Anarquismo filosófico

W. J. Whitman

W. J. Whitman es el ideólogo del “distribucionismo” anarquista, una corriente que tiene fuertes fundamentos religiosos transmitidos por G. K. Chesterton y Hilaire Belloc, pero a quien recomiendo leer con espíritu tolerante y amplitud de miras. Personalmente, me sobran todas las referencias que en este artículo se hacen a la Biblia, a Dios y al Anticristo, pero me detengo en unas cuantas pepitas de oro que espero que el lector/a encuentre por sí mismo/a. Si quiere saber algo más sobre las ideas de Whitman y el distribucionismo, hay que ir a The Anarcho-Distributist. En este artículo, Whitman arremete contra el estado con argumentos no muy empleados en la cultura anarquista occidental. De ahí su interés. JV

Soy oficialmente anarquista. Me considero un anarquista filosófico, como Mahatma Gandhi, León Tolstoy, J.R.R. Tolkien, Nikolai Berdyaev y Henry David Thoreau. Fui durante un tiempo minarquista y escribí un texto criticando el modelo anarcocapitalista de Murray Rothbard, pero en algún momento cambié de opinión. No soy un anarquista del tipo de Proudhon y Rothbard. No creo que vaya a existir en algún momento una sociedad anarquista en esta Tierra. En la medida en que haya hombres no convertidos (gentiles espirituales) en el mundo, intentarán “subyugar” a los demás y oprimir a la gente mediante el poder del estado (Mateo, 20, 25).

En este sentido (mi escepticismo hacia la aplicación práctica del anarquismo), estoy en la misma línea que las filosofías anarquistas de Leopold Kohr, Jacques Ellul y San Juan Crisóstomo. La sociedad anarquista es algo por lo que hay que luchar, pero no es algo que podamos alcanzar en este mundo (al menos no a una gran escala). No soy milenarista, no creo que podamos “inmanentizar el escaton“. Es Cristo quien debe implantar este nuevo sistema de gobierno: anarquía, gobierno sin coerción. “Anarquía es orden sin violencia” (Proudhon). Solo cuando los hombres obedezcan voluntariamente la ley moral de Dios podrá existir una sociedad sin coerción, pues en la medida en que los hombres no estén en armonía con Dios, se comportarán malvadamente con sus semejantes.

¿Por qué soy anarquista? ¡Porque ninguna institución social merece existir si no puede mantenerse sin violencia o amenaza de violencia! (la autodefensa no constituye violencia). El estado roba y lo llama “fiscalidad”. Se reserva el derecho de esclavizar a los hombres y lo llama “conscripción” o “reclutamiento”. Falsifica dinero y lo llama “política monetaria expansiva”. El estado, por definición, es una organización criminal. Nos han lavado el cerebro desde la infancia, cuando somos adoctrinados a través del “sistema de la escuela pública”, hasta la vejez, cuando somos adoctrinados por los medios de comunicación de masas. Se nos ha llevado a creer que el estado es nuestro benefactor, cuando, en realidad, es nuestro malefactor, “nuestro enemigo común” (Albert Jay Nock). El estado extrae su poder del pueblo, ¿de dónde saca, pues, el derecho de hacer cosas que son consideradas delitos si las hacen los individuos? ¿Cómo puede el pueblo (los individuos) dar al estado (el colectivo) la autoridad para hacer lo que ningún individuo tiene derecho a hacer?

Ningún hombre tiene derecho a coaccionar a otro hombre para que le dé dinero; eso es robar. El estado (gobierno) es, esencialmente, una banda de ladrones extremadamente poderosa que nos impone “tributos” (impuestos) porque tiene el poder para hacerlo. Pero el estado no tiene derecho a apoderarse del dinero de los ciudadanos. La persona X y la persona Y no tienen derecho a formar un grupo y hacer un pacto para apoderarse de la propiedad privada de la persona Z. Cuando planteo así las cosas, hay pocas personas que están en desacuerdo conmigo, pero en la práctica las personas no viven de acuerdo con estos principios justos. El estado es, precisamente, las personas X e Y, que se han juntado para confiscar (es decir, robar) la propiedad de la persona Z; sin embargo, los hombres miran el mismo escenario en cada caso como si fueran dos escenarios diferentes. En realidad, no hay diferencia entre un gobierno que cobra impuestos a los ciudadanos y una banda de ladrones que cobra “tributos” a los comerciantes locales.

