Declaración de Tahrir-ICN sobre los acontecimientos de Egipto

Los acontecimientos de los últimos días son el último paso de una secuencia de hechos por los que el ejército podría consolidar su control del poder, buscar la muerte de la revolución y volver a establecer un estado militar/policial.

El régimen autoritario de los Hermanos Musulmanes tenía que irse. Pero lo que le ha reemplazado es el verdadero rostro del ejército egipcio, que no es menos autoritario ni menos fascista, pero, sin duda, mucho más difícil de derribar.

La masacre llevada a cabo por el ejército contra los partidarios de Morsi en la Plaza Nahda y en Rabaa ha dejado alrededor de 500 muertos y unos 3.000 heridos (cifras del ministerio de salud, la realidad es, probablemente, mucho peor). Fue una acción previamente orquestada de terrorismo de estado. Su objetivo es dividir al pueblo y forzar a los Hermanos Musulmanes a crear más milicias para vengarse y protegerse. Esto, a su vez, permitirá al ejército etiquetar a todos los islamistas como terroristas y crear un “enemigo interior” en el país para, así, facilitar la permanencia del ejército en el poder y el establecimiento de un estado de emergencia.

Hoy persiguen a los Hermanos Musulmanes, pero mañana vendrán a por cualquiera que se atreva a criticarles. El ejército ha declarado el estado de emergencia durante un mes, dando a la policía y al ejército poderes excepcionales, y un toque de queda en muchas provincias durante el mismo tiempo entre las 7 de la tarde y las 6 de la mañana. Esto da mano libre al ejército para reprimir a los disidentes. Equivale a una vuelta a los días anteriores a la revolución, cuando la ley de emergencia estuvo en vigor desde 1967 y ofreció el marco para ejercer una brutal represión y la conculcación de las libertades.

El carácter del nuevo régimen es claro. Hace tan solo unos pocos días fueron nombrados 18 nuevos gobernadores, la mayoría de los cuales procedentes de las filas del ejército/policía o, incluso, del depuesto régimen de Mubarak. También se está produciendo un ataque contra los trabajadores que están en huelga por sus derechos (por ejemplo, la represión y la detención de trabajadores del metal en huelga en la región de Suez). El régimen militar está persiguiendo, también, a activistas revolucionarios y periodistas, que han sido golpeados y arrestados, mientras que algunos extranjeros han sido amenazados para no dar testimonio de los acontecimientos. Medios de comunicación locales e internacionales solo han dicho medias verdades y han desarrollado narrativas en apoyo de una u otra agenda política. La contrarrevolución está en marcha y sabe cómo romper la unidad del pueblo en su esfuerzo de dividir y vencer.

En los últimos días, ha habido un repunte de las represalias sectarias, habiendo sido atacadas al menos 50 iglesias e instituciones cristianas. El ejército y la policía no han protegido a estos lugares de la comunidad cristiana. Al ejército y a los Hermanos Musulmanes les interesa avivar las tensiones y crear temor y odio en el pueblo. Lucharán por el control del estado mientras la sangre de los ciudadanos se derrama en las calles.

Condenamos las masacres de la Plaza Nahda y Rabaa, los ataques contra los trabajadores, activistas y periodistas, la manipulación del pueblo por quienes se disputan el poder y las agresiones sectarias. Para que la revolución continúe, el pueblo debe permanecer unido en su oposición a los abusos y la tiranía del poder, sea este controlado por unos o por otros.

¡Abajo el ejército y Al-Sisi!
¡Abajo los restos del régimen de Mubarak y la elite económica!
¡Abajo el estado y todo el poder a las comunidades autónomas!
¡Larga vida a la revolución egipcia!

Tahrir-ICN

Traducción: Javier Villate