La ‘nakba’ silenciosa: el lento desplazamiento de los campesinos palestinos por Israel

Muki Nayaer

Fuente: Silent Nakba: Israel’s Slow Displacement of Palestinian Farmers, Palestine News Network, 19/08/2013

La ocupación israelí de Palestina es física (controlando las fronteras y los puestos militares de control), psicológica (creando un estado permanente de terror, humillación y temor en los palestinos) y cultural (borrando los vínculos de los palestinos con su tierra y su patrimonio). Es un error común ver la ocupación física como una simple ocupación del territorio.

Si cambiamos la perspectiva, vemos que la ocupación es también vertical. Es una ocupación tridimensional. Israel ocupa no solo las áreas territoriales y el acceso a las mismas, sino también el agua subterránea y el espacio aéreo.

Generaciones de palestinos han vivido de la tierra durante miles de años. Los agricultores, en particular, experimentan las brutales consecuencias de la ocupación israelí de las tierras y las aguas. Son muchos los palestinos que poseían tierras que fueron apropiadas por Israel en 1948. Estas tierras son conocidas como área 48 y son ahora inaccesibles para sus antiguos propietarios palestinos. Otros palestinos han visto cómo las fuerzas israelíes de ocupación (FIO) han destruido sus tierras. Otros se quedan sin medios de vida por la corrupción deliberada de la economía palestina por parte de Israel o se les prohíbe el acceso a las fuentes de agua o cavar pozos, lo cual arruina su agricultura. Todas estas estrategias del gobierno israelí y las FIO tienen como objetivo hacer la vida imposible a los palestinos, expulsarles de sus tierras y romper el vínculo de los palestinos con sus tierras.

Ocupación y destrucción de las tierras palestinas

El sábado, Zeiad Salah, coordinador de la Unión de Agricultores Palestinos (UAP) en el distrito de Belén, habló con el Centro de Información Alternativa (AIC, por sus siglas en inglés) en Beit Sahour sobre la destrucción de las tierras palestinas por parte de Israel y los consiguientes desplazamientos de centenares de familias palestinas.

Las FIO utilizan técnicas como la quema de olivos y la descarga de productos químicos en las tierras agrícolas palestinas, con el fin de arruinar permanentemente el valioso suelo natural. En la aldea de Nahleen, las FIO depositaron aguas residuales en las tierras palestinas, lo que supuso la destrucción de 500 kilómetros cuadrados de tierras de cultivo, el desplazamiento de los agricultores y la eliminación de sus medios de vida.

“Estas técnicas tienen un doble propósito”, explicó Salah. “Por un lado, destruyen las tierras y, por otro, destruyen los medios de vida de los agricultores palestinos, obligándoles, en consecuencia, a abandonar silenciosamente esas tierras”.

Es también muy frecuente que el gobierno israelí reclame tierras palestinas para su uso por parte del ejército o de la fuerza aérea “por razones de seguridad”. Esto es especialmente el caso cuando Israel no puede confiscar las tierras. De esa forma, consigue impedir que los campesinos palestinos accedan a sus tierras.

“Antes teníamos tierras donde ahora se encuentra el muro”, dijo un residente de Beit Sahour. “Mi familia tenía allí olivares. Hace dos años llevamos a los chicos allí para pasar el día. Nos sentamos debajo de un olivo y nos dispusimos a comer en la tierra que nos fue injustamente arrebatada. Al cabo de unos minutos, unos soldados israelíes se acercaron y nos dijeron que habíamos entrado en un área militar. Les respondí que esa era nuestra tierra y que queríamos comer allí. Además, no éramos una amenaza para nadie. Los soldados insistieron en que habían visto a los niños tirarles piedras. Era mentira, nadie les tiró piedras. Y nuestros hijos eran muy pequeños, apenas habían empezado a saber andar. Uno de ellos llevaba todavía pañales. ¿Cómo iban a representar una amenaza para unos soldados que estaban dentro de una tanqueta?”.

En otros casos, los colonos israelíes cultivan las tierras palestinas y ponen marcas para indicar que esas tierras son ahora propiedad de familias israelíes. Los colonos israelíes cultivan tierras del área 48 con semillas de uvas y olivas palestinas, que son conocidas en todo el mundo por su gran calidad. Puesto que el gobierno de Israel subsidia el agua a los campesinos israelíes, los palestinos pagan 10 veces más que los israelíes —incluyendo a los colonos— por el mismo agua.

