Calentamiento global, tifón ‘Yolanda’ y Filipinas

Profesor Michel Chossudovsky

Fuente: Global warming, Typhoon Haiyan and the Philippines, Russia Today, 14/11/2013

El tifón Yolanda (Haiyan), el más fuerte tifón tropical del que se tiene conocimiento, ha tenido consecuencias devastadoras para Filipinas. El desastre natural se ha llevado las vidas de más de 10.000 personas.

Se estima que unas 615.000 personas han sido desplazadas y hasta 4,3 millones han resultado afectadas, según fuentes del gobierno.

La tragedia ha sido tema de discusión en la conferencia sobre cambio climático de Varsovia, celebrada bajo los auspicios de la ONU. En ella se le ha relacionado causalmente, sin evidencia alguna, con el calentamiento global.

A pesar de que no existe evidencia científica de que el tifón sea una consecuencia del calentamiento global, los discursos de apertura de la cumbre de Varsovia dieron a entender en términos inequívocos que existe una comprobada relación causal. La directora ejecutiva de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC), Christiana Figueres, declaró, sin pruebas, que el tifón formaba parte de la “cruda realidad” del calentamiento global.

Por su parte, el representante de Filipinas ante la ONU en la citada cumbre, Yeb Sano, declaró en su discurso en la sesión de apertura que “tifones como el ‘Yolanda’ y sus efectos son una seria llamada de atención a la comunidad internacional de que no podemos darnos el lujo de posponer medidas sobre el cambio climático. Varsovia debe reafirmar nuestra ambición y reunir la voluntad política necesaria para afrontar el cambio climático”.

En una amarga ironía, la tragedia de Filipinas ha contribuido a reforzar un consenso que engorda indirectamente los bolsillos de las corporaciones que están presionando para alcanzar un nuevo acuerdo sobre el comercio del dióxido de carbono. Cap-and-trade [fijación de límites y compraventa de derechos de emisión, N. del T.] es un negocio de miles de millones de dólares que se beneficia del consenso del calentamiento global.

Según Christiana Figueres, “tenemos que clarificar la financiación que permita a todo el mundo avanzar hacia un desarrollo bajo en dióxido de carbono […] Hay que poner en marcha la construcción de un mecanismo que ayude a las poblaciones vulnerables a responder a los efectos anticipados del cambio climático”.

Como es sabido y está documentado, los mercados cap-and-trade están manipulados. Lo que está en juego es el comercio de derivados del carbono, que está controlado por poderosas instituciones financieras como JP Morgan Chase. En 2008, Simon Linnett, vicepresidente ejecutivo de Rothschild, reconoció la naturaleza de este negocio de miles de millones de dólares.

“Como banquero, yo también celebro el hecho de que el sistema cap-and-trade se esté convirtiendo en el método dominante para controlar las emisiones de dióxido de carbono. A diferencia de los impuestos o de la regulación pura y dura, cap-and-trade ofrece mayores posibilidades de participación e innovación del sector privado”, dijo Linnett según The Telegraph.

Cap-and-trade y productos derivados se nutre del consenso sobre calentamiento global. Sin él, este comercio multimillonario no prosperaría.

La crisis humanitaria de Filipinas no tiene ninguna relación con el calentamiento global. Las consecuencias sociales del tifón ‘Yolanda’ se ven agravadas por la falta de infraestructuras y servicios sociales, por no mencionar la ausencia de una política coherente de viviendas. Las personas más afectadas por el tifón son las que viven en la pobreza en hogares improvisados.

Una reducción de las emisiones de CO2, como sugirió Yeb Sano en su discurso en la cumbre de Varsovia, no resolverá las carencias de una población empobrecida.

En Filipinas, las consecuencias sociales de los desastres naturales son invariablemente exacerbadas por las políticas macroeconómicas impuestas por los acreedores externos de Manila.

Lo que está en juego es la arremetida mortal de las reformas económicas neoliberales. Durante más de 25 años, desde la desaparición de la dictadura de Marcos, ha prevalecido la “medicina económica” del Fondo Monetario Internacional, basada en el llamado Consenso de Washington, que ha servido a los intereses de las instituciones financieras y las corporaciones mineras y agroindustriales.

El gobierno del presidente Benigno Aquino se ha embarcado en una renovada serie de medidas de austeridad, que suponen privatizaciones masivas y recortes en los programas sociales. Por otra parte, una gran parte del presupuesto estatal se ha redirigido hacia las fuerzas armadas, que están colaborando con el Pentágono en el programa Asia Pivot de Obama. Este programa —que sirve a los intereses de Washington a expensas de los filipinos— incluye la compra de avanzados sistemas de armamentos por un coste de 1.700 millones de dólares.


Michel Chossudovsky es un galardonado profesor de economía y escritor, fundador y director del Centro de Investigación sobre Globalización de Montreal y editor del sitio web globalresearch.ca.

Traducción: Javier Villate