El arsenal nuclear, químico y biológico de Israel

Stephen Lendman

Publicado originalmente en: Israel’s Nuclear, Biological and Chemical Weapons, OpEdNews, 17/05/2012

En 1986, el técnico nuclear del reactor de Dimona Mordejai Vanunu reveló documentos que mostraban lo que muchos sospechaban desde hacía tiempo. Israel había estado desarrollando, produciendo y almacenando en secreto durante años armas nucleares.

Los expertos consideraron que esa información era auténtica. Revelaban la existencia de una tecnología sofisticada capaz de amasar un formidable arsenal nuclear. Hoy, ese arsenal es más grande que nunca.

En su libro de 1991 titulado The Samson Option: Israel’s Nuclear Arsenal and America Foreign Policy, Seymour Hersh comentó la estrategia de Israel para lanzar contraataques nucleares masivos en respuesta a amenazas bastante serias.

En su libro de 1997 titulado Open Secrets: Israeli Nuclear and Foreign Policies, Israel Shahak dijo que Israel no dudaría en utilizar armas nucleares o de otro tipo para asegurar su hegemonía en todo Oriente Medio.

En 2006, el ex primer ministro Ehud Olmert dijo al Canal 1 de la televisión alemana:

Irán amenaza abierta, explícita y públicamente con borrar Israel del mapa. ¿Puede decirse que esto va en serio cuando aspira a tener armas nucleares, como EEUU, Francia, Israel y Rusia?

Posteriormente, Olmert negó lo que los telespectadores le oyeron decir con toda claridad. Hubo llamamientos que pidieron su dimisión. Y también acusaciones de ineptitud por reconocer públicamente que Israel tenía armas nucleares.

Israel ha mantenido siempre una política de ‘ambigüedad nuclear’. Posteriormente, Olmert dio marcha atrás. Pero el control de daños no aplacó las críticas. Miembros de la oposición le calificaron de irresponsable.

Yosi Beilin, del partido Meretz, dijo: La sorprendente declaración del primer ministro sobre nuestra capacidad nuclear indica una falta de prudencia que raya la irresponsabilidad.

La popularidad de Olmert cayó en picado. Sus asesores trataron desesperadamente de limitar los daños. Su portavoz, Miri Eisin, dijo que sus comentarios no decían que Israel tuviera ni no tuviera armas nucleares.

La caja de los truenos fue abierta por Mordejai Vanunu 20 años atrás. El control de daños empeoró las cosas. Vanunu se congratuló del reconocimiento de Olmert, fuera accidental o no. Él creía que lo había dicho deliberadamente: Durante 20 años, han intentado ningunearme y negar mi historia, pero la política de engaños y mentiras no ha tenido éxito.

Se están produciendo cambios, añadió Vanunu. Creía que su situación mejoraría. No lo hizo. Sigue estando sometido a las política represivas israelíes. En la práctica bajo arresto domiciliario, sigue sufriendo un acoso constante. Sus derechos fundamentales le son negados. Quiere renunciar a su ciudadanía israelí y que le den permiso para abandonar Israel, pero no le conceden ni una cosa ni la otra.

Vanunu es una leyenda viva. Solo quiere ser libre. Después de que Israel le encarcelara durante décadas, se merece eso y mucho más.

Israel se niega a hablar de su arsenal nuclear. Otros son menos reticentes. El 4 de mayo, un artículo del diario Haaretz titulado Israel’s atomic arsenal could fall victim to a new U.S. nuclear policy decía lo siguiente: tras visitar Hiroshima el pasado mes de febrero, los acompañantes del ministro de Defensa Ehud Barak le enseñaron un mapa del mundo que contenía el número de ojivas nucleares en posesión de las potencias atómicas. Había un número junto a Israel: 80. Barak no respondió.

La mayoría de los expertos cree que Israel tiene centenares de ojivas nucleares y sofisticados sistemas de lanzamiento de gran alcance.

Según un documento secreto de la Agencia de Inteligencia de la Defensa del Pentágono […] filtrado durante el periodo de la administración de George W. Bush, Israel tenía en 1999 entre 60 y 80 ojivas nucleares, dice el citado artículo.

