Israel y Estados Unidos: acuerdos y desacuerdos

Norman Solomon y Abba A. Solomon

Fuente: Overplaying Its Hand, Israel Still Holds Plenty of U.S. Cards, Information Clearing House, 27/11/2013

Israel está más aislado que nunca de la opinión pública y de esa indefinida entidad conocida como “comunidad internacional”. El gobierno israelí ha condenado el acuerdo nuclear con Irán, que es, según cualquier criterio racional, un paso positivo que nos aleja de la amenaza de una guerra catastrófica.

A corto plazo, las respuestas beligerantes del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu están condenadas a sonar mal en la mayoría de los medios de comunicación estadounidenses. Pero Netanyahu y las fuerzas que representa no han hecho más que empezar la lucha. Quieren una guerra con Irán y están decididas a ejercer toda la presión necesaria en el establishment de Washington.

Aunque es poco probable que esas presiones puedan anular el acuerdo nuclear de seis meses que acaba de alcanzarse con Irán este fin de semana, sus esfuerzos intentarán obstaculizar y destruir las negociaciones en el futuro. En el Congreso, los republicanos están atacando al gobierno y algunos destacados demócratas han criticado también el acuerdo firmado en Ginebra.

Se ha extendido el temor de que tal vez esté disminuyendo la influencia de los grupos de presión proisraelíes en las decisiones del gobierno. Ese temor se percibe en las reacciones negativas de Netanyahu (“un error histórico”), de congresistas republicanos como el presidente del Comité de Inteligencia del Congreso Mike Rogers (“una especie de permiso para que continúe el enriquecimiento [de uranio]”) y del senador Saxby Chambliss (“les hemos dejado salir de la trampa”), así como de parlamentarios demócratas como el presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado Robert Menendez (“este acuerdo no reducirá proporcionalmente el programa nuclear de Irán”) y el senador Charles Schumer (“no parece proporcional”).

Netanyahu y muchos otros israelíes —así como el poderoso grupo de presión estadounidense AIPAC y muchos otros con similares puntos de vista en los medios de comunicación y en la política norteamericanos— temen que la capacidad de Israel para manejar a los políticos de Washington haya empezado a desaparecer. “Nuestro trabajo es advertir”, dijo el poderoso ministro de finanzas israelí Yair Lapid a la Radio del Ejército de Israel el domingo. “Tenemos que conseguir que EEUU nos escuche como nos ha escuchado en el pasado”.

Este invierno y la primavera, el gobierno israelí y sus aliados están dispuestos a bombardear los medios de comunicación y los círculos políticos de EEUU con una intensa propaganda. “Israel complementará su diplomacia pública y privada con otras herramientas”, dijo el New York Times el lunes pasado desde Jerusalén. “Varios políticos y analistas dijeron aquí que Israel lanzará sus aparatos de inteligencia para poner de relieve violaciones del acuerdo provisional”. Traducción: Israel hará todo lo posible para sabotear la próxima ronda de negociaciones e impedir una resolución pacífica de la disputa sobre el programa nuclear de Irán.

De cara al futuro, ¿puede el gobierno de EEUU poner en práctica un importante cambio en su política para Oriente Medio sin la aceptación, aunque sea a regañadientes, del gobierno israelí? Esta cuestión afecta al corazón de la ocupación israelí, que dura ya 47 años.

Israel sigue construyendo asentamientos judíos ilegales en Cisjordania. La supresión de los derechos humanos fundamentales del pueblo palestino continúa todos los días a gran escala en Cisjordania y Gaza. No hay razones para esperar otra cosa a menos que el principal patrón político, militar y económico de Israel, Estados Unidos, se ponga firme y se niegue a apoyar esas políticas reprobables. Solo pueden terminar cuando la “relación especial” entre EEUU e Israel deje de ser tan especial y sea conforme con los derechos humanos y contraria a toda agresión militar.

