El modelo norirlandés para Palestina/Israel

Ali Abunimah

Fuente: A Northern Ireland solution for Palestine?, The Electronic Intifada, 1/10/2013

El académico israelí Neve Gordon fue el blanco de una reacción enérgica de sus colegas y de grupos de presión israelíes como J Street hace cuatro años, cuando apoyó públicamente la campaña palestina por el boicot, las desinversiones y las sanciones (BDS, por sus siglas en inglés) contra Israel, aunque fuera como un último esfuerzo para salvar la “solución de dos estados”.

Ahora, aprovechando la conferencia del grupo de presión israelí J Street celebrada esta semana, Gordon ha escrito una tribuna de opinión en Los Angeles Times en la que sostiene que la solución de dos estados está esencialmente muerta.

Gordon propone una especie de solución de un estado híbrido, siguiendo el ejemplo del Acuerdo de Belfast de 1998 (también conocido como el “acuerdo de Viernes Santo”) para Irlanda del Norte.

He aquí un extracto del artículo de Gordon:

Irlanda del Norte ofrece un modelo de la vida real de una solución de un estado justa y equitativa, pues acomoda las diferentes identidades etnonacionales de los ciudadanos. En ciencia política, se llama “consociacionalismo”.

Basándose en los derechos individuales y colectivos, un gobierno consociacional garantiza la representación grupal, asegura un poder compartido en el ejecutivo y ofrece a los grupos un derecho de veto. Podría asegurar a israelíes y palestinos que ninguna decisión importante sería tomada sin un consentimiento amplio de los representantes de ambos grupos. No menos importante es la noción de “igualdad de consideración”, uno de los conceptos centrales del proceso de paz en Irlanda del Norte.

Requiere que cada parte respete la identidad y el ethos de la otra, incluyendo la diversidad lingüística, la cultura y la religión.

Con el fin de garantizar la igualdad política de las comunidades católica y protestante en Irlanda del Norte, el acuerdo de paz de Viernes Santo de 1998 asignó estatus esencialmente iguales al primer y viceprimer ministros. Cada grupo tiene el mismo número de presidencias de comités legislativos y existe un equilibrio de miembros en los organismos públicos, incluyendo el sistema judicial y las fuerzas de seguridad. Israelíes y palestinos tendrían que crear su propio modelo y, al menos inicialmente, podría ser bueno añadir a esta configuración básica una partición territorial interna de ciertas áreas, pero con fronteras porosas.

El consociacionalismo ofrece un marco sostenible para comenzar a abordar las contradicciones que surjan del deseo de Israel de mantener al mismo tiempo su carácter judío, controlar un territorio en el que viven 4,5 millones de palestinos y conservar un sistema democrático.

Irlanda del Norte como modelo

Aunque es alentador ver que el debate se mueve en esta dirección, es importante entender lo que pasó en Irlanda del Norte no como un potencial desvío de la necesidad de una profunda y real descolonización —”descolonización ética”, como dice Omar Barguti— que implique la eliminación de los privilegios de los judíos israelíes a cambio de la ciudadanía y la “indigenización”.

El consociacionalismo no puede convertirse en una puerta trasera para que los judíos israelíes conserven sus privilegios y el poder que les otorga.

Elementos del acuerdo de Viernes Santo fueron adoptados explícitamente por los autores palestinos, judíos israelíes y demás de la Declaración por Un Estado de 2007, que ofrece principios básicos para un estado único, democrático, descolonizado y laico:

Todo sistema de gobierno debe basarse en el principio de igualdad de derechos civiles, políticos, sociales y culturales de todos los ciudadanos. El poder debe ser ejercido con rigurosa imparcialidad en nombre de todas las personas respetando la diversidad de sus identidades.

Características consociacionales —no específicas del Acuerdo de Belfast— ya han sido propuestas por intelectuales y líderes políticos de la comunidad palestina de Israel, sobre todo en el documento de 2007 “Visión futura de los árabes palestinos de Israel”, publicado por el Comité Nacional de Representantes de las Autoridades Locales Árabes, así como en “Constitución Democrática” de Adalah y en la Declaración de Haifa.

A pesar de que estos documentos hablan solo de la democratización del estado de Israel en sus fronteras anteriores a 1967, fueron lo bastante provocadores para que el Shin Bet, los servicios secretos de Israel, prometiera “terminar con las actividades de cualquier grupo que buscara cambiar el carácter judío o democrático de Israel, aunque utilizara medios democráticos”.

No obstante, hay algunos aspectos del acuerdo de Irlanda del Norte que no pueden ni deben aplicarse a Palestina, donde el colonialismo sionista es más reciente que el inglés-escocés en Irlanda. Más aún, el colonialismo israelí sigue siendo un proceso en marcha de violenta desposesión.

Para saber más

En mi propio trabajo, he examinado detenidamente el caso de Irlanda del Norte en términos del proceso político que conduce a un acuerdo, así como en términos de la forma institucional-legal de un acuerdo político.

En un artículo de Al Yazira de 2012 (“Finkelstein, BDS and the destruction of Israel”), resumo las semejanzas históricas relevantes entre Palestina e Irlanda y cómo los principios del acuerdo de Viernes Santo podrían aplicarse en Palestina. El artículo está basado en parte en otro más extenso, “Lessons for Palestine from Northern Ireland: Why George Mitchell Couldn’t Turn Jerusalem into Belfast”, incluido en el libro de próxima publicación Palestine and the Palestinians in the 21st Century, editado por Mimi Kirk y Rochelle Davis.

También he examinado las implicaciones del Acuerdo de Belfast para las reivindicaciones de autodeterminación palestina y judía israelí en un informe preliminar de 2010 para Al-Shabaka: “Reclaiming Self-Determination“.

Y en 2011, en dos artículos de la revista Ethnopolitics examiné cómo los expertos en “conflictos étnicos” no han sabido tomar en serio la idea de que la partición podría no ser la solución en Palestina, sino el problema.

Sin querer despreciar su relevancia, es también importante reconocer que sus críticas van dirigidas al acuerdo de Belfast como tal y a su significado dentro de Irlanda.

El artículo de Gordon se ha publicado unas pocas semanas después de que el profesor de la Universidad de Pensilvania Ian Lustick escribiera una tribuna de opinión en el New York Times, en el que pedía que se examinaran las alternativas a la “ilusión de los dos estados”, lo que provocó una gran indignación entre los defensores acérrimos de la solución de dos estados.

Estos pasos son todavía tentativos, pero es bueno ver que este debate se está extendiendo, aunque sea tardíamente.

A medida que la solución de dos estados se vaya desvaneciendo, podemos esperar que el debate pase de la defensa de la “solución de un estado” a la reflexión sobre el tipo de estado que podría ser.


Ali Abunimah es cofundador de The Electronic Intifada y autor de One Country: A Bold-Proposal to End the Israeli-Palestinian Impasse.

Traducción: Javier Villate