Discriminación institucionalizada contra los no judíos en Israel

Jalid Amayreh

Fuente: Institutionalized discrimination against non-Jews in Israel, Occupied Palestine, 14/10/2013

 

Una reciente decisión de la Corte Suprema de Israel, que ha reafirmado la “nacionalidad judía” en contra de la “nacionalidad israelí”, ha alienado aún más a la gran minoría árabe de Israel y ha reavivado la vieja cuestión de si es posible reconciliar efectivamente las leyes judías parroquiales con los principios democráticos.

La corte rechazó una solicitud de 21 ciudadanos israelíes, judíos en su mayoría, de ser registrados como “nacionales israelíes”, no como judíos o árabes.

El rechazo de la nacionalidad israelí por el estado de Israel, argumentan los demandantes, es totalmente antidemocrático y equivale a una discriminación institucionalizada de los ciudadanos no judíos de Israel.

Los críticos, tanto judíos como árabes, calificaron la decisión como antidemocrática, a pesar de su fachada legal engañosa, dirigida a perpetuar el estatus de los no judíos, especialmente de los ciudadanos palestinos de Israel, que representan alrededor del 20 por ciento de la población, como ciudadanos inherentemente inferiores y degradados.

Las autoridades israelíes y los defensores de la decisión de la Corte Suprema argumentan, por su parte, que es vital mantener el “carácter judío” de Israel, al margen de las exigencias de la democracia y de la igualdad de los ciudadanos.

Expertos israelíes en relaciones públicas sostienen que la decisión no tiene consecuencias discriminatorias contra los no judíos de Israel y añadieron que la identidad judía de Israel no tiene por qué comisionar con los derechos civiles de las minorías étnicas y religiosas.

¿Judío y democrático?

Las autoridades israelíes suelen decir que Israel es un estado judío y democrático. Pero los críticos argumentan que esto es un “eslogan vacío” que no se corresponde con la realidad, pues Israel no puede ser talmúdico y democrático al mismo tiempo.

“Esto es una gran mentira. Israel puede ser judío o democrático, pero no las dos cosas, lisa y llanamente”, dice Hanna Issa, una destacada jurista de Ramala.

“Y todos sabemos que, siempre que surge un conflicto entre los aspectos “judío” y “democrático” del estado, el primero es el priorizado”.

Según Issa, Israel pretende alcanzar dos objetivos estratégicos “invocando el mantra del estado judío”. El primero es la expulsión y la limpieza étnica de los dos millones de palestinos y el segundo, impedir la repatriación de los refugiados palestinos que huyeron o fueron expulsados de sus casas cuando se creó Israel en 1948.

Y añade: “Cuando los ciudadanos no judíos de Israel demandan igualdad como ciudadanos, se enfrentan con el mantra del “estado judío”, pero cuando la comunidad internacional critica a Israel por la discriminación, a menudo descarada, de sus ciudadanos no judíos, se invoca el mantra del estado democrático. Estamos hablando, pues, de un discurso totalmente deshonesto”.

Estado-nación normal

Yigal Palmor, portavoz del ministerio de asuntos exteriores israelí, niega cualquier contradicción entre “la reanimación del carácter nacional judío de Israel”, por un lado, y la posible discriminación de los ciudadanos no judíos, por otro.

“Israel es judío en el mismo sentido que Francia es francesa y Noruega es noruega. Los dos países europeos mantienen sus respectivas identidades nacionales, a pesar de la existencia de minorías étnicas y religiosas en ellos”.

Palmor sostiene que, a pesar de la existencia de los kvenos en Noruega, este país sigue siendo Noruega, a pesar de que los kvenos no son noruegos. (Los kvenos son un grupo étnico que emigró a Noruega procedente de las áreas finesas y suecas del norte del Mar Báltico).

“Y en Francia, hay millones de ciudadanos franceses de origen magrebí, a pesar de los cual sigue siendo francesa. Lo mismo se aplica a Israel, donde hay minorías no judías y, sin embargo, sigue siendo un país judío. Es el estado del pueblo judío. Esto es exactamente lo que ha intentado reafirmar la decisión de la Corte Suprema”.

