Cómo empezará la tercera ‘intifada’

Amira Hass

Fuente: How the third intifada will start, Haaretz, 11/12/2013

La tercera intifada empezará debido a que un soldado matará a otro niño, el fiscal militar decidirá una vez más que el asesinato cumplió con las normas, un burócrata firmará una orden de demolición de una casa, un jefe de la brigada seguirá mirando cómo los colonos golpean a unos pastores, un juez extenderá la prisión preventiva de otro manifestante, un colono pateará a una mujer joven… Algo de esto —fiel reflejo de la sociedad israelí y de su gobierno— será, una vez más, la gota que colmará el vaso. Una de estas acciones violentas que ellos y decenas de miles de israelíes cometen a diario de forma rutinaria, mientras preparan el bocadillo para el niño, publican un mensaje en Facebook o rezan en la sinagoga, prenderá la chispa.

Los niños del campamento de refugiados de Yalazun no contaron la verdad cuando dijeron a los periodistas y a los investigadores de B’Tselem y Cruz Roja que no se habían tirado piedras antes de que los soldados dispararan a su amigo Wayih Al-Ramahi. Es así como se protegen de la extendida, dominante y vengativa mentira de que son niños violentos. Los adultos se preguntan, en el fondo de sus corazones, si sus hijos deben jugar con sus vidas con el fin de recordar al invasor armado que no es bienvenido, o bien recordar a aquellos que viajan en coches oficiales desde Ramala que no son los gobernantes de un país independiente.

Ramahi, que en enero de 2014 habría cumplido 16 años, tal vez tiró piedras el sábado por la tarde o tal vez estaba mirando. Los niños que tiraron piedras estaban al menos a 150 metros del puesto de observación militar israelí y de los soldados, y a unos 200 metros de las casas más cercanas del asentamiento de Beit-El. A esa distancia, los soldados no corrían ningún peligro y tampoco los colonos. La bala mortal disparada por un soldado israelí le entró a Wayih por la espalda. El nombre del soldado ha sido mantenido en secreto por el sistema de justicia militar y por las convenciones periodísticas israelíes, que dictan que el nombre de cualquier palestino debe ser rápidamente publicado, mientras que la identidad de los soldados debe ser protegida.

El soldado disparó cuando el niño (que en Israel es considerado “joven” porque es palestino) estaba huyendo, ya que los soldados habían empezado a disparar. Ni siquiera se molestaron en usar gas lacrimógeno.

La cosa más importante que sabemos es que el lanzamiento de piedras comenzó después de que los soldados aparecieran, según las propias fuentes militares. Dijeron que “un escuadrón del Batallón Tzabar de la Brigada Givati se desplegó en emboscada para detener a las personas que tiraban piedras. Durante los hechos, [los palestinos] comenzaron a tirar piedras al escuadrón y a los israelíes del área. Según la información, el jefe del escuadrón inició el procedimiento para arrestar a un sospechoso, pero ya se había hecho el disparo”.

Muy típico. Durante 47 años, eso es lo que han estado haciendo los soldados israelíes y no ha sido suficiente. Disparan al aire balas que matan niños y se dedican a provocar para matar el aburrimiento, se presentan en los barrios, arrogantes, con sus uniformes, sus armas y sus vehículos, diciendo que se trata de seguridad. Luego, vuelven a sus prósperos y bien dotados asentamientos. La madre de todas las provocaciones.

El soldado que disparó no podía saber que la familia de Wayih ha estado luchando contra la violencia israelí durante años. Sus hijos son activistas de Fatah que pasaron varios años en las cárceles israelíes antes de los acuerdos de Oslo y, como castigo, dos de sus casas fueron demolidas y otras dos, selladas. En la última década, dos de sus hijos (de 14 y 21 años) han sido asesinados por soldados israelíes. Tres de sus hijos, incluyendo uno de los hermanos de Wayih, están ahora encarcelados en Israel.

El soldado no podía saber —y evidentemente tampoco estaba interesado en ello— que la familia Al-Ramahi es originaria de Muzayriah, un pueblo cercano a Lod, uno de los 36 pueblos destruidos por Israel después de la guerra de 1948 y cuyos refugiados viven ahora en Yalazun. En 1994, la familia de Wayih apoyó los acuerdos de Oslo y el “proceso de paz”, y participó en la formación de la Autoridad Palestina.

Los rostros pálidos y sin lágrimas de la familia Al-Ramahi mostraban que ellos sabían perfectamente que con estos soldados y este gobierno, solo pueden esperar más tragedias, más opresión y más lucha.

Traducción: Javier Villate

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