Esta forma de hablar es aborrecible para quienes están inmersos en la idea de que EEUU debe ser un avalista fiable de las políticas de Israel. Pero cuando esas políticas son equivocadas, el gobierno de EEUU no debe apoyarlas.

Los obstáculos para este cambio de política son hoy menos elevados que en el pasado, pero siguen siendo enormes. Como dijo William Faulkner, “el pasado no está muerto. De hecho, ni siquiera es pasado”. Esto se aplica perfectamente a la historia de ganar y mantener el apoyo inequívoco de EEUU a Israel.

Grupos de presión muy influyentes en EEUU como AIPAC (que se llama a sí mismo “grupo de presión pro-Israel de Estados Unidos”), Cristianos Unidos por Israel (“la organización proisraelí más grande de EEUU, con más de un millón de miembros”, según el Jerusalem Post) y otros similares han construido 65 años de amplio y exitoso apoyo a Israel en Estados Unidos.

En la base de su trabajo estaba la premisa de la compatibilidad y comunión de los intereses israelíes y estadounidenses. Hasta el final de la Guerra Fría, la ayuda a Israel era vista como una forma de obstaculizar la influencia soviética en la región. Especialmente desde el 11-S, el apoyo de EEUU a Israel se ha considerado como la ayuda a un precioso baluarte contra el terrorismo.

Desde la exitosa campaña de 1947 para presionar la aprobación de la partición de Palestina en la Asamblea General de la ONU, los líderes de Israel se han coordinado estrechamente con las organizaciones judías norteamericanas. Los representantes del gobierno israelí en EEUU se reúnen regularmente con los principales dirigentes de los grupos judíos estadounidenses para transmitirles lo que Israel quiere y para identificar a los políticos claves de Washington que manejan los asuntos de interés. Esas reuniones han incluido discusiones sobre la imagen de Israel que debe promoverse en la sociedad estadounidense, con eslóganes tan familiares como “hacer florecer el desierto” y “puesto de avanzada de la democracia”.

Como cualquier miembro del Congreso de EEUU sabe, las donaciones para las campañas y los mensajes de los medios de comunicación siguen alimentando a los políticos que simpatizan con Israel. A los políticos y los cargos públicos que no simpatizan o no cooperan lo suficiente se les ha aplicado la siguiente medicina: retirada de las donaciones para sus campañas, apoyo a sus oponentes y denigración en los medios de comunicación. Esta medicina ha demostrado su eficacia, ha servido como un aviso preventivo para aquellos políticos tentados de mear fuera del tiesto.

El poderoso Comité Judío Americano decidió en 1953 que “en su mayor parte, las organizaciones no judías y no sectarias debían ser utilizadas como portavoces” de su activismo proisraelí. Este planteamiento ha dado sus frutos. Ha madurado con el paso del tiempo y hoy sus mensajes se distribuyen ampliamente a través de organizaciones de casi todos los colores y a través de los grandes medios de comunicación.

Este año, los dirigentes israelíes han intensificado su estridente campaña contra Irán, retratado como el próximo Tercer Reich genocida, presentándose a sí mismos como los protectores de los judíos durante el Holocausto. Para algunos, esta propaganda tiene un gran poder emocional. Pero no debe permitirse que impida una resolución diplomática de la disputa nuclear con Irán.

A partir de ahora y hasta el próximo verano, la lucha en torno a las conversaciones con Irán será feroz y apocalíptica. Todos los indicios apuntan a que Israel —y muchos de sus aliados en EEUU— se esforzará por arruinar las posibilidades de una solución pacífica.


Norman Solomon es director fundador del Institute for Public Accuracy y autor de War Made Easy: How Presidents and Pundits Keep Spinning Us to Death. Abba A. Solomon es autor de The speech, and its context : Jacob Blaustein’s speech “The meaning of Palestine Partition to American Jews” given to the Baltimore Chapter, American Jewish Committee, February 15, 1948. Sitio web: www.normansolomon.com

Traducción: Javier Villate