Por los derechos humanos de todos, ¡cierren Guantánamo ya!

Alex Kane ha escrito en AlterNet un artículo sobre la huelga de hambre de los presos de Guantánamo. Es importante tener en cuenta que dicho artículo fue publicado el 30 de abril.

En el mismo se dice que la huelga de hambre estaba siendo seguida por más de 130 de los 166 presos que están encerrados en el gulag estadounidense. Al menos 23 de los huelguistas de hambre están siendo alimentados a la fuerza, algo que ha levantado las denuncias de las organizaciones de derechos humanos, en primer lugar por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien no ha dudado en calificar la alimentación forzosa de tortura. Algo parecido ha dicho la Asociación Médica de EEUU, para quien “todo paciente competente tiene derecho a rehusar toda intervención médica, incluyendo las intervenciones dirigidas a mantenerlos en vida”.

Kane nos dice que el gobierno de Washington ha enviado “refuerzos médicos” de la Armada, con el fin de alimentar forzosamente a los presos en huelga de hambre.

Los presos iniciaron la huelga de hambre a comienzos de febrero, después de que los guardias de la prisión entraran en las celdas y confiscaran pertenencias, incluyendo el Corán. Imaginemos la situación personal de presos que llevan más de 11 años en la prisión sin haber sido juzgados. La desesperanza es absoluta y creen que nunca saldrán de Guantánamo.

De los 166 presos, 86 debían haber sido puestos en libertad sin cargos. Pero aún están allí. Otro motivo para la huelga de hambre.

El presidente Obama ha vuelto a decir que quiere cerrar Guantánamo, pero que el Congreso lo ha impedido hasta ahora. Aunque esto es cierto, la Casa Blanca no ha mostrado demasiado interés en buscar fórmulas (que existen) para terminar con esta vergüenza sin par en el mundo.

Por otro lado, los guardianes de la prisión han reprimido con la fuerza las protestas de los internos, tantos antes como después del inicio de la huelga de hambre.

Al menos, parece que Obama ha conseguido detener la práctica abominable de la tortura en la prisión, algo habitual bajo la administración Bush.