Un enfoque libertario sobre la violencia

Gary Chartier (1966) es profesor de derecho y ética empresarial de la Universidad La Sierra de California. Es uno de los intelectuales norteamericanos más destacado entre los anarquistas de mercado (anarquistas que defienden los mercados verdaderamente libres, sin intervención del estado y sin control oligopolístico). Ha escrito varios libros. Puede consultarse Wikipedia para más información.

En este breve artículo, Chartier trata de buscar un terreno común entre los libertarios estadounidenses para abordar el conflicto israelo-palestino. Sin embargo, no es esto lo que me interesa, sino el enfoque muy sintetizado que ofrece de la violencia en los puntos 4 y 5, que considero esclarecedor.


Algunos principios

Gary Chartier

Publicado originalmente en: Some Principles | Bleeding Heart Libertarians, 26/11/2012

Los recientes acontecimientos en Oriente Medio han provocado debates vigorosos en este sitio. Los juicios definitivos sobre estas cuestiones dependerán de un análisis histórico detallado, pero la investigación histórica no es uno de mis puntos fuertes. Tampoco lo es, sospecho, de la mayoría de los participantes en los debates de este sitio. Quiero resistirme a la tentación de hacer una historiografía de aficionado. En cambio, me gustaría sugerir, apoyándome en las observaciones más generales que he ofrecido aquí sobre la guerra hace tiempo, una reflexión más general articulando lo que espero que sean algunos principios en los que, como libertarios, los participantes en los debates en BHL [Bleeding Heart Libertarians] sobre los recientes acontecimientos de Oriente Medio, y futuros eventos de similar naturaleza, podrían estar de acuerdo.

1. El racismo es indefendible. Hacer suposiciones generales acerca de las personas en virtud de su origen étnico o cultural es un rechazo injustificado a tomar en serio su particularidad y a permitirles trascender los estereotipos. Las afirmaciones sobre lo que “los judíos” o “los palestinos” quieren o hacen o creen o pretenden deberían ser tratadas con gran desconfianza.

2. Atribuir una culpa colectiva nunca es aceptable. Los actos injustos son cometidos por personas particulares que son las responsables de sus propias acciones. Los grupos no toman decisiones ni son responsables de las acciones (que son siempre) individuales. Por tanto, es inaceptable denunciar a unas personas debido a las malas acciones de otras. No existe ninguna razón general para imaginar que un judío israelí particular es, de alguna forma, responsable de la conducta de los políticos o de los militares israelíes, o de que un palestino concreto sea responsable, de alguna forma, de la conducta de los políticos o militares palestinos.

3. La mayoría de las personas no está motivada fundamentalmente por la intolerancia y los prejuicios. En realidad, cuando participan en un conflicto, buscan objetivos comprensibles (seguridad, prosperidad, reformas), incluso cuando utilizan medios claramente injustos. El fanatismo y los prejuicios son reales y despreciables, pero no están en el corazón de la mayoría de las elecciones que toman las personas.

4. La fuerza agresiva es inaceptable. Iniciar el uso de la fuerza contra otros viola el requisito mínimo de una interacción civilizada. La fuerza puede ser razonablemente utilizada contra los cuerpos o las propiedades de otros solo para impedir, defenderse de o alcanzar una compensación por un ataque injusto (y esto significa que solo puede emplearse la cantidad mínima de fuerza necesaria para llevar a cabo esos propósitos). Por el contrario, no puede emplearse razonablemente para vengarse o para intimidar. Así, perseguir deliberadamente a no combatientes es inequívocamente execrable.

5. La discriminación en el uso de la fuerza es esencial. Incluso alguien que está justificado para usar la fuerza —y no hago aquí afirmaciones sobre la justificación de cualquier caso de uso de la fuerza en el conflicto actual— actúa de forma no razonable cuando no discrimina entre blancos legítimos —en general, aquellos que están participando o amenazando activamente con participar en el uso injusto de la fuerza y que pueden, por tanto, ser razonablemente atacados— y todos los demás. Pero no perseguir o atacar a los no combatientes no es suficiente. Es también esencial evitar riesgos de que estos últimos sean dañados de forma irrazonable. Para algunos libertarios, esto significará evitar todos los daños colaterales. Pero espero que incluso aquellos que no tomen esta posición estén de acuerdo en que actúo de forma no razonable si impongo el riesgo de daños colaterales a otros, incluso cuando utilizo la fuerza de forma defensiva, cuando yo no estaría dispuesto a ver a mis seres queridos o a mí mismo sometidos a un riesgo similar en circunstancias comparables.

Estos principios no resuelven las disputas en el conflicto actual. Espero, sin embargo, que puedan proporcionar algún terreno común para quienes participan en los debates.

Traducción: Javier Villate