¡Programa, organización, líderes!

Hace unos días publiqué un artículo de Peter Beaumont, Las protestas globales crecen mientras los ciudadanos pierden la fe en la política y el estado, que resumía algunas reflexiones sobre los últimos movimientos de protesta que se están dando a lo largo y ancho del planeta, desde la Primavera Árabe a los indignados españoles, y desde Occupy Wall Street hasta las masivas protestas de Turquía y Brasil.

Me he ocupado en varias ocasiones en estas páginas de este fenómeno. En esta ocasión, vuelvo sobre algunos asuntos que ya traté en Movimientos sociales e instituciones alternativas. Y es que hay sectores de la izquierda que se obstinan en buscar un programa, una dirección y una organización para que estos movimientos prosperen. Yo creo que la mejor forma de que prosperen es alejarse de esos intentos y dejar que la experiencia y la reflexión vayan haciendo su trabajo.

Hay muchos analistas, periodistas e intelectuales que insisten en que el movimiento 15M y de los indignados en general tiene carencias (como todo en la vida, oiga) que hacen que se haya diluido poco a poco. Y esas carencias son invariablemente definidas como falta de programa, de dirección y de organización.

Yo creo que ESAS “FALTAS” SON ALGUNAS DE SUS MEJORES VIRTUDES. Y, desde luego, no creo que el movimiento se haya diluido o haya fracasado. Para empezar, nada será igual después del 15M y demás iniciativas indignadas. Todo se andará. Espero. Y llegaremos a ver, con perspectiva, que hubo un antes y un después del 15M. Es la diferencia entre lo probadamente fracasado y la esperanza.

Tal vez algunos no se hayan enterado, pero el movimiento indignado YA TIENE UN PROGRAMA: busca la participación al margen de los partidos políticos (ahí les duele a algunos de sus críticos), busca tomar decisiones de forma participativa y no delegada o dirigista (y vuelve a dolerles a los mismos críticos), busca, pues, una democracia más participativa (señalando con el dedo las grandes deficiencias de la democracia partitocrática que tenemos). En consecuencia, no está interesado en “tomar el poder”, sino en reducir ese poder, en controlarlo más y mejor… 

Busca mejorar el bienestar de la gente. ¡Palabrería! ¡Palabras vaporosas!, dirán los críticos. Pero no ha hecho falta un programa detallado para que los indignados refuercen y animen las protestas contra los desahucios y contra la oligarquía financiera (vean, no obstante, Movimiento 15-M en Wikipedia y díganme si el 15M tiene o no tiene programa). Hasta el momento, los miembros de los movimientos indignados han detectado graves privaciones de la gente y ha intentado luchar en defensa de sus demandas. ¿Acaso hace falta algo más? A los críticos les gustaría, supongo, un Manifiesto-Programa o algo así, con ese título o alguno parecido, algo que hable de “globosidad” y que sea la base de una plataforma electoral. Pero a los indignados les basta con lo que Iñaki Gabilondo denominara “HONESTIDAD CRÍTICA”: examinar dónde están los problemas más graves y buscar una mejora de los mismos, no para el día de nunca jamás, sino para pasadomañana. Y algunos críticos preguntarán: ¿sin cambiar el sistema? Y los indignados responderán: CAMBIÁNDOLO SOBRE LA MARCHA. ¿Acaso hay otra forma de cambiarlo? (Había una, que ha fracasado: la de la “revolución”, mala forma de llamar a la toma del poder por el partido revolucionaria mediante un golpe de estado). El sistema se va cambiando poco a poco DESDE ABAJO (y esta es una historia muy muy larga). Como dicen algunos: vamos despacio porque vamos lejos.

¡No está organizado! Dicen. En realidad, no está organizado al uso, de forma rígida, más o menos piramidal, con sus comités dirigentes y sus estatutos, con sus líderes y figuras televisivas… y toda esa mierda. No es fácil organizar un movimiento sin caer en esos horrores. Puedo equivocarme, pero tal vez dentro de unos años comprendamos que la ORGANIZACIÓN FLEXIBLE, HORIZONTAL, PARTICIPATIVA, SIN JEFES ESTATUTARIOS, sin cicerones ni parraplas, sin centralismo democrático ni democracia centralista, emergerá más sólida que hoy, después del periodo adecuado de cocción… 

Lo que los críticos nos proponen ya se ha ensayado hasta la saciedad: partidos políticos, organizaciones de masas (vinculadas a los partidos políticos, por supuesto), electoralistas, reformistas y revolucionarios, alianzas, programas electorales o revolucionarios, etcétera. Fracaso total. No insistan, pues. Dejen que los movimientos indignados maduren por su propia experiencia libertaria, sean más autocríticos y modestos, menos soberbios y sabelotodos.

Somos cada vez más los que pensamos que no hacen falta partidos (en realidad, son un obstáculo), ni dirigentes (que terminan corrompiéndose y sirviendo a otros intereses), ni organizaciones verticales, ni programas escritos en piedras sagradas, ni ideologías “istas” con sus dogmas y profetas, ni revoluciones nocturnas ni posibilismos para ingenuos. Queremos CAMBIAR LA SOCIEDAD DESDE ABAJO, CON LA PARTICIPACIÓN DE LA GENTE EN LAS DIFERENTES LUCHAS, CREANDO ESPACIOS DE AUTONOMÍA Y COOPERACIÓN, haciendo posible que la sociedad nueva surja de las entrañas de la vieja, de forma honesta y crítica, como fundamentos de todo cambio que merezca la pena.