La situación de las mujeres en Gaza

Rana Baker

Fuente: Misconceptions Abound On Gaza’s Women, Politics, Al-Monitor, 25/04/2013

Cuando se lee algo sobre Gaza, se ha convertido en algo habitual encontrarse con descripciones de la franja como “enclave islámico” o “territorio controlado por Hamas” y otras del mismo estilo. En el caso de que exista alguien que no sepa lo que es Hamas, los comentaristas se aseguran de que sus lectores comprendan que es el grupo “fundamentalista” que quiere la “destrucción de Israel” y nada más.

Por consiguiente, los palestinos de Gaza suelen ser calificados como ardientes simpatizantes de Hamas o disidentes silenciados, incluyendo las mujeres, que reciben el tratamiento más severo imaginable, no solo de parte del gobierno de Hamas, sino también del hombre medio, misógino y retrógrado. Estas caracterizaciones suelen ir seguidas de burdas generalizaciones sobre cada uno de estos estereotipos. Mientras los simpatizantes de Hamas son “terroristas” y “bárbaros sedientos de sangre”, los disidentes son vistos como minorías amantes de la paz que buscan tener relaciones de buena vecindad con Israel, la entidad ocupante.

Un ejemplo reciente de este tipo de retratos se puede encontrar en un reportaje publicado en The Independentel 13 de abril. En “Tales from Gaza: What is Life Really Like in `the World’s Largest Outdoor Prison’?”, el autor pretende proporcionar “una pequeña instantánea de la vida en Gaza”. Sin embargo, asegura que lo que sigue son los “testimonios” de personas “que rara vez pueden hacer oír su voz”.

Al comienzo de las seis entrevistas, el autor deja claro que todas las personas entrevistadas son hombres, no porque esa fuera su intención —él es, después de todo, un occidental que cree en la igualdad de género—, sino porque en sus dos días de estancia en Gaza no pudo encontrar una mujer dispuesta a hablar con él “de forma independiente”. De hecho, la única ocasión en la que tuvo la oportunidad de hablar con una mujer, nos dice, fue en presencia de un guardián masculino, el marido. Por tanto, aunque pudo “dar voz” a los hombres, sus intentos de hacer lo mismo con las mujeres fueron frustrados.

Estas consideraciones se corresponden con conceptos orientalistas. Por lo general, esto supone que los periodistas extranjeros llegan a Gaza con un conjunto de preconcepciones sobre el lugar y su gente y, luego, buscan confirmarlas en lugar de verificarlas. Aunque Gaza no es, ciertamente, un paraíso para las mujeres, ni para nadie, hay miles de mujeres cultas que están dispuestas a hablar por sí mismas y lo hacen así en todos los ámbitos, desde la medicina, el teatro y la política a la pesca y la agricultura.

Hace apenas unos meses, se representó una obra de teatro escrita por el renombrado escritor palestino Samah Sabawi en uno de los centros culturales de Gaza, que siguen prosperando a pesar de los continuos esfuerzos de Israel para subdesarrollar culturalmente la franja. Casi todos los participantes en dicha representación eran mujeres, que también eran mayoría en la audiencia. No estaban acompañadas por sus maridos, hermanos o padres.

Sin embargo, eventos como este casi nunca merecen la atención de los medios de comunicación. Además, cualquier mención de un número considerable de mujeres que salen a la calle sin el hiyab provoca, inmediatamente, expresiones de sorpresa por parte de aquellos que solo han oído hablar de Gaza a través de los principales medios de comunicación, sobre todo, los occidentales. Si digo que las mujeres conducen coches en Gaza, puede parecer a muchos una mentira.

Las mujeres no son las únicas protagonistas de esta historia. Afirmar que Gaza es “islamista” descarta automáticamente la existencia de grupos de izquierda y laicos, la mayoría de los cuales critican la religión en su totalidad. La homogeneización de la “vida en Gaza” no puede ser más evidente en el reportaje de The Independent.

De las seis entrevistas que el periodista realizó, una fue con un político de Hamas, cuatro fueron con hombres trabajadores y el restante, con un hombre empleado. A pesar de no estar de acuerdo con Israel, cinco de ellos pertenecen a la categoría “dispuesto a olvidar el pasado”, no tienen ningún problema de invitar a tomar café al ex primer ministro Ariel Sharon y ven a Isaac Rabin —el primer ministro que ordenó romper los huesos de los palestinos antes y durante la primera intifada— como un hombre de paz.

Con la excepción del político de Hamas, los entrevistados expresaron el mismo deseo incondicional de lograr la paz con Israel, lo cual podría hacer pensar que no existe ningún otro punto de vista. Al mismo tiempo, veían a Hamas como el principal causante de su malestar. Israel era, para ellos, algo secundario en su terrible vida cotidiana.

El hecho de que no se proporcionara ninguna crítica de las ideas en cuestión sugiere que, en realidad, no existe; así como tampoco existe ninguna mujer capaz de hablar con el autor. Retratar a los habitantes de Gaza como un pueblo homogéneo, que experimentan la vida de la misma forma, es condescendiente, en el mejor de los casos, y en el peor, orientalista. Las opiniones expresadas en el reportaje son innegablemente existentes, pero no reflejan toda la realidad.

Israel, que ha lanzado dos ataques mortíferos contra Gaza en menos de cinco años, no es percibida, generalmente, como una entidad amistosa. La gran mayoría de los segmentos, politizados y no politizados, de la sociedad gazatí no está dispuesta a “olvidar el pasado”, el cual sigue modelando las vidas de 1,1 millones de palestinos oficialmente registrados como refugiados en la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina (UNRWA, por sus siglas en inglés).


Rana Baker estudia administración de empresas en Gaza y escribe en The Electronic Intifada.

Traducción: Javier Villate