El estado establece el reclutamiento (servicio militar obligatorio) con el fin de esclavizar a los hombres y obligarles a combatir en guerras injustas. (Si las guerras fueran justas, entonces los hombres se presentarían voluntarios para combatir por la causa. Pero cuando la guerra es injusta, el estado tiene a veces que obligar a la gente para que combata en contra de su voluntad.) ¿Pero qué hombre tiene el derecho de esclavizar a otro? ¿Cómo puede ser que el estado tenga ese derecho? Estoy convencido de que EEUU no tiene ningún interés, desde el punto de vista militar, fuera del país. El ejército solo debería existir para la defensa. El Departamento de Defensa se ha convertido en “Departamento de Ofensa” (Murray Rothbard).

No defendemos nuestras fronteras, sino que enviamos tropas por todo el mundo para controlar otros países e imponer la ley norteamericana donde esta NO es la ley real del país. Es mi convicción que el 11-S fue responsabilidad del estado (gobierno) de EEUU. Nuestro gobierno metió las narices en la guerra de Afganistán contra la URSS, apoyamos a los muyahidines en su lucha contra los rusos. Los muyahidines no querían que Afganistán fuera una marioneta “anticapitalista” de la URSS, así que hicieron retroceder a los rusos.

Cuando la URSS se retiró, EEUU hizo lo mismo que los soviéticos: intentaron obligar a los afganos a abrazar su forma de gobierno y convertirse en “anticomunistas” y “pro-estadounidenses”. Algunos muyahidines, especialmente Al-Qaeda, se irritaron y volvieron sus armas contra los norteamericanos. Es interesante observar que el gobierno de EEUU canalizó fondos (impuestos de los contribuyentes) hacia los muyahidines a través del servicio de inteligencia pakistaní (ISI, por sus siglas en inglés) durante la guerra contra la URSS. Los dólares de los impuestos del gobierno de EEUU siguieron fluyendo hacia Al-Qaeda (y, en concreto, a uno de los terroristas implicado en la preparación del 11-S) a través del ISI hasta una semana antes de los ataques del 11-S.

Es también interesante señalar que George Bush padre estuvo implicado en la Operación Northwoods, una operación de la CIA que, supuestamente, había organizado ataques terroristas en EEUU (incluyendo secuestros de aviones civiles), de los que se culparía a “nuestros” enemigos con el fin de justificar la guerra. Creo que es más que una coincidencia que Bush hijo estuviera en la Casa Blanca cuando tuvieron lugar unos ataques terroristas, sobre todo si tenemos en cuenta que esos ataques fueron utilizados para justificar la invasión de un país extranjero. (Por cierto, Bush padre fue director de la CIA antes de ser presidente.)

Llámenme teórico de la conspiración si quieren, pero creo que el gobierno de EEUU es culpable del 11-S (de igual forma que fue culpable del ataque contra Pearl Harbor, pero este es un tema para otro día).  Quizá todo esto sea falso, o quizá vuestro gobierno es tan corrupto como el de Mussolini y no os podéis dar cuenta de ello porque las escuelas y los medios de comunicación os han estado lavando el cerebro desde la más temprana edad. Seamos honestos, ¿cuánto aprendisteis sobre el gobierno en el instituto? Nada… porque ellos no quieren que sepáis nada sobre el tema.

Ningún hombre tiene derecho a imprimir dinero siempre que lo necesite. Tiene que ganarlo. Si falsifica dinero, entonces el valor de todo el dinero en uso baja (ley de la oferta y la demanda) y, por tanto, ha robado realmente parte de la riqueza de todas las otras personas que utilizan ese tipo de dinero. Esto es robar. El dinero se originó en el mercado (como he mostrado en otra parte). El gobierno NO es el creador del dinero. Esto significa que el gobierno no tiene derecho a manipular la oferta de dinero porque no tiene derecho al dinero. ¡El dinero pertenece a los ciudadanos, no al estado! Si los individuos no tienen derecho a crear monedas de curso legal, ¿por qué puede tener el estado, como grupo de individuos que es, ese derecho?

