Por la paz y la libertad de los palestinos: imponer sanciones a Israel

Gideon Levy

Fuente: El caso de Irán lo prueba: las sanciones conseguirán que Israel ponga fin a la ocupación, Window into Palestine, 30/11/2013

Gideon Levy es un gran periodista israelí y un gran defensor de la causa palestina. Tengo un profundo respeto por su trabajo periodístico y por el coraje que demuestra al defender ideas y revelar hechos que la gran mayoría de la sociedad israelí no quiere escuchar y que, de hecho, persigue e intentar asfixiar. Precisamente por ese respeto y admiración, quiero señalar que hay algunos aspectos de este artículo con los que no estoy de acuerdo. En primer lugar, no creo que las sanciones a Irán hayan sido justas en absoluto, aunque hayan sido más o menos efectivas desde el punto de vista de Occidente, algo igualmente discutible. No creo justo que Occidente, exhibiendo una hipocresía y una doble moral insoportables, persiga impedir que Irán, y solo Irán, no fabrique la bomba atómica, mientras mira para otro lado cuando se denuncia que Israel tiene un enorme arsenal de armas nucleares (véase Países con armas nucleares – Wikipedia, la enciclopedia libre) y cuando India y Pakistán, dos países enfrentados históricamente por el territorio de Cachemira, uno de los puntos más calientes del planeta, también tienen bombas nucleares. Para no hablar de EEUU, Rusia, Francia, Reino Unido, China y Corea del Norte. ¿Por qué los grandes dominadores y belicistas del mundo han de tener derecho de pernada?

En segundo lugar, Levy da por supuesto que Israel debe seguir existiendo. También es discutible. La creación del estado de Israel fue un acto de guerra, conquista militar y limpieza étnica, lo cual le priva de todo carácter legítimo. Israel, como estado judío, carece de toda legitimidad. Dicho esto, no se trata, ciertamente, de “destruir” Israel, sino de transformarlo en un estado democrático de todos los ciudadanos, con iguales derechos y con sus vidas y propiedades igualmente protegidas, empezando por los refugiados palestinos. JV

Parece que las sanciones internacionales funcionan y que el boicot es una herramienta sin igual. Incluso el primer ministro de Israel ha admitido esto: ha pedido al mundo que no suavice las sanciones a Irán, sino que las intensifique y siga el ejemplo del ruidoso grupo de presión judío de Estados Unidos.

La moraleja es clara: esta es la forma de actuar con estados recalcitrantes. Esto se aplica no solo a Irán, donde la teoría se está verificando ante nuestros ojos, sino a otro país que no obedece las decisiones de la comunidad internacional.

Israel ha firmado con la Unión Europea (UE) el acuerdo Horizonte 2020 para la investigación científica, que prohíbe financiar a compañías o instituciones que tengan vínculos con los asentamientos. Esto es una prueba irrefutable de que la amenaza de boicot funciona bien también con Israel.

Al firmar el acuerdo, Israel echó una mano al primer boicot internacional oficial de los asentamientos. No hay otra forma de valorar este acuerdo, aunque incluyamos el apéndice especial que añadió Israel en señal de protesta. Israel, que aprueba leyes indecentes contra los llamamientos al boicot en su contra, claudicó y firmó las estipulaciones del boicot cuando su bolsillo empezó a vaciarse.

Ahora tenemos un boicot limitado y un anuncio de lo que vendrá. Las negociaciones sobre el acuerdo fueron llevadas a cabo por la ministra israelí de justicia Tzipi Livni, cuya oficina está ubicada en el corazón de Jerusalén Este, la ciudad árabe ocupada. Por alguna razón, la UE no le ha boicoteado por esto. Las negociaciones sobre los fondos que fluyen lentamente hacia los asentamientos están siendo conducidas con una ministra que, según todo el mundo, tiene su oficina en un asentamiento de la calle Saladino de Jerusalén.

Este absurdo revela la hipocresía del boicot a los asentamientos. Cada organización, institución o autoridad israelí está implicada, de alguna forma, con lo que está pasando más allá de la Línea Verde. Cada banco, universidad, cadena de supermercados o institución médica tiene sucursales, empleados o clientes que son colonos. Los asentamientos son un proyecto esencial para Israel y el boicot no puede limitarse a ellos, de la misma forma en que el boicot al régimen africano del apartheid no se limitó a las instituciones del apartheid.

Allí todo era apartheid y aquí todo está contaminado por la ocupación. Israel financia, protege y promueve los asentamientos, así que todo Israel es responsable de su existencia. Es injusto boicotear solamente a los colonos. Todos somos culpables. Por otro lado, un boicot a todo Israel es probable que se transforme en un rechazo de su misma existencia, algo que la mayoría del mundo no quiere. Por consiguiente, debemos contentarnos con el boicot limitado, aunque esté contaminado por la doble moral. Debemos sacar lecciones de ello.

El éxito alcanzado con Irán debe convertirse en la hoja de ruta internacional para poner fin a la ocupación israelí y a la negación de los derechos de los palestinos. El esquema es claro. Hemos tenido una vía diplomática y décadas de “proceso de paz” —el más largo de la historia— que han fracasado. Hemos tenido innumerables planes de paz, enterrados en los cajones, mientras que Israel ha continuado construyendo asentamientos sin restricciones, contraviniendo a todo el mundo.

Así que ha llegado la hora de las sanciones. Cuando estas se dejen sentir en Israel, solo entonces tendría sentido formar un comité internacional, sea en Ginebra, Jerusalén, Oslo o Ramala, donde el mundo traduzca las sanciones económicas en avances políticos.

Esto funcionó con Irán y funcionará con Israel, evitando más derramamientos de sangre. No hay razones para seguir con la mascarada de las conversaciones de paz que, con la excepción del secretario de estado de EEUU John Kerry, nadie se las toma en serio. Pero incluso él se convencerá de que, mientras los israelíes no paguen un precio por la ocupación, no le pondrán fin. Esa es la verdad.

La verdad es una amarga realidad con la que ningún israelí puede estar contento. Desconectada de la realidad internacional, la mayoría de los israelíes está convencida de que el status quo de un país en el que las personas de una nación carecen de todos los derechos, mientras las personas de otra nación disfrutan de plenos derechos, no puede continuar indefinidamente. Quizá sea este el logro histórico real de las negociaciones con Irán. Tal vez sea la última llamada de atención para que Israel, esa bella durmiente, despierte.


Gideon Levy es columnista y miembro del consejo editorial del diario israelí Haaretz. Ha sido galardonado en varias ocasiones y su último libro es The Punishment of Gaza, recientemente publicado por Verso Publishing House.

Traducción: Javier Villate