Destruir Gaza

Eva Bartlett

Fuente: The ‘Flattening’ of Gaza, IPS, 25/12/2012

El 17 de noviembre, cuatro días después de los ochos días de bombardeos israelíes de la Franja de Gaza, el viceprimer ministro israelí Eli Yishai pidió públicamente al ejército israelí “devolver a Gaza a la Edad Media, destruir todas las infraestructuras, incluyendo las carreteras y el agua”.

Al día siguiente, Gilad Sharon, hijo del ex primer ministro israelí Ariel Sharon, pidió “destruir barrios enteros de Gaza. Destruir toda Gaza. No debería haber electricidad en Gaza, ni gasolina ni vehículos en movimiento, nada”, y añadió que “no hay camino intermedio: o los gazatíes y sus infraestructuras pagan el precio o volvemos a ocupar toda la Franja de Gaza”.

Ahora, casi un mes después del alto el fuego acordado por Israel y Hamas, el gobierno y los organismos internacionales con sedes en Gaza están aún evaluando los daños causados por los bombardeos israelíes en las infraestructuras de la franja.

Las estimaciones preliminares señalan daños directos por valor de 250 millones de dólares y otros 700 millones de dólares por daños indirectos, según el portavoz del gobierno de Hamas, Taher al Nanu.

En términos más concretos, la destrucción y los daños han afectado a puentes, miles de casas, cientos de refugios de la ONU, decenas de mezquitas, muchos edificios gubernamentales, oficinas de medios de comunicación, instituciones financieras, hospitales y centros de salud, dos estadios, centros de entrenamiento para atletas discapacitados, redes de agua y saneamiento, redes eléctricas, más de cien escuelas, túneles de contrabando e innumerables carreteras.

Durante los bombardeos, Al Yazira informó que había 400.000 personas sin electricidad después de que cinco transformadores diferentes fueran atacados.

Tras el alto el fuego, el alcance de los daños en la red eléctrica se hizo más claro. Además de los cinco transformadores dañados ya conocidos, otros 32 fueron destruidos o dañados en toda la franja por los bombardeos israelíes, según la compañía eléctrica gazatí GEDCO.

“Hemos vuelto a conectar la mayoría de las líneas dañadas durante los ataques. Pero tenemos que corregir esas reparaciones provisionales, pues no se hicieron de acuerdo con las normas técnicas debido a su urgencia”, dijo Usama Dabur, del departamento de relaciones exteriores de GEDCO.

“Hay todavía unas 5.000 personas sin electricidad en las áreas fronterizas. No podemos reconectarlas porque es todavía demasiado peligroso ir allí, a pesar del alto el fuego”, añadió.

Los daños también incluyen cables eléctricos cortados, postes derribados, vehículos de GEDCO y un almacén de la compañía.

“Tenemos 5,5 millones de shekels (1,1 millones de euros) en concepto de daños directos y otros 7,7 millones de shekels (1,6 millones de euros) en daños directos”, señaló Dabur.

Esta no es la primera vez que el ejército de Israel ha atacado la red eléctrica de Gaza. “Cada vez que los israelíes declaran la guerra a Gaza, atacan la red eléctrica”, dice Dabur.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los bombardeos israelíes de 2008-2009 causaron daños en la red eléctrica por valor de 10,4 millones de dólares (7,9 millones de euros).

Desde que en 2006 Israel bombardeó la única planta de producción eléctrica de Gaza, toda la franja ha estado padeciendo cortes diarios, programados y no programados, a veces de más de 18 horas seguidas.

Las redes de agua y de saneamiento de Gaza también han resultado dañadas por los bombardeos israelíes.

Ibrahim Al Aleya, del departamento de comunicaciones del servicio de aguas para los municipios costeros (CMWU, por sus siglas en inglés), ha señalado que los daños sufridos por las redes de agua y saneamiento se extienden por toda la franja.

Algunos de los daños más graves, desde Beit Hanun a Rafá, han afectado a las tuberías subterráneas, que explotaron debido a los bombardeos de las calles, casas y demás áreas abiertas. También se atacaron los embalses. “Destruyeron un depósito en Jozá, al este de Jan Yunes. No era una amenaza para los israelíes”, subrayó Aleya.

En Jan Yunes, los ataques israelíes destrozaron una instalación que almacenaba 350.000 litros de agua, así como una importante red en el barrio Amal de la ciudad.

Algunas partes de Nuseirat y Mugraqa, en el área central de Gaza, están todavía sin agua.

“Cuando los israelíes bombardearon un puente entre las dos áreas, destruyeron una tubería de agua que había debajo. Todavía hay 20.000 personas sin agua en esa zona”, dijo Aleya.

Basam Abu Dahruj sube por la empinada pendiente del puente destruido. El 21 de noviembre fue la cuarta vez que los israelíes destruyeron el puente, dice Basam.

“Más de la mitad de las familias de Mugraqa utilizan este puente y los niños lo atraviesan para ir a la escuela”, explica Basam. “Ahora tienen que dar un largo rodeo”.

“En invierno —sigue contando Basam— los israelíes abren sus presas e invaden el valle. El caudal sube tanto que no podemos cruzar el río”.

Más al oeste, el puente de la carretera de la costa que une Gaza central con el norte de la franja está igualmente destruido. Montones de cemento y varillas de metal, materiales de construcción difíciles de encontrar en Gaza debido al bloqueo israelí, se encuentran esparcidos.

En el lado sur del puente, una hilera de taxis que se aventuran por el fondo fangoso del valle, optando por un desvío lleno de baches, pero más corto que la carretera de Saladino, que comunica el norte y el sur de la Franja de Gaza varios kilómetros al este. Una solución temporal que no servirá cuando las lluvias invernales invadan el valle.

Las primeras estimaciones hablan de 20 millones de dólares en daños causados a la agricultura, 136 escuelas y guarderías dañadas o destruidas y 450 casas destruidas o seriamente dañadas, dejando sin techo a unas 3.000 personas desplazadas, según la ONU.

El viceprimer ministro israelí Eli Yishai, que el 17 de noviembre pidió la destrucción de Gaza, dijo, después de la agresión israelí de 2009 contra Gaza, que por cada cohete que lanzaran los palestinos “aunque caiga en una zona despejada o en el mar, debemos dañar sus infraestructuras y destruir 100 casas”.

Las Convenciones de La Haya y de Ginebra prohíben “la destrucción innecesaria de propiedades del enemigo” y la “destrucción y apropiación excesiva de propiedades no justificadas por necesidades militares y efectuadas de forma ilegal y arbitraria”.

Traducción: Javier Villate