Las tres crisis de Hamas

Nassif Hitti

Fuente: Three Crises for Hamas, Al-Monitor, 2/09/2013

El llamamiento realizado por Ismael Haniyeh, el primer ministro del gobierno de Hamas en Gaza, a los diferentes grupos y personalidades palestinos para que se unan en un gobierno de coalición con Hamas en la Franja de Gaza ha sorprendido a todos. Hamas y Fatah comparten las responsabilidades por la falta de avances hacia una reconciliación palestina, un tema que ha estado sobre la mesa durante años.

Independientemente de quién tiene una mayor responsabilidad, Hamas fue reacio a establecer una fecha para las elecciones legislativas, que habrían de dar paso a un gobierno de unidad nacional. Quiere esto último, pero no las elecciones, por temor a perder su control sobre Gaza. No obstante, el mencionado llamamiento de Haniyeh a compartir el poder en Gaza refleja la crisis multifacética por la que está atravesando Hamas.

En primer lugar, como parte del movimiento de los Hermanos Musulmanes, Hamas ha pasado lentamente, y después de muchos debates en el seno de su dirección, de apoyar al régimen de Asad en Siria a posicionarse en su contra. Algunas informaciones sugieren que varios miembros de Hamas que se encuentran en Siria y el Líbano están combatiendo junto a los rebeldes sirios. Aunque estas informaciones no han sido confirmadas, el cambio en sus alianzas políticas es un hecho.

Debido a este cambio, Hamas ha perdido el apoyo de sectores claves en los terrenos militar, financiero, diplomático y político, a saber, Siria, Irán e Hizbulá en Líbano. Hamas se ha beneficiado de la perseverancia del movimiento de resistencia. Fue también una importante carta en las manos de sirios e iraníes y en la política del conflicto palestino-israelí. Pero a pesar de algunos tímidos y lentos contactos con Irán e Hizbulá, las relaciones están lejos de haberse normalizado o restaurado al nivel que una vez estuvieron. Además, aunque avanzara, la normalización tendría unos límites debido a las diferencias ideológicas y a los distintos intereses en la crisis siria.

En segundo lugar, el momento en que los islamistas, y más en concreto los Hermanos Musulmanes, llegaron al poder en Egipto, fue glorioso para Hamas. Creyó que las relaciones de poder en la región, no solo en lo que se refiere al conflicto palestino-israelí sino a todo el mundo árabe en su conjunto, se habían desplazado a su favor. Después de unas relaciones caracterizadas por la sospecha durante la era del depuesto presidente egipcio Hosni Mubarak, llegó la afinidad política e ideológica con el nuevo régimen. Este es de gran importancia estratégica para los palestinos, principalmente para los gazatíes.

Con sus mentores y camaradas en el poder, Hamas creyó que tenía un buen abogado y defensor en el ajedrez diplomático. Así, asesorado por el nuevo régimen egipcio, Hamas se dedicó a fortalecer su posición en casa. Esta nueva estrategia reemplazó la vieja política de resistencia al asedio israelí con diferentes acciones y compromisos militares. Hamas se dedicaba ahora más a construir un nuevo estado islamista que a resistir militarmente el asedio israelí, algo que podía resultar embarazoso para los Hermanos Musulmanes egipcios, que habían basado su campaña en la lucha contra Israel.

La islamización de Gaza, y no la liberación de los territorios ocupados, era ahora el centro de la política de Hamas. Una vez que los Hermanos Musulmanes fueron expulsados del gobierno en Egipto, Hamas perdió su aliado más valioso. De hecho, ha sido acusado, acertada o erróneamente, de haber jugado un papel sucio para los Hermanos Musulmanes en Egipto ayudándoles a conquistar el poder y apoyándoles después de haberlo perdido.

Hamas ha perdido el apoyo de sectores claves en los terrenos militar, financiero, diplomático y político, a saber, Siria, Irán e Hizbulá en Líbano

Por tanto, Hamas ha perdido rápidamente su aliado más valioso y ha tenido que volver, de nuevo y en el mejor de los casos, al viejo estilo de las relaciones con Egipto. Además, su alianza y total colusión con el régimen de los Hermanos Musulmanes en Egipto y en otros países, como Túnez, ha hecho que Hamas pierda importantes apoyos en muchos estados del Golfo, que se oponen vehementemente a los Hermanos Musulmanes y a los grupos relacionados con ellos.

En tercer lugar, en lugar de centrarse en el desarrollo de una red de mínima seguridad socioeconómica en Gaza, un territorio asediado por Israel y sumido en la pobreza, Hamas se ha centrado en destruir las libertades sociales, políticas y culturales en una sociedad ya de por sí conservadora. Esto se ha llevado a cabo en nombre del Islam, promoviendo un estricto código de conducta etiquetado por muchos como “talibanización” de Gaza.

Mientras sucedía todo esto, ha emergido en Gaza una clase social enriquecida, estrechamente vinculada con Hamas, que se ha beneficiado del próspero negocio del contrabando a través de los túneles [que comunican con Egipto]. Esta errónea política social ha conducido al surgimiento del movimiento Tamarod. Para muchos, el viejo movimiento revolucionario de liberación con una identidad islámica que fue Hamas se ha convertido en un régimen autoritario, basado en la religión, que controla a una población empobrecida.

Todos estos factores han actuado como una llamada de atención y han empujado a Hamas a hacer ese llamamiento a compartir el poder, pero en sus propios términos. No es todavía demasiado tarde para que Hamas se reposicione y cambie sus políticas y prioridades como movimiento de liberación nacional con una ideología islamista. Pero eso requiere mucho coraje y visión. Algo que está por ver.


Nassif Hitti ha sido jefe de la delegación de la Liga Árabe en París y observador permanente de la UNESCO. Es miembro del consejo de redacción de Al-Monitor.

Traducción: Javier Villate