Declaración de Assange en el primer día del juicio de Manning

Julian Assange

Fuente: Assange Statement on the First Day of Manning Trial, 3/06/2013

Mientras tecleo estas líneas, el 3 de junio de 2013, el soldado Bradley Manning está siendo juzgado en una sala secuestrada de Fort Meade, Maryland, por el supuesto delito de decir la verdad. El juicio militar del preso político más importante en la historia moderna de EEUU ya ha empezado.

Han pasado tres años. Bradley Manning tenía 22 años cuando fue arrestado en Bagdad el 26 de mayo de 2010. Fue trasladado a Kuwait, metido en una jaula  bajo el sofocante calor de Camp Arifjan.

“Por mi parte, dejé de llevar el control”, dijo al tribunal en noviembre pasado. “No sabía si era de día o de noche. Y mi mundo se hizo muy muy pequeño. Era estas jaulas… Recuerdo que creía que me iba a morir”.

Después de las protestas de sus abogados, Bradley Manning fue trasladado a una prisión de una base del cuerpo de marines de EEUU en Quantico, VA, donde, tristemente, fue sometido a tratos crueles, inhumanos y degradantes por sus captores, tal como fue desvelado por Naciones Unidas. Aislado en una diminuta celda 23 horas al día, fue privado de sus gafas, de sueño, de mantas y ropas, y le impidieron hacer ejercicio. Todo esto, que ha sido determinado por un juez militar, suponía un “castigo” antes de haber sido juzgado.

“Creo que el trato que recibió Brad en Quantico quedará grabado para siempre como un momento vergonzoso en la historia de nuestra nación”, dijo su abogado David Coombs. “No solo fue estúpido y contraproducente, sino que fue criminal”.

Estados Unidos era, en teoría, un estado de derecho. Pero no fue un estado de derecho para Bradley Manning.

Cuando los abusos cometidos contra Bradley Manning se hicieron públicos y el escándalo alcanzó al presidente de EEUU, y la portavoz de Hillary Clinton se negó a dejar constancia de su disconformidad con el trato recibido por el Sr. Manning, se intentó hacer el problema menos visible. Bradley Manning fue transferido al Correccional Regional Conjunto del Medio Oeste, en Fort Leavenworth, Kansas.

Ha esperado en prisión tres años para ser juzgado (986 días más que el máximo legal), porque durante tres años la acusación ha retrasado y obstruido los procedimientos judiciales, ha negado a la defensa el acceso a las pruebas y ha abusado del secretismo oficial. Esto es, simplemente, ilegal. Todos los acusados tienen el derecho constitucional a un juicio rápido, pero la transgresión ha sido reconocida, primero, y pasada por alto, después.

Teniendo en cuenta todo esto, sería tentador considerar el eventual inicio de su juicio como algo misericordioso. Pero es difícil verlo así.

Ya no hace falta comprender todo este asunto kafkiano con las lentes de la ficción o la alegoría. Es justo decir que Bradley Manning va a ser sometido a un “juicio-espectáculo”. Aquellos interesados en lo que se denomina el “sistema de justicia militar estadounidense” se sienten obligados a defender lo que está pasando, pero los demás somos libres de describir esta parodia tal como es. Ningún analista serio tiene la menor confianza en que se produzca un resultado benévolo. Las audiencias anteriores al juicio han eliminado concienzudamente cualquier incertidumbre importante, imponiendo prohibiciones preventivas de todos los argumentos de la defensa que tenían alguna posibilidad de éxito.

Bradley Manning no puede presentar pruebas de su objetivo confeso (exponer los crímenes de guerra y su contexto), ni puede presentar ningún testigo o documento que pruebe que su conducta no ha causado daño alguno. Imagine que usted fuera llevado a juicio acusado de asesinato. En el tribunal de Bradley Manning, le prohibirían probar que fue un asunto de autodefensa, porque todo argumento o prueba de ello habría sido prohibido. Usted no podría demostrar que la “víctima” sigue, en realidad, viva, porque eso probaría que no ha existido daño.

Pero, claro, ¿olvidó usted de quién es el espectáculo?

El gobierno ha preparado un buen espectáculo. El juicio va a durar doce semanas: un gran espectáculo totalmente coreografiado, con un reparto de 141 testigos de la acusación. A la defensa solo se le ha permitido llamar a un puñado de testigos. Hace tres semanas, en una sesión a puerta cerrada, el tribunal realizó un ensayo. Incluso los expertos en derecho militar han declarado que se ha tratado de algo sin precedentes.

