Anarquismo, minarquismo… o lessarchism

Paul Lockett

Fuente: Anarchism, Minarchism – or Lessarchism, blog de Paul Lockett, 19/04/2010

En el Estado español y en Europa continental, en general, la cultura política ha sido, y es, profundamente estatista. El estado es algo incuestionado, casi sagrado. Nadie concibe vivir en sociedad sin un estado. El liberalismo clásico, el vinculado con los iniciadores, es algo prácticamente inexistente en Europa. El realmente existente es el llamado liberalismo social o moderno, que apoya un estado de bienestar, muy en la línea socialdemócrata.

En Estados Unidos, la cultura política es muy distinta. La historia política, también. La historia de EEUU conoció una sociedad, la de los primeros colonos y los pioneros, profundamente individualista y carente casi de estado, más allá del ‘sheriff’ y el juez. Véase este vídeo:

Por eso, el liberalismo clásico y el llamado libertarismo son ideas muy influyentes en EEUU. Así mismo, mientras el anarquismo europeo es fundamentalmente colectivista, en EEUU es básicamente individualista.

El artículo que presento aquí se inserta en el debate existente en los medios académicos de EEUU, pero refleja muy bien mi propio modo de pensar. Digamos que estoy de acuerdo con él en un 98 por ciento 🙂 JV


 

En Counting Cats, Ian B ha escrito un artículo que contrasta el anarcocapitalismo y el minarquismo, inclinándose por este último. Este atrajo las respuestas de, entre otros, Coats Jock y DK. Así que pensé que podía explicar mi propia posición que, en cierta medida, incluye a ambos puntos de vista y que denomino lessarchism. [Less en inglés significa “menos (que)” y se entenderá muy bien su sentido leyendo el artículo. Si a alguien se le ocurre una traducción justa e ingeniosa, se lo agradeceré. JV]

Para entender adecuadamente la anarquía y la minarquía, hay que entender primero la arquía. Significa dominio, autoridad, ejercida generalmente por el estado. ¿Pero qué es, en esencia, el estado? La descripción más precisa que, en mi opinión, puedes hacer es que se trata de una mafia protectora. Es una organización que toma dinero por la fuerza con la excusa de ofrecer protección, cuando en realidad la principal protección es la que se procura la mafia a sí misma. En el fondo, el estado es una organización coactiva que funciona en base a la violencia y la amenaza de ejercerla.

Dada la naturaleza de la bestia, la cuestión que surge es: ¿por qué toleramos la arquía, cualquiera que sea esta? Creo que hay, sobre todo, dos respuestas:

  1. El estado incorpora a más gente en la mafia ofreciendo privilegios a quienes potencialmente podrían amenazarle. Es un asunto complejo, pero se puede observar, por ejemplo, en la inclusión gradual de los comerciantes en lo que previamente fue un estado aristocrático. Cuando los efectos se extienden lo suficiente, da origen al efecto al que aludió Bastiat cuando describió el estado como “la gran entidad ficticia por la que todos buscan vivir a expensas de los demás”.
  2. El estado mantiene la apariencia de ser mejor que cualquier alternativa. Esto es lo que favorece cambios como la expansión del derecho a voto y la institución de las restricciones constitucionales. Estas son concesiones que son, generalmente, otorgadas por el estado existente con el fin de perpetuarse. Si existiera la amenaza de una revolución, puede ser beneficioso para el estado existente limitarse constitucionalmente. El alto mando del estado existente (sean aristócratas o políticos) consigue, así, mantener su poder, aunque sea disminuido, evitando ser completamente desposeído. El pueblo que vive bajo el estado ve, así, cómo mejoran sus condiciones de vida sin correr el riesgo de caer bajo el dominio de un nuevo estado que podría ser mucho peor que el anterior.

Examinando las dos razones, no veo que la primera pueda considerarse una especie de justificación moral para tolerar un estado dado. Pasar a formar parte de la mafia protectora podría hacer que las cosas parecieran más agradables desde tu propio punto de vista, pero no haría que el estado fuera menos opresivo o abusivo. La segunda razón, sin embargo, tiene algo interesante. Así como podrías tolerar a una mafia protectora si creyeras que la alternativa es otra mafia protectora mucho más violenta, podría tener sentido tolerar un estado relativamente benévolo si la alternativa fuera una dictadura militar o un invasor opresor.

Es aquí donde tiendo a alejarme de muchos —aunque en absoluto todos— que se autodenominan minarquistas o anarquistas. Desde mi punto de vista, ambas son concepciones que se centran en una situación final. Una afirma que la cantidad óptima de arquía es la que corresponde a un estado pequeño y limitado a ciertos fines; la otra sostiene que la cantidad óptima de arquía es estado cero. Cuando examino la posición minarquista, me pregunto si es realmente posible tener un estado limitado que no se expanda gradualmente hasta convertirse en un estado opresivo. No lo sé. Cuando examino la posición anarquista, me pregunto si es realmente posible tener una sociedad sin estado, o sin algo que funcione como un estado y que asuma el control. No lo sé.

Esa es la razón por la que me autodenomino lessarchist. Esto implica centrarse en el proceso y no tanto en la situación final. No sé cuál puede ser el arreglo óptimo, pero sé que, en cualquier situación dada, quiero menos arquía. Quiero menos opresión, quiero menos violencia agresiva, quiero menos coerción y compulsión y más acción voluntaria y consensual.

Tal vez en un nivel muy bajo de arquía fuera factible reducir significativamente el estado sin abrir la puerta a un agresor que impusiera más arquía que la que había antes. O tal vez no. Podría ser que, una vez que hubiera muy poca arquía, la que quedara no pudiera sobrevivir, dada la mentalidad dominante de la población. No lo sé, pero en la actualidad no creo que eso sea importante, principalmente porque no creo que vaya a haber jamás una situación final definida. Los arreglos serán siempre cambiantes, la vigilancia eterna será siempre el precio de la libertad. Me interesa menos saber dónde podemos estar mañana que cuánta arquía podemos reducir hoy.

Traducción: Javier Villate