Mapa que muestra la limpieza étnica de Palestina por los judíos sionistas en 1948 y después

Es bien sabido que uno de los eslóganes (falso, como todos los demás) del sionismo para promover la “colonización” de Palestina en la primera mitad del siglo XX fue el de referirse a este territorio como “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.

Con él pretendían engañar a los incautos judíos que huían del antisemitismo europeo y hacerles creer que aquella Tierra Prometida por Dios a los judíos estaba deshabitada.

Estaba tan deshabitada que, para crear el Estado judío de Israel, tuvieron que destruir decenas de pueblos y ciudades palestinos y limpiar étnicamente otros tantos. El mapa incluido en esta página lo muestra. Los puntos rojos son ciudades y pueblos que fueron destruidos o limpiados étnicamente por las fuerzas sionistas durante la guerra de 1948 y después. Alrededor de 700.000 palestinos (una tercera parte de la población) huyeron o fueron obligados a huir, dejando atrás sus casas, pueblos y ciudades en los que habían vivido durante generaciones.

Ahora, los sionistas dicen que los invasores fueron los árabes… y que ellos solo se limitaron (y se siguen limitando) a recuperar lo que es suyo… por “derechos históricos” (?) o por la “voluntad de Dios”… aunque hayan pasado unos cuantos siglos para que unos u otra se hayan manifestado milagrosamente ahora.

Map showing the massive destruction of Palestinian towns after al-Nakba in 1948 – Palestine Remembered

One thought on “Mapa que muestra la limpieza étnica de Palestina por los judíos sionistas en 1948 y después

  1. Resulta patético comprobar que en España, un país donde hoy resulta no sólo políticamente correcto sino casi obligatorio denigrar oficialmente los nacionalismos étnicos siempre que estén ubicados en los Balcanes o en el norte de la Península Ibérica, no sólo sea habitual pasar por alto la existencia de uno de los más penosos ejemplos de nacionalismo excluyente –el sionista-, sino que se haya considerado como un signo de distinción y de incorporación a la privilegiada sociedad de los países democráticos más avanzados el reconocimiento del Estado de Israel. Qué distintas son las varas de medir. En una época en que ciertos políticos españoles muestran tantos escrúpulos para sentarse siquiera a la misma mesa para hablar con los nacionalistas, resulta sorprendente que la única vía de solución que se ofrezca a los palestinos sea la de tener paciencia y sentarse a dialogar con sus verdugos y se les anime a hacer más concesiones –sin riesgo alguno de que los israelíes tengan que hacerlas, a lo largo de la historia sus supuestas concesiones han consistido en decir qué parte de territorios usurpados por la fuerza de las armas pensaban devolver-. El sucesivo fracaso de las conversaciones y acuerdos de paz, la nueva Intifada que expresa la indignación y la frustración de los palestinos, la violenta represión israelí, no son hechos casuales. Lo que mal empieza no suele acabar bien.

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