En EEUU las matanzas de niños son tragedias, en Pakistán es como “aplastar bichos”

George Monbiot

Fuente: In the US, mass child killings are tragedies. In Pakistan, mere bug splats, The Guardian, 17/12/2012

En recuerdo de las víctimas de la matanza en la escuela de Sandy Hook, en EEUU. Los niños asesinados por los aviones no tripulados de EEUU en el noroeste de Pakistán no tienen nombres, ni fotografías, ni monumentos conmemorativos con velas y ositos de peluche. Fotografía: Spencer Platt/Getty

“Las palabras simplemente no pueden expresar la profundidad de vuestro dolor ni pueden curar vuestros corazones heridos … Estas tragedias deben terminar. Y para terminarlas, tenemos que cambiar”. Todos los padres y madres pueden conectar con lo que dijo el presidente Barack Obama sobre el asesinato de 20 niños en Newtown, Connecticut. Difícilmente habrá una persona en la Tierra con acceso a los medios de comunicación que no se haya conmovido por el dolor de la gente de esa ciudad.

Ahora bien, lo que vale allí para unos niños asesinados por un hombre trastornado también ha de valer para los niños asesinados en Pakistán por un presidente estadounidense sombrío. Estos niños son igualmente importantes, igualmente reales, igualmente dignos de preocupación mundial. Sin embargo, no hay discursos ni lágrimas presidenciales para ellos, no hay fotografías en las primeras páginas de los periódicos del mundo, no hay entrevistas con los familiares, no hay análisis minuciosos de lo que ha sucedido y por qué.

Si las víctimas de los bombardeos de los aviones no tripulados del Sr. Obama son acaso mencionadas por el estado, lo son en unos términos que sugieren que no se trata de seres humanos. Las personas que operan los aviones no tripulados, según la revista Rolling Stone, se refieren a los bombardeos como bug splats (aplastar bichos), “pues ven los cuerpos a través de una imagen de vídeo granulada de color verde que da la sensación de representar un insecto aplastado”, tal como lo son en los videojuegos. O bien son reducidos a mera vegetación: justificando la guerra con aviones no tripulados, el asesor de Obama en antiterrorismo Bruce Riedel ha explicado que “hay que cortar el césped continuamente, pues en el momento en que dejes de hacerlo, la hierba vuelve a crecer”.

Al igual que hizo el gobierno de George Bush en Irak, el de Obama no documenta ni reconoce las víctimas civiles de los bombardeos efectuados por los aviones no tripulados de la CIA en el noroeste de Pakistán. Pero un informe de las facultades de derecho de las universidades de Stanford y Nueva York sugiere que, durante los tres primeros años de Obama en la Casa Blanca, los 259 bombardeos de los que él es el responsable último mataron entre 297 y 569 civiles, de los cuales al menos 64 eran niños. Estas son cifras extraídas de informes creíbles, pero pueden ser más elevadas.

Los efectos sobre los niños de la región han sido devastadores. Muchos han dejado de ir a la escuela, ya que las reuniones de cualquier tipo están siempre en el punto de mira de los aviones no tripulados. Ha habido varios bombardeos de escuelas desde que Bush lanzó el programa de aviones no tripulados que Obama ha ampliado de forma tan entusiasta: uno de los errores de Bush mató a 69 niños.

El estudio observa que los niños gritan de miedo al escuchar el ruido de un avión no tripulado. Un psicólogo local ha dicho que el miedo y los horrores de los que son testigos los niños están causando cicatrices mentales permanentes. Los niños heridos en los bombardeos de los aviones no tripulados dijeron a los investigadores que están demasiado traumatizados para volver a la escuela y que han abandonado toda esperanza de estudiar una carrera. Sus sueños, al igual que sus cuerpos, están rotos.

Obama no mata a los niños deliberadamente. Pero sus muertes son un resultado inevitable de la forma en que sus aviones no tripulados son desplegados. No sabemos qué efectos emocionales pueden tener en él estas muertes, pues ni él ni sus subordinados hablan de este asunto: casi todo lo relacionado con las ejecuciones extrajudiciales de la CIA en Pakistán es mantenido en secreto. Pero tenemos la impresión de que a nadie en el gobierno le quita el sueño este asunto.