A menudo se argumenta que “el gobierno es creado debido a nuestra maldad” y que el gobierno es “un mal necesario” porque es su deber “proporcionar la virtud moral que falta” (Thomas Paine). Con otras palabras, la gente está corrompida y necesita un gobierno para obligarles a coexistir pacífica y legalmente. El defecto de este tipo de razonamiento es que si los individuos son corruptos, entonces el estado, como colectivo de individuos que es, no será más que una organización de individuos corruptos. Es un hecho bien conocido que los individuos corruptos se corrompen aún más cuando se juntan con otros individuos corruptos. El estado, entonces, está condenado a ser todavía más corrupto. Además, “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe de forma absoluta” (Lord Acton). Esto significa que cuanto más poder tenga el estado, más corrupto será. Y cuanto más corrupto se vuelve, más poder desea.

El estado es siempre corrupto porque siempre existe como institución coactiva que se impone a los demás. No existe ningún “contrato social”: el pueblo nunca acordó permitir que el estado nos gobierne. Además, si todo el pueblo hubiera acordado tal cosa, entonces ese pueblo ya murió y nosotros, que estamos vivos hoy en día, no firmamos ese contrato; por tanto, no nos vincula.

Pero incluso si existiera un “contrato social”, eso no justificaría al estado, porque siempre habrá hombres como yo (y Vernard Eller, Albert Jay Nock, Murray Rothbard, Jacques Ellul, Leopold Kohr, etc.) que no habrán consentido: no habríamos firmado ese contrato, por tanto no nos vincularía. Ustedes pueden decir “entonces, voten con sus pies” o “si a ustedes no les gusta este sistema, váyanse a otra parte”. Pero eso no es tan sencillo, pues el malvado gobierno ha usurpado la “autoridad” sobre todo el territorio. No hay ningún lugar al que escapar, donde uno pueda estar libre del dominio del estado.

La democracia no es justificable. ¡La opinión de la mayoría no es suficiente! Si la sociedad vota democráticamente y la mayoría de la gente decide que quiere esclavizar a un determinado grupo de personas, esa decisión no tiene ninguna autoridad porque la voluntad humana no es enajenable (Rothbard) y eso siempre significará que esos acuerdos son nulos. El estado, en tanto que aparato social de coerción, no tiene derecho a existir. Es algo malo. Es anticristiano y su economía artificial y regulada es parte del sistema anticristiano. El cristiano no debe participar en él. El creyente debe rebelarse contra él con todas sus fuerzas.

Los gobiernos de este mundo están representados en las Escrituras como una bestia demoníaca (Revelación, 13). Unos 270 años después de Cristo, San Victorino de Petovio dijo que “la bestia que surge del mar representa el reino (es decir, el gobierno) del Anticristo” (Comentario sobre Revelación, 13:1). La bestia es un sistema de gobierno que es dominado por el “espíritu del Anticristo” (1 Juan, 4:3), que es una actitud de hostilidad dirigida contra los principios cristianos. Muchos de los líderes políticos de este sistema son “anticristos”: albergan un espíritu de hostilidad hacia Cristo (1 Juan, 2:18). No creo que “el Anticristo” sea una persona determinada; más bien, es un poder demoníaco que está presente en muchas personas, de Carlomagno a Hitler y de Roosevelt y Nixon a Bush y Obama. “Le fue dado poder sobre todos los parientes, y lenguas, y naciones” (Rev., 13:7). El Anticristo tiene poder sobre todas las naciones: es decir, el Anticristo es los gobiernos nacionales. Pero la bestia sigue alzándose (Rev., 13:1) y uniendo a sus muchos miembros en un todo unificado con el fin de establecer un gobierno internacional: el Anticristo está cosechando los frutos que con tanto esfuerzo ha ido sembrando. Vimos los comienzos de todo esto en el sistema de Bretton Woods, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Liga de las Naciones y ahora la ONU. Para los fascistas, no es suficiente tener un estado que gobierna la economía doméstica; quieren un gobierno internacional y una regulación de la economía igualmente internacional. Los gobiernos y sus sistemas económicos artificiales son el Anticristo.

Traducción: Javier Villate