¿Qué pasaría si un avión no tripulado atacara una boda norteamericana?

Conor Friedersdorf

Fuente: If a Drone Strike Hit an American Wedding, We’d Ground Our Fleet, The Atlantic, 16/12/2013

El día que me casé, mi esposa y yo alquilamos dos furgonetas para trasladar a los invitados desde un hotel de San Clemente a un lugar cercano, donde tuvo lugar la ceremonia y la recepción. Pensé en nuestros amigos y familiares en esas furgonetas cuando leí la última espantosa consecuencia de la guerra de EEUU con aviones no tripulados: “Un avión no tripulado estadounidense atacó a los participantes en una boda en la provincia Al-Baitha de Yemen, después de que los servicios de inteligencia informaran de que los vehículos llevaban militantes de Al Qaeda”, dijo la CNN, citando fuentes del gobierno en Yemen. “Las autoridades dijeron que 14 personas murieron y 22 resultaron heridas, nueve de ellas en estado crítico. Los vehículos circulaban cerca de la ciudad de Radda cuando fueron atacados”.

¿Pueden imaginarse la exhaustiva información de los medios, la indignación y la empatía hacia las víctimas que se producirían si una boda estadounidense fuera atacada de esta forma? ¿Qué dirían de una potencia extranjera que hubiera atacado su boda de esta manera?

 Los Angeles Times siguió los hechos y se encontró con cifras de víctimas ligeramente diferentes: “El número de muertos llegó a 17 durante la noche, según dijeron el viernes las autoridades sanitarias de la provincia central de Bayda. Cinco de estas personas muertas eran sospechosas de ser miembros de Al Qaeda, pero el resto no eran militantes, dijeron las autoridades de seguridad yemeníes”.

Más de una docena de muertos, muchos más heridos y un número desconocido de supervivientes cuyas vidas tomaron un giro angustioso que no podemos imaginar, y todo ello porque había cinco personas sospechosas de estar vinculadas con Al Qaeda. ¿Cuántos terroristas reales de Al Qaeda tendríamos que matar con aviones no tripulados en Yemen para que los beneficios de nuestra guerra con este tipo de aviones superaran únicamente a los costes de este ataque catastrófico? Si las agresiones de EEUU con aviones no tripulados pusieran en peligro de forma pareja bodas norteamericanas, ¿toleraríamos un solo día más nuestro programa de asesinatos con estos aviones? Esta política persiste porque damos poco valor a las vidas de extranjeros inocentes. Aunque habláramos de ellos al referirnos al apenas imaginable horror del día de su boda, eso no sería más que un momento fugaz en nuestros medios de comunicación, rápidamente eclipsado por el último álbum de Beyoncé.

El gobierno de Obama habla cínicamente de ataques “quirúrgicos”, como si las cirugías siempre ocasionaran decenas de víctimas. “Antes de que se lleve a cabo un ataque, debe existir una certeza casi total de que no morirán ni serán heridos civiles; esta es la condición más exigente que podemos establecer”, dijo el presidente Obama en mayo pasado. La información de la CNN sobre este último ataque dice: “El convoy estaba compuesto por 11 vehículos y las autoridades dijeron que cuatro de ellos fueron atacados”. ¿Se estaba intentando matar solamente a los supuestos terroristas que viajaban en un convoy de personas inocentes, aplicando las normas más exigentes que podemos establecer para evitar muertes de civiles? Si así fuera, los resultados hablan por sí mismos.

En el mismo discurso de mayo, Obama dijo:

Recordemos que los terroristas que perseguimos atacan a civiles y la cifra de muertos de sus actos de terrorismo contra musulmanes empequeñece cualquier estimación de víctimas civiles de nuestros ataques con aviones no tripulados. Así que no hacer nada no es una opción. Cuando los gobiernos extranjeros no pueden o no quieren detener eficazmente el terrorismo en su territorio, la principal alternativa a la acción letal sería el uso de opciones militares convencionales. Como ya he dicho, incluso las operaciones especiales pequeñas tienen riesgos enormes. Las armas aéreas convencionales o los misiles son mucho menos precisos que los aviones no tripulados y, probablemente, causarían más víctimas civiles y más indignación local.

Y las invasiones de estos territorios nos llevan a ser vistos como ejércitos ocupantes, dando rienda suelta a una catarata de consecuencias no deseadas difíciles de contener, que causarían grandes cantidades de víctimas civiles y favorecerían, en última instancia, a quienes prosperan en los conflictos violentos.

¿Alguien cree que, si no fuera por nuestro programa de ataques con aviones no tripulados, EEUU habría enviado a la Fuerza Aérea o a tropas terrestres a esta boda? Los miles de ataques con aviones no tripulados que hemos realizado en los últimos años sugieren que EEUU está emprendiendo este tipo de operaciones porque sus costes son muy bajos y no, como afirman a veces sus defensores, porque nos libran de efectuar ataques aéreos e invasiones terrestres.

Por último, Obama dice que los ataque con aviones no tripulados solo se ordenan contra objetivos que representan “una permanente e inminente amenaza para los estadounidenses”. ¿Alguien puede creer que los “objetivos” que estaban en esta boda nos estarían atacando ahora si no fuera por esos misiles Hellfire? (Véase aquí, también, cómo usa Obama el término “inminente” de forma engañosa.)

Si ustedes no están de acuerdo con la creciente oposición internacional al programa de asesinatos selectivos de EEUU y creen que el uso frecuente de mortíferos ataques con aviones no tripulados es algo necesario, deben reflexionar sobre cuál sería nuestra reacción si mataran a una docena de personas en una boda en Estados Unidos, matando a muchas personas inocentes. Si hemos de tener un programa de ataques con aviones no tripulados que ponen en peligro las vidas de civiles inocentes, deberíamos pedir disculpas por los terribles errores que cometemos, pagar las debidas reparaciones a los supervivientes y explicar qué medidas se tomarán para asegurarnos que nada parecido volverá a suceder. En cambio, según la CNN, “las autoridades de EEUU se negaron a comentar la información”.


Conor Friedersdorf es redactor de The Atlantic, donde escribe sobre política y temas nacionales. Vive en Venice, California, y es fundador de The Best of Journalism, un boletín dedicado a hechos excepcionales.

Traducción: Javier Villate