133 niños mueren cada día en Afganistán

La cifra hace temblar. 133 niños mueren cada día en Afganistán. Son muertes evitables, no son ninguna maldición sobrenatural. Mueren porque el agua que beben no es sana, porque las enfermedades que contraen no son tratadas adecuadamente o no son tratadas en absoluto, porque el centro de salud más cercano está a varios kilómetros sin transporte que les comunique o porque ese centro de salud no está debidamente equipado. Mueren porque la sociedad afgana está así, tiene esas características. Mueren porque a algunos líderes políticos les preocupa más extender su poder que ayudar a los más pobres. Por eso mueren.

Según datos del Banco Mundial, alrededor del 73 por ciento de los afganos y afganas no tiene agua potable y el 95 por ciento no tiene suficientes servicios de saneamiento. El resultado es, entre otros, que las enfermedades diarreicas se llevan las vidas de 48.545 niños cada año.

La falta de agua potable y de saneamiento es un problema crónico no solo en las áreas rurales, sino también en la mayoría de las ciudades de Afganistán, que están creciendo a un fuerte ritmo. Por ejemplo, en Kabul, la capital, apenas un 25 por ciento de sus habitantes tiene acceso directo a agua potable.

En consecuencia, la gente coge agua de los ríos, manantiales, arroyos, estanques y pozos. Es fácil que estas fuentes de agua estén contaminadas y, por tanto, son el origen de enfermedades muy extendidas.

Afganistán tiene agua suficiente para toda su población, pero carece de la infraestructura para distribuirla de forma higiénica.

Por otro lado, la atención médica es muy escasa en el país. El  Afghanistan Mortality Survey Report 2010 señala que casi el 57,4 por ciento de la población de Afganistán vive en un área cuyo centro de salud más cercano está a una hora andando.

Un cambio realmente radical es necesario para mejorar esta situación hasta alcanzar los niveles de una vida digna. ¿Quiénes y cómo lo promoverán?

Fuente: 133 Children Die a Day in Afghanistan, Khaama Press, 6/01/2013