¿Derechos individuales o nacionalismo?

Lo de este país tiene difícil arreglo. Existe un cúmulo de leyes y resoluciones judiciales que se contradicen, que contradicen el sentido común y que contradicen algunos principios básicos de toda moralidad.

El último desatino ha venido de la mano del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Algunos, llevados de su feroz antinacionalismo, pueden llegar a dictar sentencias y resoluciones como la que obliga a dar toda una clase en español si un solo alumno así lo pide. ¿Y si otro pide que se dé en catalán? ¿O acaso una lengua tiene prioridad sobre otra y no son, ciertamente, iguales en ese ámbito? ¿Y qué pasa si una familia vasca en Albacete pide que se enseñe en euskera?

Por supuesto, puede haber argumentos razonables para negar a la familia Gabikagogeaskoa que a Urko le enseñen las mates en euskera en Albacete. Para empezar, pueden decir que no hay profesor/a para ello. Pero, ¿se trata de un derecho o no? Porque si se trata de un derecho, ese argumento es débil y el estado debe garantizar el derecho de Urko Gabikagogeaskoa a aprender en euskera, su lengua materna. ¡Ah, que si quiere eso que se vaya a Euskadi! ¿Por qué? Él es libre y quiere vivir en Albacete. Claro que también podría irse a vivir a Madrid la familia que en Sabadell quiere que Juanito aprenda geografía en español. Demasiados prejuicios y discriminaciones impensadas.

Mientras tanto, siguen expulsando de la tribuna del Congreso a diputados catalanes que se empeñan en hablar en catalán. Invocan un reglamento, pero ese reglamento lo han confeccionado los diputados y, por tanto, no es algo aséptico caído del quinto pino, sino que expresa la voluntad política de los partidos políticos mayoritarios de excluir las lenguas del Estado español salvo la española.

El argumento de los diputados catalanes era sólido: si en la escuela pública debe enseñarse en español si una sola familia lo pide, algo parecido habría que hacer en el Congreso. Pero el fervor —el falso fervor, que no hemos nacido ayer— por los derechos individuales no es consistente y solo tiene vigencia donde “ellos” (¡no los individuos!) deciden que deben reinar. Así, tenemos que triunfan en la escuela pública, pero no en el Congreso de los diputados…

El hilo que une estos dos acontecimientos (y muchos otros) no es el de los derechos individuales, sino el del nacionalismo español, que es la ideología dominante en España, asumida, con algunas diferencias de matiz, por conservadores, socialdemócratas y pseudoliberales como los de UPyD. No ha habido más que ver cómo han reaccionado todos ante la reivindicación de una consulta sobre la autodeterminación en Cataluña, aspiración democrática donde las haya y que los liberales, los buenos liberales han defendido siempre. Con la España Grande, Una y Libre hemos topado.