Egipto después del golpe…

Franklin Lamb

Fuente: Egypt After the Coup…, MWC News, 6/07/2013

Según fuentes de Washington bien relacionadas, entre ellas un empleado del Congreso cuyo trabajo consiste en seguir los acontecimientos de Egipto, una vez que quedó claro que el presidente Mohamed Morsi podría ser derrocado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), le faltó tiempo a Mohamed Mustafá ElBaradei, experto jurista en la Sharia, premio Nobel de la Paz y director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) durante 12 años (1997-2009), para contactar con el bufete de Patton Boggs en Washington.

Eso fue el pasado martes. El día siguiente, representantes de ElBaradei contactaron con la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías Estadounidenses, que dice representar a los 52 grupos judíos más grandes de EEUU. ElBaradei, quizá el favorito para reemplazar a su eterna némesis, Mohamed Morsi, se movió con rapidez para organizar a algunos aliados claves en El Cairo y Washington y recoger su anterior campaña presidencial donde la dejó en enero de 2011.

El bufete Patton Boggs, que el año pasado tenía 550 abogados y 120 lobbistas (cabilderos), es probablemente el bufete más cercano a la Casa Blanca y el que más logros puede ofrecer a sus clientes entre los 5.000 políticos que toman decisiones en el Capitolio. Los otros 11.800 lobbistas registrados en Washington (solo había 300 cuando Lyndon Johnson fue presidente) no tienen la misma influencia política de Patton Boggs.

El nuevo cliente de Patton Boggs quiere que el Pentágono y la Casa Blanca presionen al CSFA egipcio para que le designe presidente interino de Egipto hasta las próximas elecciones. Al parecer, los representantes de ElBaradei están ofreciendo a cambio a la Casa Blanca el respeto a los Acuerdos de Camp David de 1979 en todos sus aspectos. Puede esperarse, también, que, con ElBaradei, Egipto refuerce su postura frente al programa nuclear de Teherán y, además, modifique públicamente algunos de sus comentarios sobre Irán anteriores a 2012 que EEUU e Israel criticaron por considerarlos “tibios”. Asimismo, parece que los agentes de ElBaradei han prometido que se intensificará la cooperación en materia de seguridad entre Egipto e Israel. El objetivo de ElBaradei es conseguir el apoyo personal de Barack Obama para las próximas elecciones presidenciales de Egipto.

Una vez más, la administración Obama ha sido cogida por sorpresa cuando la Primavera Árabe, todavía en su infancia, se cierne cada vez más amenazante sobre los potentados instalados por Occidente en todos los “países” creados artificialmente por los acuerdos Sykes-Picot. Según los expertos del Congreso de EEUU, Obama tiene algunas dudas. Los actuales acontecimientos de Egipto es posible que le recuerden sus elogios de Morsi, después de que los dos exprofesores de universidad tuvieran la oportunidad de sentarse juntos y conocerse mutuamente. “Me gusta este hombre”, parece que dijo Obama a algunos de sus asesores. “Piensa como yo”.

Cuando Morsi fue depuesto, Obama lo lamentó: “Estamos profundamente preocupados por la decisión de las fuerzas armadas egipcias de  destituir al presidente Morsi y suspender la constitución egipcia. Pido al ejército egipcio que actúe con rapidez y responsabilidad para devolver lo más pronto posible todo el poder a un gobierno civil democráticamente elegido mediante un proceso incluyente y transparente, y evitar los arrestos arbitrarios del presidente Morsi y sus defensores”.

Mientras tanto, a instancias de ElBaradei, el CSFA aparenta respetar las preocupaciones expresadas por Obama. Poco antes de que se pronunciara el ministro de Defensa, el general de brigada Abdel Fatá Al-Sisi, el Departamento de Estado recibió una copia del discurso con el primer párrafo destacado para tranquilizar a Obama: “Las fuerzas armadas no interferirán en la política y el gobierno y no se excederán en el papel que se les ha asignado en una democracia, que surge del deseo del pueblo”. Esas palabras sonaron bien también en Foggy Bottom.

Los puntos de discusión que Patton Boggs presentó al Congreso y a la administración Obama fueron que el presidente Morsi tuvo más de un año para mostrar sus progresos ante el pueblo egipcio, con la legitimidad política institucional derivada de sus victorias electorales, y que disfrutó de un gran apoyo popular cuando asumió todo el poder de manos de las fuerzas armadas en junio de 2012, a pesar de lo cual ha fracasado completamente, y el nuevo gobierno —con la esperanza de que sea dirigido por ElBaradei— actuará más eficientemente para dotar al país de instituciones de gobierno fiables y legítimas. La campaña de ElBaradei, tal como se informó en la edición del 4 de julio del New York Times, también se esforzó mucho para convencer a la Casa Blanca de lo que llamó la necesidad de expulsar por la fuerza al presidente Morsi, presentando varios documentos que mostraban que Morsi había echado a perder la transición del país hacia una democracia incluyente y desperdició un año sin cumplir ninguna de sus promesas.

Algunos analistas del Congreso creen que uno de los mayores errores de Morsi fue haber promovido una política deliberada de adaptación y no, como se ha creído habitualmente, de confrontación. Permitió que el ejército conservara su autonomía corporativa y permaneciera más allá de todo control civil. Además, incluyó en su gabinete a un gran número de figuras que no eran miembros de los Hermanos Musulmanes y que le abandonaron meses después, cuando las cosas empeoraron, ofreciendo así ante la ciudadanía la imagen de que el gobierno estaba a punto de caer.

Algunos han sugerido que Morsi debería haber metido en vereda al ejército poco después de haber asumido el poder, cuando estaba en el cénit de su popularidad y el ejército estaba en el punto más bajo. A toro pasado, es fácil hacer leña del árbol caído y explicar los fracasos de Morsi.

Lo que los Hermanos Musulmanes y los partidarios de Mohamed Morsi hagan los días venideros en la Plaza Tahrir y en todo Egipto determinará, probablemente, la ruta y el éxito final de las maniobras de ElBaradei.

Mientras tanto, parece que el presidente Obama puede ayudar a colocar a ElBaradei en el Palacio Presidencial de Egipto. Si la administración Obama lo consigue, habrá celebraciones en Tel Aviv y en Patton Boggs, donde, casi con toda seguridad, un buen número de invitados serán cuidadosamente examinados por AIPAC.

Traducción: Javier Villate