La condena de Bradley Manning ya está escrita en el guión. El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de EEUU, Barack Obama, nos desveló la trama cuando consideró a Bradley Manning culpable hace dos años. “Infringió la ley”, dijo cuando le preguntaron por su postura en el caso del Sr. Manning. En una sociedad civilizada, una declaración de intenciones de esta naturaleza habría dado lugar a la anulación del juicio.

Para condenar a Bradley Manning, será necesario que el gobierno de EEUU oculte partes cruciales del juicio, que serán efectuadas a puerta cerrada: 24 testigos de la acusación ofrecerán sus testimonios en sesiones a puerta cerrada, permitiendo que el juez declare que las pruebas secretas justifican su decisión final. Pero la justicia a puerta cerrada no es, en absoluto, justicia.

Lo que no puede mantenerse en secreto se oculta mediante la ofuscación. La situación remota de la sala de audiencias, las restricciones arbitrarias y discrecionales del acceso de los periodistas, y la deliberada complejidad y escala del caso, todo está diseñado para conducir a periodistas hambrientos de información a los brazos de los expertos en relaciones públicas del ejército, que se arremolinan en la sala de prensa de Fort Meade como ansiosos agentes de ventas. El manejo del caso de Bradley Manning no se detendrá en los límites de la sala de audiencias. Ya se ha revelado que el Pentágono está supervisando minuciosamente las informaciones de la prensa y las discusiones en las redes sociales sobre el caso.

Esto no es justicia. Nunca podría esto ser justicia. El veredicto fue decidido hace mucho tiempo. La función de este juicio no es abordar cuestiones como la culpabilidad o la inocencia, la verdad o la falsedad. Es un ejercicio de relaciones públicas, diseñado para dar al gobierno una coartada para la posteridad. Es un espectáculo de venganza derrochadora, una advertencia teatral para personas con conciencia.

Bradley Manning es acusado de un acto fruto de una de gran conciencia: la revelación más importante de una realidad oculta. No hay un sistema político en el mundo que no haya visto la luz como consecuencia de ello. En la audiencia de febrero, Bradley Manning dijo que quería denunciar la injusticia y provocar un debate y una reforma mundiales. Bradley Manning es acusado de ser un informante, un buen hombre que se preocupaba por los demás y que obedecía las órdenes de sus superiores. Bradley Manning es acusado de conspirar para cometer… periodismo.

Pero este no es el lenguaje que utiliza la acusación. El cargo más serio presentado contra Bradley Manning es que “ayudó al enemigo”, un delito capital que requiere la máxima seriedad, pero el gobierno de EEUU se ríe del mundo y da vida a un fantasma. El gobierno argumenta que Bradley Manning se puso en contacto con un medio de comunicación, WikiLeaks, el cual informó a la gente. También argumenta que Al Qaeda (quién si no) es parte de la gente y, por tanto, que Bradley Manning informó “indirectamente” a Al Qaeda, un “enemigo” formalmente declarado de EEUU y, por consiguiente, que Bradley Manning informó al “enemigo”.

Pero, ¿qué pinta “ayudar” en esa grave acusación de “ayudar al enemigo”? No olvidemos que este es un juicio-espectáculo. El tribunal ha prohibido toda evidencia de las intenciones [de Manning]. Ha prohibido toda prueba de las consecuencias de sus actos, de la ausencia de daños, de la inexistencia de víctimas. Ha determinado que el gobierno no necesita demostrar que se ha producido una “ayuda” y la acusación no afirma que se produjo. El juez ha declarado que es suficiente que la acusación muestre que Al Qaeda, como el resto del mundo, lee WikiLeaks.

“La libertad —escribió John Adams— no puede preservarse sin que la gente, que tiene derecho y deseo de conocer, tenga unos conocimientos generales”.

Cuando informar a la prensa equivale a “ayudar al enemigo”, es el “conocimiento general de la gente” el que se ha convertido en algo delictivo. Así como Bradley Manning ha sido condenado, también lo ha sido ese espíritu de libertad sobre el que se creó Estados Unidos.

En última instancia, no es Bradley Manning el que va a ser juzgado. Su juicio terminó hace tiempo. El acusado ahora, y durante las doce semanas siguientes, es Estados Unidos. Un ejército descontrolado, cuyas fechorías han sido puestas al descubierto, y un gobierno secretista en guerra con los ciudadanos. Están sentados en el banquillo de los acusados. Tenemos que actuar como juristas. No debemos huir de nuestras responsabilidades.

LIBERTAD PARA BRADLEY MANNING

Traducción: Javier Villate