Las potencias occidentales están financiando a Al Qaeda en Siria

Johannes Stern

Fuente: European powers fund Al Qaeda looting of Syrian oil, World Socialist Web Site, 20/05/2013

El interés que me ha llevado a publicar este artículo es debido, principalmente, a la información que ofrece sobre los hechos que se están desarrollando en el terreno y no, en absoluto, a la impronta ideológica en que está bañada dicha información.

Según informaba ayer el diario británico The Guardian, la Unión Europea (UE) está financiando directamente a grupos terroristas islamistas suníes apoyados por EEUU que están combatiendo contra el régimen del presidente sirio Bachar Al Asad. Estos grupos están expoliando petróleo en áreas del este de Siria que están bajo su control y luego lo revenden a países de la UE a precios extremadamente bajos.

Dice The Guardian: “La decisión de la UE de levantar las sanciones petroleras a Siria para ayudar a la oposición ha intensificado la lucha por el control de los pozos y las conducciones petrolíferos en las áreas que están en poder de los rebeldes y ha ayudado a consolidar el dominio de los grupos yihadistas sobre los recursos claves del país”.

Según The Guardian, los principales beneficiarios del levantamiento de las sanciones de la UE son el Frente Al Nusra y otros grupos terroristas islamistas similares. “Yabat Al Nusra, afiliado a Al Qaeda, y otros grupos islamistas extremistas controlan la mayoría de los pozos petrolíferos de la provincia de Deir Ezzor, llegando a desplazar, a veces por la fuerza, a las tribus suníes locales. Además, han capturado otros campos petrolíferos de los grupos kurdos situados más al noreste, en la región de Al Hasakah”.

La decisión de la UE de reanudar el comercio con los campos petrolíferos en poder de Al Nusra deja al desnudo la mentira de que las potencias imperialistas están librando una guerra en Siria para cambiar el carácter represivo del régimen. En realidad, están promoviendo y apoyando fuerzas profundamente reaccionarias y opresivas.

Estos acontecimientos muestran, también, que la denominada “guerra contra el terror” —la afirmación de que Washington y la UE están luchando contra Al Qaeda, que sirvió de justificación para las guerras en Irak y Afganistán— es otra mentira más. El imperialismo está armando y financiando a grupos terroristas vinculados con Al Qaeda, que están cometiendo crímenes terribles contra la población siria y están entregando su riqueza a la UE y Washington.

La revista alemana Spiegel Online informó recientemente que los islamistas están vendiendo petróleo sirio en los mercados internacionales a precios extremadamente bajos. “Desde febrero, el grupo islamista rebelde Liwa Al Islam ha controlado el campo petrolífero de Al Thaura en la región de Ar Rakah … Los rebeldes de Al Thaura venden diez camiones cargados con petróleo cada día. Obtienen mucho dinero y cobran alrededor de 13 dólares el barril. En los mercados internacionales, el barril es vendido a 100 dólares, pero esto no tiene ningún interés aquí”.

Abu Saif, un combatiente islamista de la Brigada Ahrar, vinculada con los Hermanos Musulmanes, ofrece otro relato sobre el saqueo que están llevando a cabo las milicias islamistas. “Yabat Al Nusra está invirtiendo en la economía siria para reforzar su posición en el país y en Irak. Los combatientes de Al Nusra están vendiendo todo lo que cae en sus manos, desde trigo, vestigios arqueológicos, equipamientos fabriles, extracción de petróleo, hasta tecnología óptica, automóviles, repuestos y crudo”.

Para apoderarse del petróleo, los terroristas asesinan a todo el que se interponga en su camino. En un caso ampliamente difundido por la prensa, combatientes de Al Nusra arrasaron el pueblo de Al Musareb, cerca de Deir Ezzor, asesinando a 50 de sus residentes después de un conflicto con los miembros de la tribu local por un camión cisterna de petróleo. Los asesinatos en masa que cometieron los grupos terroristas para controlar el territorio tenían como objetivo suministrar petróleo a las potencias europeas y están documentados en vídeos publicados en Youtube.

Las potencias imperialistas dependen de los grupos terroristas como parte de su estrategia para controlar los vastos recursos energéticos existentes en Oriente Medio y Asia Central. Este interés fundamental es una de las causas de las guerras de Afganistán, Irak y Libia, así como de los preparativos de la guerra contra Irán, país con el que el régimen alauita de Asad tiene estrechos vínculos. Al igual que Siria, Irán lleva mucho tiempo en la lista de los objetivos del imperialismo, pues Washington y sus aliados europeos y en Oriente Medio lo ven como uno de los principales obstáculos para controlar el comercio de petróleo en el Golfo Pérsico y, por tanto, en el mundo entero.

