Consecuencias humanitarias de la intervención militar en Libia

Álvaro Mellado Domínguez y Tom Pitt-Rashid

Publicado originalmente en: International intervention and its humanitarian consequences in Libya and beyond: an unresolved issue, 11/05/2012

A pesar de que la intervención en Libia ha tenido algunos efectos positivos en el país, este se encuentra en una crisis humanitaria. Se están cometiendo crímenes contra la humanidad que permanecen impunes, muchas personas han sido desplazadas y el conflicto se ha extendido a los países vecinos. Se necesita una intervención humanitaria más desarrollada y amplia.

La Misión de Apoyo de Naciones Unidas en Libia (UNSMIL, en sus siglas en inglés) es una misión política de la ONU compuesta de 65 efectivos que tienen la responsabilidad de ayudar al nuevo gobierno libio a establecer el imperio de la ley. Esta misión tiene ante sí importantes desafíos. No obstante, algunos comentaristas que analizan el escenario libio desde un punto de vista humanitario han cuestionado la verdadera intención que está detrás de esta intervención multilateral. Rony Brauman, fundador de Médicos Sin Fronteras) ha calificado a esta intervención intervención internacional como golpe de estado humanitario. Para él, se trata de una forma habitual de agresión internacional que adopta el envoltorio de la doctrina de ‘responsabilidad de proteger’. Se pregunta cuál es el derecho de Obama, Sarkozy y Cameron para derribar el régimen de Gadafi. La intervención militar tuvo una finalidad que estaba más allá de la mera protección de los civiles. Amnistía Internacional informó que la OTAN había bombardeado edificios civiles y, como resultado, causó directamente la muerte de civiles.

La cuestión planteada es clara: ¿fue la protección de los civiles la razón de la acción militar o una justificación para derribar el régimen? Esta intervención internacional ha tenido consecuencias humanitarias internas y externas que todavía están sin resolver.

Desplazamientos internos

Se han efectuado desplazamientos internos desde el comienzo de la crisis libia. Algunas personas fueron desplazadas antes de la intervención, como consecuencia de los ataques de las fuerzas de Gadafi contra la población civil. La Corte Penal Internacional (CPI) emitió tres órdenes de arresto de Gadafi y dos de sus hijos. Desde entonces, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha informado que 459.047 desplazados internos habían retornado a sus hogares en febrero de 2012. Pero los desplazamientos han persistido después de la caída de Gadafi. Se estima que hay, todavía, entre 65.000 y 90.000 desplazados internos en Libia. En su mayoría, estos desplazados son miembros de los grupos étnicos subsaharianos tawergha y mesheshiya, que fueron leales a Gadafi. Según Human Rights Watch (HRW), no pueden volver a sus casas.

La resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2011, establecía la base legal para la creación de una zona de exclusión aérea en Libia y la protección de los civiles por todos los medios necesarios salvo la ocupación extranjera. Sin embargo, los compromisos del Consejo de Seguridad para proteger a los civiles en esa resolución siguen sin cumplirse. Si las tensiones sociales se incrementaran como consecuencia de los ataques de las milicias armadas, la situación de las personas desplazadas podría convertirse en otra crisis humanitaria. Los thuwar (milicias anti-Gadafi) han torturado, asesinado o amenazado a personas de grupos étnicos concretos simpatizantes de Gadafi después de la caída del régimen. En marzo de 2012, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU calificó esos incidentes como crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

El Grupo de Crisis Internacional (ICG, en sus siglas en inglés) informó que había entre 100 y 300 thuwars. El gobierno de transición no ha conseguido aún controlar a estas milicias. En estos momentos, algunas thuwars representan una amenaza contra la humanidad. Médicos Sin Fronteras (MSF) ha suspendido parte de sus actividades, pues algunos detenidos fueron torturados después de haber recibido ayuda médica de esta organización en Misrata. Los crímenes contra la humanidad siguen siendo un problema en Libia.

La actual respuesta de la comunidad internacional no es apropiada para garantizar la completa implementación de la resolución 1973. Esta resolución estableció la base legal para un embargo de armas, la congelación de activos y la imposición de una prohibición de viajar a miembros clave del antiguo régimen. Sin embargo, la oposición no ha tenido las mismas restricciones por parte de la comunidad internacional. La resolución hizo posible el fortalecimiento de una parte del conflicto, mientras redujo las capacidades de la otra parte. La intervención internacional facilitó la creación de un entorno incapaz de asegurar la seguridad de toda la población y no ha proporcionado los mecanismos necesarios para impedir los crímenes contra la humanidad. Por consiguiente, el enfoque actual es insuficiente para proteger a la población civil.

