Los dilemas de la política de EEUU para Siria

Se ha sabido ahora que, en una reunión celebrada en Jordania hace seis meses entre representantes de los servicios de inteligencia de EEUU y líderes rebeldes sirios, salieron a relucir algunos de los problemas de la política de Obama para Siria.

El periodista Phil Sands ha entrevistado a uno de los líderes rebeldes que participó en dicha reunión. Según él, los norteamericanos se mostraron más interesados en hablar sobre Yabat Al Nusra, el grupo afiliado a Al Qaeda que ha tomado un gran protagonismo en los combates contra el régimen de Asad, que en ayudar a los rebeldes. Querían conocer las identidades de los jefes del grupo terrorista, las localizaciones de sus bases y, lo que más sorprendió, querían también que las fuerzas rebeldes volvieran sus armas contra Al Nusra. En ese empeño recibirían ayuda de EEUU.

La conversación, siempre según el líder rebelde, fue más o menos así, según el relato del líder rebelde:

Los norteamericanos empezaron discutiendo la posibilidad de llevar a cabo ataques con aviones no tripulados contra las bases que Al Nusra tenga dentro de Siria e intentaron, también, que los rebeldes lucharan contra sus aliados de Al Qaeda.

El representante de los servicios de inteligencia de EEUU dijo: “Podemos entrenar a 30 combatientes vuestros cada mes y queremos que luchen contra Al Nusra”.

El líder rebelde replicó que, para derribar a Asad, las fuerzas de la oposición debían unirse, no librar una guerra entre ellas.

La respuesta del representante de EEUU fue tajante. “No le voy a mentir. Preferimos que luche ahora contra Al Nusra y solo después contra el ejército de Asad. Deben matar a esta gente de Al Nusra. Si no lo hacen ustedes, lo haremos nosotros”.

El Guardian informó el mes pasado que EEUU y sus aliados “han aumentado drásticamente su apoyo a algunos rebeldes para que intenten frenar los avances de los grupos vinculados a Al Qaeda en las filas combatientes”. Esta es, también, la orientación del régimen jordano, con el que EEUU e Israel han intensificado sus contactos últimamente.

La administración Obama ha enviado a miembros de la CIA a Irak para apoyar a las milicias del gobierno (Bagdad es, en principio al menos, un aliado de Asad) en su lucha contra los militantes de Al Qaeda, que se están desplazando hacia Siria para unirse a la rebelión. Obama ha considerado, incluso, la solicitud del gobierno iraquí para bombardear las posiciones de las fuerzas rebeldes islamistas en la frontera de Irak con Siria con aviones no tripulados.

Queda claro, pues, que el principal objetivo de EEUU es ahora liquidar a Al Qaeda en Siria y no “cambiar el régimen”. De ahí las dudas que expresan diferentes políticos estadounidenses y la propia Casa Blanca acerca de armar a los rebeldes. Las posibilidades de que acaben en manos de Al Nusra serían muy elevadas.

Washington ha proporcionado, ciertamente, armas, letales y no letales, a los rebeldes, tanto de forma abierta como encubierta. Pero Obama no se ha decidido a enviar una ayuda militar decisiva, como han solicitado la ex secretaria de estado Hillary Clinton, el ex secretario de defensa Leon Panetta y el jefe del estado mayor conjunto Martin Dempsey, quienes son partidarios de armar a los rebeldes.

En mi opinión, cabe interpretar en esta misma línea el reciente acuerdo entre EEUU y Rusia para explorar una salida negociada al conflicto sirio, mediante el impulso de una conferencia internacional a la que asistan representantes del régimen sirio y de la oposición.

El giro de la política norteamericana parece que está tomando cuerpo. Algo parece haber aprendido Obama de los desaguisados que ha creado EEUU en Irak y Libia, y del fiasco de Afganistán.

Todo esto nos da la razón a quienes hemos dicho que las fuerzas rebeldes sirias están hegemonizadas por islamistas extremistas o yihadistas, como se les llama ahora. Los elementos laicos y democráticos, que los hay, son una clara minoría y han sido marginados cuando la oposición al régimen de Asad ha pasado a ser armada.

Aferrarse a la existencia de estos elementos para apoyar la rebelión contra Asad es un nuevo error de la izquierda occidental. Y ya son demasiados. El derrocamiento de Asad por las fuerzas rebeldes conduciría, con toda seguridad, a un régimen islamista —probablemente inestable y sin duda dictatorial— dirigido por los que arrancan y comen los corazones de los enemigos. Y eso sería pasar de guatemala a guatepeor.

Lamentablemente, no hay en Siria una rebelión democrática contra un régimen opresor. Pero sí hay una guerra que se ha cobrado decenas de miles de víctimas. Y eso es lo que hay que parar. En ella no hay opción para los elementos democráticos y progresistas. Estos necesitan, para prosperar, un clima que les permita luchar pacíficamente contra todas las formas de opresión.