Por consiguiente, a los palestinos les resulta 10 veces más caro producir sus uvas y olivas que a los israelíes. Eso significa que, con el fin de vender sus cosechas, los palestinos deben bajar los precios y reducir sus ganancias para poder competir con los israelíes que están vendiendo sus mismos productos. Con otras palabras, los israelíes están cultivando uvas y olivas palestinas con costes mucho más bajos debido a los subsidios del gobierno israelí al agua y están, por tanto, arruinando a los palestinos y destruyendo la economía palestina.

Salah dice que hay esperanza para los campesinos palestinos, a pesar de las inhumanas e ilegales acciones de Israel contra ellos. La UAP trabaja con los campesinos para desarrollar soluciones creativas y sostenibles a la ocupación israelí de sus tierras. La UAP, por ejemplo, trabaja con organizaciones internacionales y cooperativas que venden los productos de los agricultores palestinos.

Una de las exportaciones palestinas más populares es el aceite de oliva. Así lo explica Salah: “Aunque los agricultores palestinos son obligados a pagar aranceles al estado de Israel por sus exportaciones, la mayor parte del dinero obtenido con la exportación de aceite de oliva vuelve a manos palestinas. Una de las cosas más importantes que pueden hacer en el extranjero es boicotear los productos israelíes, en especial aquellos producidos en los asentamientos ilegales, y comprar productos elaborados por los palestinos”.

Aunque el ingreso adicional que proporcionan estas cooperativas apenas es suficiente para mantener a las familias que trabajan en ellas, permite mantener viva la tradición agrícola entre las generaciones más jóvenes. Buena parte de la juventud palestina nunca ha tenido la oportunidad de vivir en las tierras de sus padres, ya que fueron capturadas por Israel en 1948 o en 1967. Por tanto, esos jóvenes han visto cómo han desaparecido sus vínculos familiares tradicionales con sus tierras. Es vital para los palestinos mantener vivos esos vínculos, explica Salah, sobre todo porque una de las tácticas culturales de la ocupación israelí consiste en cortar las relaciones de las generaciones más jóvenes con la tierra palestina.

Los residentes de Battir han logrado detener la construcción del muro de separación israelí

La aldea de Battir, localizada al oeste de Belén, tiene una de las historias más antiguas y valiosas del mundo. Cientos de kilómetros de terrazas que tienen más de 5.000 años de antigüedad se extienden a lo largo y ancho de su paisaje. Un sistema romano de canalización, que tiene 2.500 años de antigüedad, utiliza estrechas acequias para distribuir el agua desde siete manantiales naturales hasta las ocho familias numerosas de Battir. Estas utilizan a diario este sistema de riego para irrigar sus cosechas.

Una tercera parte de las tierras de Battir está al otro lado de la Línea Verde. La Línea Verde es una frontera oficiosa que fue establecida, después de la guerra árabe-israelí de 1948, para delimitar el estado de Israel de sus países vecinos (Egipto, Jordania, Líbano y Siria). Marca, también, los territorios ocupados por Israel durante la Guerra de los Seis Días: la Franja de Gaza, Cisjordania, los Altos del Golán y la Península de Sinaí.

Aunque el armisticio de Rodas de 1949, firmado entre los gobiernos de Israel, Jordania, Siria y Egipto, da a los residentes de Battir el derecho a conservar la propiedad de sus tierras dentro de la Línea Verde a cambio de proteger el tren (construido en la década de 1890 por el imperio otomano), Israel ha amenazado con seguir construyendo el muro de separación.

Los residentes, los agricultores y los activistas de Battir temen que Israel construya el muro de separación siguiendo la Línea Verde, lo que supondría arrebatarles una tercera parte de sus tierras y la destrucción del histórico sistema de riego. A pesar de que muchas comunidades palestinas están luchando para detener la construcción del muro mediante manifestaciones pacíficas, como es el caso de Bilín, los habitantes de Battir están haciendo un planteamiento diferente. Han realizado estudios sobre la importancia del entorno natural y han llamado la atención de los medios de comunicación internacionales y organizaciones pacifistas para que les ayuden a llevar su caso ante la UNESCO, con el fin de detener la construcción del muro. Por ahora, han conseguido que el gobierno israelí paralice la construcción de la barrera de separación.

