante inexistente, como lo es identificar en el papel fines y medios o hablar de coherencia entre unos y otros, porque nadie sabe qué demontre es eso. Solo se pueden juzgar los hechos y a quienes los promueven por sus efectos aquí y ahora. JV