¿Cuál es el juego de Occidente con el terrorismo islamista?

Tony Cartalucci

Fuente: The Geopolitical Reordering of Africa: US Covert Support to Al Qaeda in Northern Mali, France “Comes to the Rescue”, Global Research, 15/01/2013

Han aparecido un montón de artículos defendiendo la intervención militar de Francia en Mali. El artículo del Time “The Crisis in Mali: Will French Intervention Stop the Islamist Advance?” dice que los viejos trucos son los mejores y elige la tediosa narrativa de la “guerra contra el terrorismo”. La revista afirma que la intervención pretende impedir que los terroristas “islamistas” se extiendan por África y Europa. El artículo dice:

[…] existe el temor en Francia —probablemente bien fundado— de que un Mali islamista radical amenace a Francia, sobre todo, puesto que la mayoría de los islamistas son francófonos y muchos tienen parientes en Francia (fuentes de los servicios de inteligencia en París han dicho al TIME que han identificado a futuros yihadistas que han salido de Francia y entrado en el norte de Mali para entrenarse y combatir). Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM, por sus siglas en inglés), uno de los tres grupos que componen la alianza islamista maliense y que ejerce una gran influencia en la insurgencia, ha tomado a Francia —representante del poder occidental en la región— como primer objetivo.


Lo que Time no dice es que AQIM está estrechamente vinculado con el Grupo de Combatientes Islámicos de Libia (LIFG, por sus siglas en inglés), al que Francia apoyó en la guerra contra Libia, ofreciéndole armas, entrenamiento, fuerzas especiales e incluso aviones de apoyo.

Ya en agosto de 2011, Bruce Riedel, del Brookings Institution, un grupo de estudios financiado por varias corporaciones, escribió “Algeria will be next to fall”, donde pronostica alegremente que el éxito en Libia animará a los elementos radicales argelinos, en particular a AQIM. Entre la violencia extremista y la perspectiva de ataques aéreos franceses, Riedel esperaba ver la caída del gobierno argelino. Irónicamente, Riedel señaló:

Argelia ha expresado una particular preocupación por la posibilidad de que los disturbios en Libia puedan conducir al desarrollo de un importante refugio y santuario seguro para Al Qaeda y otros yihadistas extremistas.

Y gracias a la OTAN, eso es precisamente lo que ha sucedido en Libia: un santuario de Al Qaeda patrocinado por Occidente. Los avances de AQIM en el norte de Mali y, ahora, la intervención francesa verán cómo el conflicto se extiende inevitablemente a Argelia. Hay que señalar que Riedel es coautor de “Which Path to Persia?”, que conspira abiertamente para armar a otra organización incluida en la lista de grupos terroristas del Departamento de Estado de EEUU (la número 28), los iraníes Muyahedin del Pueblo (MEK, por sus siglas en inglés), con el fin de promover el caos y el colapso del gobierno de Teherán. Surge con claridad un patrón de utilización de grupos terroristas, incluso de aquellos listados como tales por el Departamento de Estado, para promover la política exterior de EEUU. El analista geopolítico Pepe Escobar observó una relación más directa entre LIFG y AQIM en un artículo de Asia Times titulado “How al-Qaeda got to rule in Tripoli”:

En 2007, el entonces número dos de Al Qaeda, Zawahiri, anunció oficialmente la unión de LIFG y AQIM. Así, a todos los efectos, LIFG/AQIM son uno y el mismo, y Belhaj es su emir.

Hakim Abdul Belhaj, líder del LIFG, dirigió, con la ayuda, las armas, el dinero y el reconocimiento diplomático de la OTAN, el derrocamiento de Muamar Gadafi y ahora ha sumido a Libia en interminables luchas genocidas racistas y tribales. Esta intervención ha visto, también, cómo el epicentro de la rebelión, Bengasi, se va separando de Trípoli como un emirato terrorista semiautónomo. La última campaña de Belhaj está teniendo lugar en Siria, donde al parecer, desde la frontera turco-siria, está llevando armas, dinero y combatientes al denominado “Ejército Sirio Libre”, una vez más bajo los auspicios de la OTAN.

Imagen: La intervención de la OTAN en Libia ha resucitado a la organización terrorista LIFG, asociada con Al Qaeda. Había luchado previamente en Irak y Afganistán y ahora tiene combatientes, dinero y armas, todo por cortesía de la OTAN, expandiéndose por el oeste hasta Mali y por el este hasta Siria. El temido “califato global”, con el que los neocons han estado asustando a los niños occidentales durante una década, está ahora tomando forma gracias a las maquinaciones conjuntas de EEUU, Israel, Arabia Saudí y Catar, no el “Islam”. En realidad, los musulmanes reales son quienes han pagado el precio más elevado en esta auténtica “guerra contra el terrorismo financiado por Occidente”.

El LIFG, que con armas, dinero y apoyo diplomático de Francia, está ahora invadiendo el norte de Siria en nombre del cambio de régimen querido por la OTAN allí, se unió oficialmente con Al Qaeda en 2007, según el Centro de Lucha contra el Terrorismo (CTC, por sus siglas en inglés) que el ejército de EEUU tiene en West Point. Según el CTC, AQIM y LIFG no solo comparten objetivos ideológicos, sino también objetivos estratégicos y tácticos. Las armas que LIFG recibió acabaron, con mucha probabilidad, en las manos de AQIM a través de las porosas fronteras del desierto del Sáhara y el norte de Mali.

De hecho, ABC News informó en su artículo “Al Qaeda Terror Group: We ‘Benefit From’ Libyan Weapons”:

Un destacado miembro de un grupo terrorista asociado con Al Qaeda indicó que la organización puede haber adquirido algunas de las miles de poderosas armas que se perdieron en el caos del levantamiento libio, avivando los temores de los políticos occidentales.

“Hemos sido uno de los principales beneficiarios de las revoluciones del mundo árabe”, dijo Mojtar Belmojtar, líder de AQIM, a la agencia de noticias mauritana ANI. “El que nos hayamos beneficiado de las armas [libias] es algo natural en estas circunstancias”.

No es una coincidencia que, cuando la crisis libia estaba llegando a su conclusión, estallara el conflicto en el norte de Mali. Es parte de una premeditada reordenación geopolítica que comenzó con la caída de Gadafi y, después, utilizó a Libia como un trampolín para invadir otros estados, como Mali, Argelia y Siria, con armamento pesado y terroristas financiados y apoyados por la OTAN.

La intervención francesa puede expulsar a AQIM y sus asociados del norte de Mali, pero es casi seguro que terminarán en Argelia.

Argelia pudo frustrar la rebelión en las primeras fases de la Primavera Árabe ideada por EEUU en 2011, pero sin duda no ha escapado a la atención de Occidente, que está en medio de la transformación de una región que se extiende desde África a Pekín y Moscú, utilizando a los terroristas como casus belli para intervenir militarmente y, al mismo tiempo, como una fuerza mercenaria inagotable para participar en dicha intervención.

Traducción: Javier Villate