¿Por qué se invadió Afganistán?

Russ Baker

Fuente: The Real Reason for the Afghan War?, WhoWhatWhy, 10/09/2013

Cuando EEUU decidió invadir Afganistán para capturar a Osama Ben Laden —y fracasó, pero se quedó como un invitado no deseado—, ¿se sabía que los afganos estaban viviendo sobre una de las reservas de minerales más grandes del mundo?

Hemos planteado este tema antes, cuando nos referimos a la dudosa afirmación, hecha en 2010 y publicada por el New York Times, de que “las grandes reservas de minerales de Afganistán fueron [recientemente]  descubiertas por un pequeño equipo de oficiales del Pentágono y geólogos estadounidenses”. Otra evidencia, y lógica, apunta al hecho de que todos, salvo los occidentales, sabían desde hacía mucho tiempo, y antes de la invasión de 2001, que Afganistán era un tesoro escondido.

Estábamos interesados, pues, en ver un nuevo artículo del Times que destaca esas riquezas sin hacer hincapié en la cuestión crucial: ¿fue realmente Osama el motivo original de la invasión o lo fue el interés económico?

El hecho de que no se planteara esa pregunta es importante, pues la pretensión de que se trataba de un “reciente descubrimiento” sirve únicamente para justificar la permanencia en Afganistán una vez que las tropas ya están allí, ignorando en qué medida la captura de recursos al más puro estilo imperialista es el verdadero motivo de la política exterior y de las guerras a escala mundial.

Mientras seguimos dándole vueltas a este tema, continuaremos inmersos en un desastre de naturaleza financiera y mortal. Mientras no hagamos las cuentas de quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores, no entenderemos lo que está pasando.

Algunos de los candidatos menos probables para iluminar el asunto son los que están entrando en el tema. Por ejemplo, Alan Greenspan: “Me entristece que sea políticamente inconveniente reconocer lo que todo el mundo sabe: que la guerra de Irak es, principalmente, por el petróleo”. ¿Quién dirá algo parecido sobre Afganistán y sus riquezas minerales? Una vez que reconozcamos lo que ha afirmado el general Wesley Clark —que ha sido ampliamente ignorado por los medios de comunicación—, entonces empezaremos a tener una visión más amplia. El general Clark dijo que le informaron que, cuando tuvieron lugar los ataques del 11-S, EEUU ya tenía planes para invadir siete países, entre ellos Irak y Afganistán.

En este punto, no podemos por más que revisitar nuestra exclusiva de WhoWhatWhy sobre los vínculos de los terroristas del 11-S con ese muy fiable aliado de EEUU que es la familia real saudí; la cual necesita guerras y disputas continuas en Oriente Medio para evitar que sus súbditos se enfrenten a su despotismo y a la gran corrupción existente y mantener, así, su posición como aliado indispensable de Occidente en esas guerras. Fueron las acciones de los secuestradores saudíes del 11-S y su patrono Osama Ben Laden, también saudí, las que crearon la justificación para esta serie de guerras sin fin por los recursos. Por tanto, si los secuestradores fueron patrocinados o controlados por elementos de la familia real saudí, estaríamos ante algo extremadamente importante.

Pero el Times juega un papel clave al llevarnos en la dirección equivocada:

Si hay una ruta hacia un final feliz en Afganistán, buena parte de ella transcurre bajo tierra: en las reservas de recursos naturales de billones de dólares (petróleo, oro, mineral de hierro, cobre, litio y otros minerales), que han suscitado esperanzas de convertirse en un país más autosuficiente, pero solo si esa riqueza puede ser extraída duramente del suelo ensangrentado.

Por tanto, según la opinión del medio de comunicación más influyente del mundo, la riqueza mineral de Afganistán no tiene nada que ver con el hecho de que EEUU y sus aliados quieran permanecer en el país (y por qué otros quieren que se vayan). Se nos dice que ha sido un “descubrimiento” fortuito que podría beneficiar a los afganos, hacerles “autosuficientes”. Pero solo si puede ser extraída…

Por supuesto, sigue diciendo este discurso, el sufrimiento de los afganos solo puede ser autosuficiente si se despliega en el país la fuerza militar y técnica necesarias a largo plazo.

Nos gustaría leer más informaciones del Times sobre lo que sabían las compañías occidentales y desde cuándo lo sabían. Pero en lugar de esto, vemos que se nombra de pasada las inversiones afganas de JP Morgan Chase, mezcladas con referencias a los esfuerzos de los chinos por conseguir su trozo del pastel:

Este verano, la Corporación Nacional del Petróleo de China, asociada con una empresa controlada por parientes del presidente Karzai, comenzó a bombear petróleo del campo de Amu Darya, en el norte. Un consorcio promovido por JP Morgan Chase está extrayendo oro. Otra compañía china está intentando desarrollar una enorme mina de cobre. Se están licitando cuatro contratos para extraer cobre y oro; otros contratos para la extracción de metales raros podrían estar en marcha.

Lo cierto es que, en la medida en que los chinos y los rusos tomen parte en estos negocios, es probable que sus objeciones a la intervención militar que está enriqueciendo a los oligarcas en todas partes desaparezcan.

Los ejércitos imperiales existen, en gran parte, para capturar y mantener recursos vitales para la supervivencia de los imperios, mientras quienes les financian obtengan beneficios. Esto nos incluye a todos, que debemos equilibrar la seguridad y el bienestar que esta política nos proporciona, por un lado, y la muerte y la destrucción que inevitablemente conlleva. Pero para poder hacer cálculos morales, tenemos que reconocer lo que se está haciendo a lo largo y ancho del mundo en nuestro nombre y por qué.

Traducción: Javier Villate