Tzipi Livni, una candidata en las elecciones israelíes que fue asesina y prostituta para mayor gloria de Israel

Tzipi Livni es una destacada política israelí. Fue ministra de Asuntos Exteriores con Ehud Olmert y ha creado recientemente un nuevo partido político, Hatnuá (Movimiento), tras haber formado parte del Likud y de Kadima, un partido que llaman de centro y que fue promovido por Ariel Sharon.

Sus padres fueron miembros prominentes del Irgún, uno de los grupos sionistas terroristas que llevaron a cabo acciones violentas contra el Mandato Británico y contra los palestinos. Así que no debe extrañar que Tzipi Livni fuera teniente del ejército israelí y agente del Mossad, el servicio de inteligencia de Israel.

Pues bien, hace poco Livni ha reconocido que asesinó a académicos árabes en Europa cuando trabajó para el Mossad y ejerció la prostitución con el fin de chantajear y obtener informaciones secretas, todo ello para mayor gloria de Israel.

Livni declaró, en una reciente entrevista con el periódico británico The Times, que no veía “ningún problema en usar el sexo y el asesinato por el bien de Israel”. Y añadió que estaba “orgullosa” de lo que hizo. “Lo haría de nuevo”.

Lo he dicho en multitud de ocasiones. La moral dominante en Israel es de naturaleza tribal: cualquier acto ignominioso, cualquier atrocidad, cualquier crimen, es justificado por el bien de Israel. Hay muchas declaraciones de políticos israelíes en este sentido, similares a las de Livni. El mal se transmuta en bien cuando el fin es la gloria de Israel. El fin justifica los medios absolutamente, sin asomo de matiz alguno. Es una moral perversa, que debería aparecer como tal a los ojos de cualquier persona decente.

Estas declaraciones de Tzipi Livni se produjeron después de que el chacham (una especie de sabio) judío Ari Shaphat autorizara a los israelíes a “utilizar prácticas sexuales con los enemigos con el fin de obtener información importante” e insistiera en que “la religión judía tolera esto”.

Tomen el Antiguo Testamento y verán que en él no solo se toleran esas prácticas, sino que encontramos una auténtica apología de la violencia y el genocidio contra pueblos enteros, justificados por la supervivencia del “pueblo elegido” y el establecimiento de su reino en la “Tierra Prometida”. Una nauseabunda moral tribal y belicista que parece sobrevivir entre los judíos de Israel.

Nada hay en todo esto que sea motivo de orgullo, sino de horror ante lo que es capaz la especie humana cuando es dominada por ideas como las del sionismo nacionalista y racista.