Esta agresión contra Siria deja al descubierto la cínica decisión de organizaciones pseudoizquierdistas —como la Organización Socialista Internacional (ISO, por sus siglas en inglés), el Partido Izquierda alemán, el Nuevo Partido Anticapitalista en Francia (NPA) y el Partido Socialista de los Trabajadores británico (SWP)— de presentar la guerra de Siria como una “revolución”. Su posición de clase emerge claramente en este punto: saludan el saqueo del petróleo sirio al servicio de las corporaciones petroleras como una “revolución” y a los saqueadores, como “revolucionarios”.

El creciente apoyo que reciben las fuerzas islamistas suníes desde el exterior es acompañado por nuevas amenazas del imperialismo estadounidense y sus aliados de expulsar a Asad del poder, así como por los preparativos de una intervención militar directa.

En una conferencia de prensa con el primer ministro turco Recep Tayip Erdogan, celebrada el pasado jueves en Washington, el presidente de EEUU Barack Obama prometió “mantener alta la presión sobre el régimen de Asad y trabajar con la oposición siria. Los dos estamos de acuerdo en que Asad debe irse”.

El viernes, el director de la CIA John Brennan se reunió con varios altos mandatarios israelíes: el primer ministro Benjamín Netanyahu, el ministro de defensa Moisés Yaalon, el máximo jefe de las fuerzas armadas Benny Gantz y el director del Mossad Tamir Pardo, para discutir sobre Siria. Al día siguiente, en una reunión de su gabinete, Netanyahu amenazó con más ataques aéreos israelíes contra Siria y dijo que Israel actuará “con determinación … para defender el supremo interés del estado de Israel [e] impedir la entrega de armas avanzadas a Hezbolá y a [otros] elementos terroristas”.

Israel ha bombardeado Damasco hace dos semanas, supuestamente para impedir la entrega de armas de Siria a Hezbolá. La milicia libanesa chií es un firme aliado de Siria e Irán y es considerado como un destacado obstáculo para el dominio militar israelí en Oriente Medio.

El sábado, el presidente sirio Bachar Al Asad ofreció una entrevista al periódico argentino Clarín y a la agencia estatal de noticias argentina Telam. Se comprometió a conservar el poder y acusó a Israel y a otras “potencias extranjeras” de apoyar a la oposición islamista. “Israel está apoyando directamente a los grupos terroristas de dos formas: les ofrece apoyo logístico y también les dice qué sitios deben atacar y cómo debe atacarlos”, dijo.

Negó que su gobierno haya utilizado armas químicas y dijo que Occidente podría orquestar una intervención basada en falsas acusaciones. “Occidente miente y falsifica pruebas para promover guerras. Es un hábito adquirido”.

Dijo que la intervención es “una clara posibilidad, especialmente después de que hayamos conseguido hacer retroceder a los grupos armados en muchas áreas de Siria”. Sin embargo, añadió que “estamos dispuestos a hablar con cualquiera que quiera dialogar, sin excepciones”.

Asad dejó claro que espera mantener el poder convenciendo a Washington de que es un custodio de los intereses de EEUU en la región más fuerte y más fiable que Al Qaeda: “Estados Unidos es pragmático. Si descubren que están siendo derrotados y que el régimen está ganando, los norteamericanos se atendrán a los hechos”.

Esta sumisión a Washington expone la bancarrota del nacionalismo árabe. De hecho, como deja claro The Guardian, Washington y sus aliados imperialistas europeos están financiando y apoyando a la oposición islamista para destruir el régimen sirio.

El gobierno de Obama también está aumentando sus esfuerzos para llegar a un acuerdo con Moscú, el principal aliado de Siria. La semana pasada, el ministro de exteriores ruso, Sergei Lavrov, acordó con su colega estadounidense John Kerry la celebración de una denominada “conferencia de paz” en junio, supuestamente para negociar un final de la guerra siria. Durante esa conferencia, Washington presionaría en favor de una salida “negociada” de Asad del poder y su sustitución por un régimen títere más flexible aprobado por Moscú.

Lavrov está intentando, también, calmar a EEUU e Israel acerca de las posibles ventas de misiles rusos a Siria. Insistió en que estas armas “no alterarán de ninguna forma la relación de fuerzas en la región ni darán ninguna ventaja al régimen en su lucha contra la oposición”.

Al parecer, Rusia solo ha suministrado a Siria sistemas de defensa costera SS-N-26, pero no misiles antiaéreos SA-21, como parte de un tratado que fue concluido en 2011. Lavrov, además, prometió que Rusia no firmaría nuevos acuerdos con Siria.

Traducción: Javier Villate