Los datos del genocidio en Somalia sometidos a revisión

Glen Ford

Fuente: Genocide Toll in Somalia Revised Upward, Black Agenda Report, 30/04/2013

Un nuevo estudio muestra que, en 2011, murieron el doble de los somalíes que inicialmente se dijo. El gobierno británico había estimado que entre 50.000 y 100.000 somalíes sucumbieron a la hambruna durante la gran sequía, pero el nuevo estudio concluye que fueron 260.00 los que murieron, la mitad de ellos menores de seis años.

Como es de esperar, los medios de comunicación corporativos culparon de la hambruna a los combatientes del Shabaab, que se opusieron a EEUU y sus aliados en su guerra contra el pueblo somalí, cuando, en realidad, la cifra de muertos representa un crimen contra la humanidad cometido por EEUU. Se trata de un capítulo más del genocidio en curso que se inició en diciembre de 2006.

En esa fecha, EEUU y Etiopía invadieron Somalia para derribar a un gobierno basado en tribunales islámicos que había derrotado a los señores de la guerra apoyados por Washington. El brutal ataque desde tierra, mar y aire creó lo que los observadores de la ONU describieron como “la peor crisis humanitaria de África”. Fue un baño de sangre planificado en la oficina de George Bush y que ha continuado bajo la presidencia de Obama.

La causa inicial del holocausto no fue la sequía, sino la salvaje matanza de civiles por parte de los invasores etíopes y el consiguiente colapso de la agricultura somalí. La capital, Mogadiscio, fue sitiada durante cinco años, mientras los civiles eran cazados por todo el país por las fuerzas etíopes y bombardeados por la aviación estadounidense. El representante de UNICEF para Somalia habló de la “obscenidad” de un conflicto en el que “los niños son el verdadero objetivo”.

No obstante, los primeros años de la guerra no fueron buenos para Washington, pues sus aliados etíopes fueron obligados a retirarse de muchas áreas del país después de haber sufrido importantes pérdidas. Las fuerzas norteamericanas adoptaron, entonces, la hambruna como arma de guerra, un calculado acto de genocidio.

A finales de 2009, EEUU comenzó a retener los alimentos enviados a las agencias humanitarias, de los que dependía la mitad de los somalíes del sur y el centro del país para su supervivencia, poniendo en peligro las vidas de tres millones de personas. Las principales fuentes de alimentos eran los almacenes que estaban bajo control de las fuerzas estadounidenses en la vecina Kenia, pero EEUU restringió drásticamente el flujo, argumentando que buena parte iba a parar a manos de los combatientes de Shabaab. Así, EEUU intentó romper la resistencia matando de hambre a la gente, un genocidio según cualquier definición legal. A comienzos de 2011, la peor sequía de las últimas décadas azotó la región, añadiendo una causa natural desastrosa a la catástrofe producida por el hombre, que había empezado a finales de 2006.

La escala del horror fue tremenda, empeorada por la intensificación de la guerra y la entrada de Kenia en la carnicería como aliado de EEUU. No obstante, los británicos afirmaron que solo murieron entre 50.000 y 100.000 y EEUU declinó ofrecer estimaciones oficiales

Finalmente, seis años y medio después de que EEUU hundiera a Somalia en el infierno, fuentes internacionales han admitido que al menos un cuarto de millón de personas murieron en el tiempo que duró la intervención norteamericana, todos ellos bajo el mandato de Obama.

Estados Unidos es una infernal máquina de matar, no importa el color del criminal que habite la Casa Blanca.


Glen Ford es director ejecutivo de Black Agenda Report. Su correo electrónico es Glen.Ford@BlackAgendaReport.com.

Traducción: Javier Villate