Genocidio de Ruanda: Justicia sobre la hierba

En Ruanda, el genocidio ha ejercido una fuerte presión sobre la justicia en la nueva sociedad. El gobierno actual y el sistema de justicia establecido estaban desbordados. Tardarían decenas de años en resolver los casos relacionados con el genocidio. El sistema occidental, con sus jueces, fiscales, abogados y demás, no servía. Buscaron una solución en el restablecimiento de las gacaca, un sistema tradicional de justicia asamblearia con “jueces” elegidos por los ciudadanos. No hay abogados de acusación ni de defensa, pero todos pueden participar aportando sus informaciones sobre el caso. Los/as jueces electos reciben los informes de la policía y, junto a las aportaciones de los participantes en el juicio, juzgan del caso.

Los principios en que se basa la gacaca son el castigo al culpable, la reconciliación de este con sus víctimas y la oportunidad para que todos vuelvan a vivir juntos.

Es un vídeo de Periodismo humano:

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  1. Un millón de muertos en cien días
    “La terrible matanza de Ruanda, que tuvo lugar en 1994, es uno de los casos más claros de genocidio de la historia moderna. Desde principios de abril hasta mediados de julio de aquel año, una enorme cantidad de tutsis, grupo étnico minoritario de esta pequeña nación de África central, fueron asesinados sistemáticamente por miembros del grupo étnico mayoritario: los hutus. Por temor a perder el poder debido a un movimiento democrático y una guerra civil, el gobierno extremista hutu organizó el exterminio de todo aquel que representara una amenaza, fuera tutsi o hutu moderado. El genocidio vio su fin cuando las fuerzas rebeldes, compuestas en su mayoría de tutsis, ocuparon el país y desterraron a los líderes del régimen. En tan solo cien días, el genocidio y la guerra segaron la vida de un millón de personas, haciendo de aquella matanza una de las más sangrientas de toda la historia.” (Encyclopedia of Genocide and Crimes Against Humanity.)
    “Cámaras de exterminio”
    “Aprovechándose del concepto histórico de que las iglesias son refugios santos, los autores del genocidio lograron que miles de tutsis acudieran a ellas con la falsa esperanza de que serían protegidos. A todos los que se refugiaban tanto en las iglesias como en las escuelas, la milicia hutu y los soldados los exterminaban sistemáticamente: les disparaban y les arrojaban granadas, y luego remataban a los sobrevivientes con machetes, hoces y cuchillos. […] La participación de las iglesias no se limitó a permitir que sus edificios se convirtieran en cámaras de exterminio. Hubo miembros del clero, catequistas y otros empleados de las iglesias que delataron a los tutsis que había en su comunidad. En ocasiones, ellos mismos fueron los verdugos.” (Christianity and Genocide in Rwanda.)
    “A la Iglesia [Católica] se le acusa principalmente de haberse desvinculado de la élite tutsi para promover una revolución hutu y de propiciar la ascensión al poder de Habyarimana en un gobierno de mayoría hutu. Con respecto al genocidio, los críticos responsabilizan una vez más a la Iglesia por incitar al odio, proteger a los culpables y traicionar a los que se refugiaron en sus recintos. También hay quienes piensan que la Iglesia, guía espiritual de la mayoría de los ruandeses, no cumplió con su deber moral de hacer todo lo posible por detener la matanza.” (Encyclopedia of Genocide and Crimes Against Humanity.)

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