El Pentágono actualiza sus datos regularmente. Mantiene una estrecha vigilancia de todas las potencias nucleares y países sospechosos como Corea del Norte.

Israel nunca firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear. En 1969, Nixon y la primera ministra Golda Meir acordaron que la capacidad nuclear de Israel no perjudicaría sus relaciones. En 1998, Clinton y Netanyahu ratificaron este acuerdo. En 2009, Obama le ha dado continuidad.

Con el tiempo, habrá cambios. La beligerancia de Israel contra el programa nuclear pacífico de Irán puede convertirse en un boomerang.

Las armas químicas y biológicas de Israel

Israel firmó la Convención sobre Armas Químicas de 1993, pero no la ratificó. Y nunca firmó la Convención sobre Armas Biológicas de 1972. Su política es de ambigüedad sobre armamento químico y biológico.

En 1993, la Oficina de Evaluación Tecnológica de Armas de Destrucción Masiva del Congreso de EEUU realizó una evaluación sobre la proliferación de este tipo de armas, y en la misma figuraba Israel como un país que tenía armamento químico ofensivo no declarado. En 1998, el ex vicesecretario adjunto de Defensa Bill Richardson dijo: No tengo dudas de que Israel ha desarrollado armas ofensivas químicas y biológicas desde hace mucho tiempo. No hay dudas de que tienen esos materiales desde hace años.

Israel pone a prueba nuevas armas en combate. Contra el Líbano en 2006 y contra Gaza en la operación Plomo Fundido, utilizó armas químicas y biológicas, así como otras que causan lesiones y síntomas que los profesionales de la medicina no han visto nunca antes.

Por ejemplo, órganos con tejidos muertos y sin lesiones aparentes. Cadáveres encogidos, reducidos. Civiles con fuertes lesiones en las extremidades inferiores que han requerido amputaciones. A pesar de ello, desarrollaron necrosis imparables (muerte de células y de tejidos vivos) y, a menudo, murieron.

Heridas internas sin rastros de metralla. Cadáveres ennegrecidos pero no quemados. Víctimas con heridas graves que no sangraban. El ministerio de Salud palestino dijo que Israel utilizó un nuevo tipo de explosivo en Gaza. Contenía toxinas y materiales radiactivos. Quemaron y desgarraron los cuerpos de las víctimas desde dentro. También ocasionaron deformaciones a largo plazo.

Un médico palestino acusó a Israel de utilizar municiones químicas que quemaban y dañaban los tejidos blandos, pero que no pueden ser detectadas por rayos X. Se produjeron graves heridas internas. Se utilizaron gases desconocidos, supuestamente gas nervioso. Las personas afectadas por estos gases perdían la conciencia durante unas 24 horas. Sufrieron fiebres altas y rigidez muscular. Algunas necesitaron urgentes transfusiones de sangre.

En Gaza, se utilizó fósforo blanco. Quema la carne hasta el hueso. El uranio empobrecido utilizado difundió contaminación radiactiva. Explosivos de poco alcance causaron severas lesiones que requirieron amputación. Niños con las piernas desgarradas y el abdomen abierto en rodajas. Y niños que murieron porque nada podía salvarles.

En junio de 2011, Saleh El-Naami, colaborador de Counterpunch, escribió un artículo titulado Exposing Israel’s Most Dangerous Secret [traducido en Disenso: El secreto más peligroso de Israel, N. del T.]. En él decía que solo el personal autorizado tenía acceso al Instituto Israelí de Investigación Biológica (IIBR, en sus siglas en inglés), que según Tel Aviv es un instituto del gobierno de investigación aplicada, especializado en los campos de la biología, química médica y ciencias ambientales. Otros revelan que el IIBR es donde Israel desarrolla sus armas químicas y biológicas, y se prepara para la eventualidad de una guerra química o biológica. Sus instalaciones son las más secretas del ejército israelí.

La censura oficial prohíbe toda discusión sobre este tema. Se produjo una excepción después de que Avisha Klein demandara al IIBR por acoso y abuso emocional. Ella formaba parte de un equipo que estaba desarrollando un ungüento protector frente al gas mostaza. Durante el proceso judicial salieron a la luz más detalles.

