Ciudad mexicana expulsa a políticos y policía para tener seguridad y autogobierno

Annie Murphy

Fuente: One Mexican town finds more security by throwing out the police, The Christian Science Monitor, 13/03/2013

El municipio indígena de Cherán era como muchos otros lugares de México, estaba sepultado bajo el peso de la delincuencia vinculada al narcotráfico y una policía que apenas hacía algo para impedirlo.

Pero hace unos dos años, los ciudadanos de Cherán expulsaron a la policía y se hicieron cargo del ayuntamiento según la tradición indígena. Hasta el momento, han tenido un notable éxito.

Según los expertos, los movimientos indígenas autonomistas, como el de Cherán, conforman una tendencia a lo largo y ancho de América Latina, desde los zapatistas de Chiapas en los años 90, hasta las comunidades que luchan en la actualidad por el autogobierno en Chile y Bolivia.

La respuesta de los gobiernos nacionales varían mucho, dice Shannon Speed, profesora de antropología de la Universidad de Texas en Austin.

“Cherán ha tenido tanto éxito, en parte, debido al contexto concreto en que se ha desarrollado, un contexto en el que el gobierno no tiene mucho control. Así que están encantados de decir: ‘Adelante, gobiérnense como quieran'”, dice Speed, que está especializada en temas indígenas, derechos humanos y derecho.

En un momento en que la violencia del narcotráfico crece y son cada vez más los grupos de autodefensa ciudadana que surgen en México, lo que caracteriza a Cherán es su proyecto de crear un sistema formal de autonomía indígena, y no solo grupos de vigilancia para acabar con la violencia.

“Nadie nos prestó atención”

Escondido en las colinas de Michoacán, Cherán está rodeado de densos bosques, campos de maíz y apacibles arroyos. Los indígenas purépecha han vivido en ese área durante siglos, basándose en una combinación de agricultura de subsistencia y recolección selectiva de madera.

“Estos bosques son nuestra herencia”, dice Trinidad Ramírez, una líder local. “Nuestros abuelos nos enseñaron a vivir con el bosque, a vivir juntos dentro del bosque, conectados al mismo”.

Pero llegó el momento en que los partidos políticos nacionales comenzaron a ganar influencia en la localidad y, hace unos cinco años, con ellos llegaron las empresas madereras ilegales vinculadas con mafias de la droga. Empezaron a desaparecer aldeanos y algunos, incluso, aparecieron muertos. Ramírez dice que la atmósfera del municipio cambió completamente.

“Nos volvimos indiferentes los unos hacia las otros. Empezamos a pensar que si algo malo sucedía a alguien de otro partido político, lo tenía merecido”, explica. “Se descontrolaron muchas cosas”.

Ramírez dice que fueron talados ilegalmente alrededor de 50.000 hectáreas de bosque entre 2008 y 2011. Cada día, pasaban por Cherán unos 250 camiones cargados de madera.

Así eran las cosas hasta que, en abril de 2011, un grupo de mujeres impulsó la acción de los residentes.

“Soy ama de casa. Antes de todo esto, solía recoger leña y vender gachas, tortillas y pan”, dice Josefina Estrada de las Casas, una de las mujeres que ayudó a movilizar a Cherán. “Nadie nos prestó atención”.

Pero Estrada de las Casas y otras mujeres de la localidad decidieron que estaban hartas de los madereros que atravesaban sus calles empedradas, a menudo lanzando insultos y botellas de cervezas por las ventanas de los camiones, así que idearon un sencillo plan.

Una mañana, al alba, reunieron a sus maridos y a otros residentes y les entregaron piedras, palos y unos pocos machetes. Consiguieron detener a cuatro madereros y sus vehículos. La policía intervino, pero en defensa de los madereros. Así que los residentes les echaron a todos del municipio, madereros, policías y políticos.

“Ese fue el día en que decidimos volver a nuestras tradiciones”, señala Ramírez.

Reconocimiento del estado

Los habitantes de Cherán cerraron los accesos a la localidad, organizaron grupos de vigilancia en torno a las hogueras y empezaron a idear su propio sistema de gobierno, basado en las tradiciones purépecha. Designaron un consejo de 12 miembros indígenas —entre los que se encuentran Ramírez y Estrada de las Casas— y obtuvieron el reconocimiento del estado mexicano.

Mientras crece la violencia en todo el país, también surgen por todas partes grupos de defensa ciudadana, causando un gran nerviosismo. Algunos de estos grupos van enmascarados y establecen puntos de control, donde detienen a aquellos que consideran sospechosos o delincuentes. Esto está sucediendo, sobre todo, en el sur y oeste de México en los últimos meses. La Comisión de Derechos Humanos de México hizo pública hace poco una declaración expresando su preocupación: “No hay justificación alguna para que un grupo de personas se tomen la justicia por su cuenta al margen de la ley”.

Sin embargo, en Cherán la tradición indígena y la autonomía son la ley. Unos seis meses después de que los residentes expulsaran a la policía, el gobierno mexicano concedió al municipio un nivel de autonomía legal para autogobernarse a nivel local según la tradición indígena.

“Por qué estoy aquí”

En un puesto de control situado en un extremo del municipio de Cherán, cuatro miembros de la guardia indígena vigilan. Van vestidos con pantalones negros, grandes botas y camisetas también negras, y llevan rifles. Al principio, el único coche que se acercó al puesto de control fue un sedán propiedad de un panadero local. Abrió el maletero y repartió algunos churros rosados cubiertos de azúcar. Por un momento, la escena parecía festiva. Pero cuando se acercaron más coches, los guardias escondieron los churros en una choza de hormigón y se colocaron en sus puestos.

Santiago Rodríguez tiene 18 años y ha estado trabajando aquí desde hace casi dos años. Cuando los vehículos pasan por el control, los va describiendo con un walkie-talkie. Los guardias de los otros puestos de control vigilarán que los automóviles van a donde dijeron que iban y registran los coches que les señala Rodríguez.

“Por ejemplo, ese Chevy, el gris”, dice en voz baja. “Es realmente nuevo y el tipo que lo conduce parece sospechoso. Parece que tiene mucho más dinero que la mayoría de la gente de aquí”. Revisa el asiento trasero y, cuando el coche se aleja, pasa la información por la radio para que lo registren en el siguiente puesto de control.

Rodríguez añade que los madereros ilegales todavía siguen pasando algunas veces y que pueden enfrentarse a los guardias. Pero añade que los secuestros y la violencia son, en su mayor parte, cosa del pasado.

Sin embargo, muchos miembros de la guardia indígena prefieren no dar sus nombres. Pero ante la idea de ser anónimo, Rodríguez levanta la barbilla y frunce el ceño, manteniendo su mirada en la hilera de coches. Dice que él quiere estar identificado con su propio nombre.

“Si alguien quiere venir a por mí, vale”, dice. “Lo que hacían casi destruye Cherán, y por eso estoy aquí”.


Este reportaje fue escrito en colaboración con la periodista Isabella Cote y el Proyecto Periodismo México de Round Earth Media.

Traducción: Javier Villate