Las comparaciones de Palmor han sido enérgicamente criticadas por intelectuales judíos y árabes. Hasan Yabarin es dirigente de Adalah, un centro legal para los derechos de la minoría árabe en Israel. Él describe las analogías de Palmor entre Israel y Francia como “corruptas, escandalosas, absolutamente mendaces y un insulto a la inteligencia de la gente”.

“En Francia, una vez que te conceden la ciudadanía francesa, eres un ciudadano con todos los derechos. No les preguntan sobre su origen étnico o su religión, ni sobre la genealogía de su madre. En Israel, la ciudadanía israelí no te ayuda si no eres judío”, dice Yabarin, un veterano abogado, en una entrevista con este escritor.

“La naturaleza francesa de Francia y la naturaleza judía de Israel no son la misma cosa. Afirmar que lo son es un insulto a la verdad y al sentido común”. Y añadió: “En Francia, uno puede convertirse en ciudadano francés sin tener que convertirse al catolicismo o al cristianismo en general, pero en Israel no se puede llegar a ser judío a menos que uno tenga una madre judía o convertida al judaísmo según los rituales ortodoxos judíos. Estas son las proscripciones de la ley religiosa judía. Además, Francia es un estado de todos sus ciudadanos, pero Israel es definido como el estado del pueblo judío y por eso la Corte Suprema ha rechazado, en varias ocasiones, definir a Israel como un estado de todos sus ciudadanos”.

Yabarin argumentó que “las leyes descaradamente discriminatorias de Israel” han ido encaminadas a la consecución de dos objetivos principales: negar a los refugiados palestinos su derecho a regresar a sus hogares y pueblos en lo que hoy es Israel, y reducir el crecimiento demográfico de la comunidad árabe de Israel, mediante la expulsión y la limpieza étnica si es necesario. “Esa es la razón de que [el primer ministro Benjamín] Netanyahu siga exigiendo que los palestinos reconozcan Israel como un estado exclusivamente judío”.

¿Qué es ser “judío”?

Palmor y otros israelíes no tienen la pretensión de poseer una definición unificada o monolítica acerca de quién es judío. Pero meramente por propósitos de relaciones públicas, los portavoces de la Hasbara (propaganda) israelí dicen que ser judío significa, entre otras cosas, pertenecer a la “etnia judía”.

Sin embargo, de acuerdo con una encuesta reciente, el 50 por ciento de los israelíes definen ser judío como la observancia de la ley religiosa judía.

Para Gideon Levy, un veterano periodista e intelectual israelí, mezclar “la nacionalidad con la religión es la madre de todos los problemas”. Y añade: “Si ser judío significa algo religioso, entonces los judíos laicos como yo no podemos definirnos como judíos, pero si es una nacionalidad, entonces yo soy, ante todo, de nacionalidad israelí”.

Levy considera hipócrita que muchos judíos norteamericanos y europeos apoyen la discriminación institucionalizada de los ciudadanos israelíes no judíos, mientras que en sus respectivos países defienden agresiva y firmemente la laicidad y el principio de igualdad independiente de la pertenencia étnica y la religión.

“Israel no puede ser judía y democrática al mismo tiempo. Y en las actuales condiciones, un ciudadano no judío de Israel no tiene iguales derechos que un judío”, añadió.

Ada Ravon, una destacada abogada de Tel Aviv que se ocupa de asuntos de derechos civiles, señala que “no existe ninguna oportunidad de que un ciudadano no judío de Israel tenga los mismos derechos, sea tratado con igualdad. Así lo veo yo, al menos, en las actuales circunstancias”. Y añade: “De acuerdo con la Ley de Retorno, Israel es un estado judío y los no judíos no pueden ser ciudadanos con igualdad de derechos”.

Respondiendo a los críticos, Palmor admite que “puede haber problemas aquí y allá”. Pero agrega que “hay leyes suficientes en Israel que garantizan una igualdad básica”, aunque “la política es la política y no todas las leyes pueden ser aprobadas en el parlamento”.

Chaim Cohen, un intelectual judío, intentó acuñar una definición personal e indiscutible de quién es judío: dijo que judío es uno que se siente judío.

La gran mayoría de los judíos religiosos rechazó la definición por considerarla ambigua y demasiado abstracta.

Traducción: Javier Villate