Dos días antes de la matanza de Newtown, le preguntaron al secretario de prensa de Obama por las mujeres y los niños que están siendo asesinados por los aviones no tripulados en Yemen y Pakistán. Se negó a responder arguyendo que estos asuntos son “clasificados”. Pero remitió al periodista a un discurso de John Brennan, asesor de Obama en materias antiterroristas. Brennan dijo que “las matanzas de inocentes por parte de Al Qaeda, en su mayoría hombres, mujeres y niños musulmanes, ha empañado su imagen y su poder de atracción a los ojos de los musulmanes”.

Parece incapaz de ver que las guerras de los aviones no tripulados han hecho lo mismo con Estados Unidos. Para Brennan, la gente del noroeste de Pakistán no son ni bichos ni hierba; son un “tumor cancerígeno” y el resto de la sociedad, “el tejido que lo rodea”. Hay que tener cuidado con alguien que describe a un ser humano como algo diferente de un ser humano.

Admitió que, ocasionalmente, hay pequeños “daños colaterales”, pero dijo que EEUU toma “un cuidado extraordinario para ser precisos y evitar la pérdida de vidas inocentes”. Solo actuamos si existe “una amenaza inminente” para las vidas de estadounidenses. Esto es un cuento de hadas.

La doctrina “signature strike” desarrollada por la administración Obama, que no tiene ningún fundamento conocido en el derecho, está buscando pautas. Una podría consistir en una reunión de hombres desconocidos portando armas (lo cual apenas les distingue del resto de los hombres del noroeste de Pakistán)*, o un grupo de personas desconocidas que parece que podrían estar tramando algo. Es así cómo las bodas y los funerales se convierten en patrones de conducta sospechosos. Así fue cómo 40 ancianos que discutían sobre los derechos de una mina de cromita fueron bombardeados en marzo del año pasado. Esta es una de las razones por las que los niños siguen siendo asesinados.

Obama apenas ha mencionado el programa de los aviones no tripulados y no ha dicho nada sobre los asesinatos de niños. La única declaración que he podido encontrar ha sido una breve y vaga respuesta en una videoconferencia del pasado enero. Se ha dejado a otros la justificación de los asesinatos. En octubre, el demócrata Joe Klein dijo a la MSNBC que “la cuestión de fondo es qué niños de cuatro años han muerto. Lo que estamos haciendo es limitar las posibilidades de que niños de cuatro años sean asesinados aquí por actos de terror indiscriminado”. Como ha señalado Glenn Greenwald, matar a niños de cuatro años es lo que hacen los terroristas. Eso no impide los asesinatos por venganza, más bien los alienta.

La mayoría de los medios de comunicación del mundo, que han conmemorado con razón a los niños de Newtown, ignoran los asesinatos de Obama o aceptan la versión oficial de que todos los muertos son “militantes”. Al parecer, los niños del noroeste de Pakistán no son como nuestros niños. Ellos no tienen nombres, ni fotografías, ni monumentos conmemorativos con velas, flores y ositos de peluche. Pertenecen a “los otros”, al mundo no humano de los bichos, la hierba y el tejido.

“¿Estamos preparados”, dijo Obama el domingo, “para decir que esta violencia que se ceba en nuestros hijos año tras año es, de alguna forma, el precio de nuestra libertad?”. Es una pregunta legítima. Debería hacerla en el caso de la violencia que se ceba en los niños de Pakistán.


Twitter: @georgemonbiot

Una versión con referencias completas de este artículo se puede encontrar en monbiot.com.

Traducción: Javier Villate

Notas del traductor

* Ataques contra personas o grupos de personas sin identificar, pero consideradas sospechosas en base a su ubicación y ciertos patrones de conducta observados.

** He sido testigo de lo habitual que es que los hombres de las áreas tribales del norte de Pakistán lleven armas, en un contexto de frecuentes enfrentamientos entre tribus, generalmente por las mujeres y cuestiones de “honor”. Además, es común disparar las armas en las bodas y los funerales. Prácticas, en todo caso, que no son en absoluto amenazadoras para terceros.