El IIBR tiene centenares de científicos y técnicos. Y tiene muchos departamentos especializados en investigación, desarrollo y producción de armas químicas y biológicas. Uno de los proyectos es un veneno utilizado en asesinatos.

En 1977, el primer ministro Menajem Begin ordenó al Mossad que eliminara a Wadi Hadad, líder del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). A Hadad le gustaba mucho el chocolate belga. El Mossad mezcló chocolates con un veneno de acción lenta y los envió a Hadad.

La sustancia tenía propiedades no detectables. La salud de Hadad se deterioró. Fue a Alemania Oriental para recibir tratamiento, donde le diagnosticaron leucemia. Murió el 29 de marzo de 1978. Treinta y dos años después, se supo la verdad del caso. El veneno del IIBR le mató.

Otros asesinatos se realizaron de la misma forma. El IIBR está especializado en sustancias tóxicas y vacunas protectoras. También ha investigado sobre el ántrax. Israel temía que sus enemigos lo utilizaran.

El IIBR trabaja en íntima colaboración con el ejército israelí y los servicios de inteligencia. Estos ponen la prioridades y el IIBR trabaja en ellas.

Por ejemplo, sigue diciendo El-Naami, durante la tramitación de la demanda de Klein, se supo que los mandos militares israelíes estaban preocupados, desde hace muchos años, por el hecho de que los estados árabes pudieran utilizar agentes químicos como el gas mostaza en un eventual ataque contra Israel y que, por lo tanto, dieron instrucciones al instituto para que desarrollara una sustancia química que minimizara los efectos del gas.

Los soldados israelíes fueron utilizados para probar las vacunas. Algunos experimentaron daños físicos permanentes. Se presentaron demandas por estos daños. Las víctimas querían que se les reconociera como veteranos discapacitados y una indemnización adecuada. La presión llevó al ejército a anunciar que los experimentos con soldados israelíes se terminarían.

El Código Nüremberg prohíbe los experimentos médicos sin el consentimiento expreso y voluntario de las personas objeto del experimento. El reclutamiento de estas personas debe excluir la coacción, el fraude, el engaño y [proporcionar] toda la información sobre los riesgos. Los experimentos están prohibidos donde hay una razón a priori para creer que pueden ocasionar la muerte o un daño discapacitante. Los experimentos permitidos deberían producir resultados fructíferos para el bien de la sociedad, inaccesibles por otros medios o métodos de estudio.

En 1948, el primer ministro David Ben Gurion ordenó a los científicos europeos judíos reclutados que aumentaran la capacidad de matar masivamente o curar masivamente; las dos son importantes.

Uno de los reclutados fue Avraham Marcus Klingberg, que llegó a ser experto en armas químicas y biológicas y subdirector del IIBR. Klingberg fue el padre del programa de armas nucleares de Israel, encargado a la Comisión de Energía Atómica de Israel. Ben Gurion estaba decidido a conseguir armas nucleares y otras no convencionales para contrarrestar la ventaja numérica de los árabes.

En su discurso de despedida en la Autoridad de Desarrollo de Armamentos (RAFAEL), Ben Gurion defendió su estrategia diciendo: Estoy convencido, basándome no solo en lo que he oído hoy, de que nuestra ciencia puede darnos las armas que necesitamos para disuadir a nuestros enemigos de lanzar una guerra contra nosotros.

Él y Simón Peres fueron los principales promotores del programa israelí de armas nucleares, químicas y biológicas. Se mantuvo un secretismo estricto. Al personal empleado en el programa se le prohibió hablar de cualquier asunto relacionado con su trabajo. Esas prohibiciones siguen vigentes.

La verdad, finalmente, se filtra. Un día sabremos mucho más. Vanunu fue duramente castigado para disuadir a otros. Bradley Manning se enfrenta con un trato similar. En su caso, puede ser condenado a cadena perpetua.

No obstante, algunos que conocen la verdad acaban contándola a otros. Suprimir para siempre las verdades vitales que todos necesitamos conocer es difícil. Se sabe mucho sobre el programa nuclear de Israel. Quizás las revelaciones sobre armas químicas y biológicas saquen a la luz importantes secretos.


Stephen Lendman es autor de How Wall Street Fleeces America: Privatized Banking, Government Collusion and Class War.

Traducción: Javier Villate