E1: El plan definitivo de asentamientos judíos en Cisjordania

Salvo que se produjera un milagro, Israel no cejará en su empeño de adueñarse de todos los territorios palestinos ocupados, los Altos del Golán sirios y, si me apuran, de algo más al otro lado del Jordán. No creo que ese milagro se produzca ahora, pero todos los que apoyamos la lucha del pueblo palestino esperamos que se produzca algún día. El milagro en cuestión es una presión internacional que aísle por completo a Israel y que, por lo tanto, debería contar con la participación de Estados Unidos. Lo dicho, hoy esto sería un milagro. Pero sigue siendo un sueño.

Lo que pasa es que todo en la vida tiene límites. Casi todo es cuestión de límites. Y la construcción continuada de asentamientos judíos en Cisjordania podría alcanzar un límite que hiciera reaccionar a algunas potencias extranjeras. Algo así parece estar asomando en las decisiones de Francia, Gran Bretaña y Suecia de llamar a sus respectivos embajadores israelíes para expresarles su desacuerdo con el anuncio de construcción de 3.000 nuevas viviendas para judíos en Cisjordania. El gobierno español también ha convocado al embajador israelí, pero España siempre va a rebufo de las decisiones que toman otros. No cuenta.

The Guardian ha vuelto a desempolvar la información sobre el Plan E1 de Israel: la expansión de los asentamientos de Maale Adumim que rodearían Jerusalén Este y la aislarían del resto de Cisjordania. Según el Guardian, la muerte definitiva de la solución de dos estados al hacer inviable un estado palestino digno de dicho de nombre y con capital en Jerusalén Este.


 
Según este plan, se construirían unas 15.000 viviendas, una gran comisaría de policía, una extensa zona industrial, hoteles, un vertedero de basuras y un gran cementerio, que sería compartido por Jerusalén y Maale Adumim, donde ya viven unos 40.000 judíos. Todo esto, en un área de unos 12 kilómetros cuadrados.

Jerusalén Este no solo quedaría aislada del resto de Cisjordania, lo que permitiría su judaización definitiva, sino que la nueva área colonizada partiría Cisjordania por la mitad, rompiendo prácticamente la continuidad territorial de un hipotético estado palestino. Tendríamos a Gaza, por un lado, el sur de Cisjordania por otro y el norte, por otro. Y dentro de estas dos últimas áreas, una serie de bantustanes o menguantes archipiélagos de guetos palestinos. Un apartheid en toda regla. Ojo, algo de todo esto ya existe. El Plan E1 no es más que una profundización de la realidad actual.

Hay un diminuto problema. En el área en cuestión viven ahora algo más de mil beduinos, con sus ganados. En realidad, no es un problema para el estado israelí. Esos beduinos ya han recibido órdenes de demolición de sus viviendas y propiedades, corrales y una escuela, construida con neumáticos desechados. El plan inicial contemplaba trasladar a los beduinos a un lugar cercano al principal vertedero de Jerusalén. Ahora, Tel Aviv dice que les va a consultar…

El Plan E1 fue ideado por Isaac Rabin en 1995, pero su puesta en práctica se ha visto retrasada en varias ocasiones por diferentes razones, en particular, por las presiones de Washington.

Israel no ha parado de construir asentamientos y viviendas, contraviniendo el derecho internacional, que considera estas colonias ilegales. Las quejas y lamentos de los gobiernos occidentales no han servido de nada; tan solo para ralentizar su desarrollo. El “proceso de paz” ha sido la pantalla que ha permitido esta expansión incesante del colonialismo judío y de la expropiación palestina. El Plan E1 no es más que una pieza más en el objetivo irrenunciable de todo sionista: extender las fronteras de Israel hasta los límites bíblicos, expulsar progresivamente a los palestinos de ese Gran Israel o recluirlos en guetos y establecer un estado judío, un estado étnico-religioso, racista y excluyente que algunos llaman, con gran cinismo, democracia.