Los delirios de la izquierda ante la crisis siria

He leído en el blog Próximo Oriente, de Ignacio Álvarez-Ossorio, una carta de un activista sirio que vuelve a incidir en los posicionamientos de la izquierda, en todo el mundo, ante la guerra de Siria.

Vaya por delante mi solidaridad con el firmante de la carta, Raed Aljundi, y mi apoyo a la más absoluta libertad de expresión.

Dicho esto, quiero referirme a varios aspectos de la carta con los que no estoy de acuerdo. En primer lugar, Raed dice que en Siria hay un 40 por ciento de desempleo, y añade “según cifras del propio gobierno”. Desde aquí le pido que nos ofrezca una fuente fiable que apoye esa afirmación que, en mi opinión, es errónea.

Según datos de CIA World Factbook, en 2012 había un 18 por ciento de desempleo, una cifra realmente alta, pero muy alejada de ese 40 por ciento de Raed. En un artículo de la revista Rebelión, nada sospechosa de simpatías con el régimen sirio, de fecha 11 de febrero de 2011, y que es una traducción de un artículo de Aljazeera.net, se dice que la tasa de desempleo “oficial” es del 10 por ciento, aunque, añade, los analistas creen que es más bien el doble.

O sea, parece que el gobierno no reconoce esa cifra astronómica de la que nos habla Raed y parece, también, que el desempleo en Siria ronda el 18-20 por ciento. Es decir, la mitad, ni más ni menos, que lo afirmado por Raed.

Esto ya me hace desconfiar un poco de las afirmaciones de Raed en otros aspectos. No parece que el rigor sea su fuerte.

A pesar de ello, coincido con él en que el régimen de Asad es detestable, autoritario y merecedor de ser derribado. También coincido con él en rechazar toda intervención extranjera, desde las de Turquía, Catar y Arabia Saudí, hasta las de EEUU, la Unión Europea y Rusia. Todos andan buscando la forma de hacer llegar armas a sus aliados, es decir, de derramar más sangre en un conflicto terriblemente cruento, colocando sus intereses por encima de los del pueblo sirio.

Raed se ve obligado a reconocer que las potencias regionales y mundiales están interviniendo en la crisis siria y que las filas rebeldes se han visto engrosadas por gran cantidad de “yihadistas extranjeros”. Pero esto, que en mi opinión, es algo crucial, es considerado por Raed como una mera “mancha negra”.

No es así. Los yihadistas y otros islamistas han conseguido secuestrar la revolución siria, en la que podemos encontrar algunas manchas rojas. La secuestraron cuando las armas y el dinero pasaron a ser los factores decisivos, armas y dinero que recibieron y reciben de Turquía, Arabia Saudí, Catar y las potencias occidentales de forma encubierta. El cambio de la estrategia de EEUU ante el conflicto se debe, precisamente, a esto. Le han visto las orejas al lobo. No quieren hacerles el juego a yihadistas, Al-Qaeda y salafistas. Algo han aprendido de Libia.

Raed se pregunta qué podemos hacer ante esta realidad y su postura no queda muy clara, limitándose a un lacónico “no podemos dar marcha atrás”.

Hay otro aspecto en el que Raed está equivocado. Dice que la izquierda apoya a Asad. No es verdad. Hay una izquierda que apoya a Asad, y hay otra izquierda que apoya una imaginaria “revolución popular” siria. Para comprobar esto último, véase la Declaración sobre la revolución siria de las fuerzas de izquierda participantes en el Foro Social Mundial y el Manifiesto final del encuentro mediterráneo de partidos en Túnez.

En el primer texto, firmado en el Estado español por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe, Izquierda Anticapitalista y Sodepau, se dice que en Siria hay una auténtica revolución cuyo objetivo es “la promoción de las libertades y de la democracia, así como la transformación del sistema económico en favor de las clases populares y la construcción de un Estado laico y democrático que garantice la igualdad de todos los hijos del pueblo sirio, desde los kurdos a todos sus otros componentes”.

Esta delirante afirmación es una típica muestra izquierdista de confusión entre los deseos y la realidad. Lo cierto es que, si tomamos como base las zonas controladas por los rebeldes, en estas se han establecido pequeños regímenes islámicos opresivos que han cometido innumerables atrocidades. Nada que ver con lo que sueña la izquierda firmante de esa Declaración.

Dicen, también, que los medios imperialistas del Golfo están transmitiendo una falsa imagen de la revolución siria. Pero ellos no han aprovechado la oportunidad de dicha declaración o del manifiesto para desenmascarar esa falsa imagen y presentar los hechos bajo una nueva luz. No hay hechos; solo afirmaciones sin ningún fundamento.

Si la “revolución” siria triunfa, tendremos con toda seguridad una situación mucho peor que el régimen autoritario de Asad. La situación actual en Irak es mucho peor que la existente bajo el dictador Sadam Husein. La situación actual en Egipto se parece cada vez más a la existente bajo el dominio de Mubarak. La situación actual en Libia es atroz y, desde luego, mucho peor que la que había con Gadafi. Dinámicas distintas terminan dando resultados parejos, y no por casualidad.

Apoyar la “revolución” siria es apoyar al integrismo islamista y la prolongación de la guerra, de la muerte y la destrucción del país. Apoyar a Asad es apoyar un régimen autoritario, corrupto y oligárquico que ya es insostenible. No hay más opción que la negociación, una negociación que abra el camino a una convivencia más o menos civilizada de las diferentes corrientes políticas, etnias y confesiones religiosas. Nada fácil en absoluto. Pero la alternativa es la barbarie, la prolongación de la guerra mediante una intervención extranjera cada vez más abierta, el aumento imparable de los refugiados y de las víctimas mortales, la destrucción del país, el caos, la violencia.