 

“Nos roban las tierras para obligarnos a abandonar nuestros hogares”

Battir recibió el premio internacional Melina Mercouri de la UNESCO por preservar y proteger las terrazas y el entorno natural. Según el sitio web de la UNESCO, “el objetivo del proyecto es fortalecer la capacidad del gobierno y de los habitantes para gestionar este paisaje cultural único. Los elementos más importantes del proyecto son el uso sostenible, el desarrollo de la infraestructura del pueblo y el establecimiento de un ecomuseo en Battir”.

Este innovador enfoque de Battir para impedir la construcción del muro es una inspiración para todos los palestinos que se encuentran bajo la ocupación y, especialmente, para aquellos cuyas tierras han sido robadas por Israel o son inaccesibles por causa del muro. “Estamos ocupando Battir según nuestra forma de ver las cosas, en la Línea Verde”, ha dicho Mahmud Obed-Alá, de la Sociedad de Amigos de la Tierra de Oriente Medio.

El agua no se detiene en las fronteras políticas: las restricciones de Israel al acceso al agua en Al Auya

Auya, un pueblo situado 12 kilómetros al noreste de Jericó, está situado cerca del valle del Jordán, una de las áreas con mayores recursos hídricos de Cisjordania. Según el derecho internacional, el agua pertenece a Palestina. Sin embargo, es Israel quien controla la mayor parte de la red de aguas de la región, sus pozos y sus bombas. La creación de asentamientos judíos cerca de Auya determinó que estos controlaran el agua y, como consecuencia, se crearan trágicos déficits de agua para los palestinos de la zona.

La economía de Auya se basaba en las plantaciones de bananas, sandías y cultivos estacionales. El manantial de Auya proporcionaba agua suficiente para más del 90 por ciento de sus habitantes [alrededor de 5.000 personas, N. del T.], que dependían del manantial para el riego de sus cultivos. Además, la agricultura era su principal fuente de ingresos. A pesar de la abundancia de agua en la región, esta ha empezado a escasear últimamente. En la actualidad, no llega al 5 por ciento los residentes y agricultores de Auya que tienen agua suficiente para cubrir sus necesidades personales y sus cultivos.

“El manantial de Auya solía tener unos 2.000 metros cúbicos de agua. Los israelíes se apropiaron de ocho pozos, dejando solo dos para los palestinos. Estos dos eran los menos profundos y menos eficaces”, dice Fadi Dweiyat, director del Centro de Educación Ambiental de Auya. “Hay muchos acuíferos en la región. Si los palestinos pudieran aprovechar solamente uno, eso bastaría para cubrir las necesidades de todos”.

A los palestinos no se les permite construir pozos para aprovechar el agua subterránea, a menos que obtengan un permiso especial del gobierno de Israel. Pero, como aclara Dweiyat, “nunca consiguen esos permisos, porque el gobierno de Israel quiere que los palestinos le compren el agua”. Los campesinos de Auya tienen, pues, que comprar a Mekorot, una compañía israelí, y a precios muy elevados, el agua que legalmente les pertenece.

El control israelí del agua de Auya ha ocasionado el derrumbe de la economía agrícola del pueblo. Esto está obligando a la mayoría de los jóvenes de la zona a trabajar en los asentamientos judíos que se han construido ilegalmente en tierras palestinas. En lugar de cultivar sus propias tierras, se han visto empujados a trabajar en las tierras de los colonos israelíes, que reciben todo el agua que necesitan o quieren. Además, los palestinos que trabajan en los asentamientos no tienen seguros, servicios sociales, derechos laborales ni ninguna clase de protección.

El Centro de Educación Ambiental de Auya funciona, en colaboración con Amigos de la Tierra de Oriente Medio, con el objetivo de promover la cooperación para proteger el entorno natural de la región y de las gentes. El centro utiliza técnicas modernas en las áreas de la energía solar, la gestión de los residuos sólidos y las aguas residuales domésticas.

“La energía solar proporciona electricidad, mientras que las aguas residuales de las duchas, los baños y el lavado de ropa son reutilizadas para regar las plantas”, explica Dweiyat. El sistema de aguas residuales domésticas ha servido para contrarrestar la inhumana y criminal distribución de agua de Israel. Según USAID (Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional), los 5.000 residentes de Auya están empezando a ver mejoras en sus condiciones de vida.

Sin embargo, la destrucción causada por Israel es, en su mayor parte, irreversible. “Mi padre era agricultor”, dice Dweiyat. “Ahora no tiene ni un árbol. Ni uno. Este es uno de tantos casos”.

Traducción: Javier Villate

One thought on “La ‘nakba’ silenciosa: el lento desplazamiento de los campesinos palestinos por Israel

Los comentarios están cerrados.