Desplazamientos externos

Según el ACNUR, había alrededor de 1,5 a 2 millones de extranjeros de otras partes de África y Asia en Libia antes del comienzo de la crisis. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) evacuó antes del 30 de junio de 2011 a más de 143.000 personas de 50 nacionalidades diferentes. Algunos de los países de origen de los evacuados, como Filipinas, han pedido ayudas económicas para socorrer a los retornados. Los repatriados de Bangladesh se han beneficiado del apoyo del programa del Banco Mundial para los repatriados por la crisis libia. La comunidad internacional está intentando ofrecer apoyo a los afectados. Sin embargo, esta asistencia no ha sido todo lo constante que debería haber sido. Botes de inmigrantes que escapaban de la crisis no recibieron ayuda de los barcos de la OTAN y se perdieron vidas debido a esta pasividad. Esta negativa de ayuda humanitaria durante el conflicto contraviene abiertamente el derecho humanitario internacional.

Pero la respuesta internacional a la crisis libia no solo depende de la respuesta de los gobiernos e instituciones internacionales. En mayo de 2011, MSF envió una carta a los jefes de estado europeos pidiendo más responsabilidad ante los refugiados que huían por mar. La presión de la sociedad civil global puede intentar obligar a los gobiernos y las instituciones internacionales a ser responsables. Es crucial que la sociedad civil internacional exija activamente coherencia en la aplicación de la responsabilidad de proteger e impida que esta valiosa doctrina se convierta en un ‘caballo de Troya’.

Los desplazamientos han tenido, también, consecuencias sobre la seguridad alimentaria en una región que ya tiene problemas en este asunto. Los gobiernos de Chad, Mali, Níger y Mauritania ya habían declarado crisis nacionales en diciembre de 2011. La OIM ya había registrado 780 retornados en Mauritania, 11.230 en Mali, 82.433 en Chad y 95.760 en Níger en diciembre de 2011.

Las consecuencias de la llegada masiva de retornados han sido múltiples. En primer lugar, la disminución de las remesas ha reducido la capacidad de la comunidad de acogida de suministrar alimentos. La OIM ha estimado que las remesas de cada repatriado eran una ayuda para siete personas en su país de origen. En segundo lugar, el número de personas que necesitan ayuda alimentaria ha aumentado, mientras que la capacidad de adaptar la producción de alimentos a las nuevas demandas es muy pequeña. En tercer lugar, la llegada de los repatriados ha incrementado el número de personas que compiten por los recursos y el empleo. Los repatriados han protestado frecuentemente por la falta de empleo y ayudas en Mauritania. De esta manera, las consecuencias humanitarias negativas de la crisis libia se han difundido por otros países de la región del Sahel.

El Consejo de Seguridad hizo una evaluación de las consecuencias de la crisis libia en la región del Sahel en diciembre de 2011. La proliferación de armas en Libia se ha extendido a países vecinos. Esto ha provocado una gran preocupación, dado el deterioro de la situación de la insurgencia tuareg en Mali y la posibilidad de que dichas armas hayan caído en manos de terroristas y el crimen organizado de la región. La Unión Europea (UE) está también preocupada por la ampliación de la crisis libia a la región del Sahel. El deterioro de la crisis alimentaria, el golpe de estado en Mali, el crimen y el terrorismo son también importantes causas de preocupación. La UE ha proclamado que está comprometida con la intensificación de su apoyo a la seguridad y al desarrollo de la región.

El Consejo de Seguridad no elaboró un plan para aliviar el daño potencial que podía sufrir la región del Sahel como consecuencia de la intervención internacional militar en Libia. Las consecuencias regionales de la crisis libia evidencian las limitaciones de una estrategia militar intervencionista como medio para la resolución de conflictos. Un enfoque humanitario no militar más sólido a nivel regional hubiera requerido afrontar las consecuencias regionales del conflicto.

Conclusión

Las necesidades humanitarias no siempre han sido una prioridad para la comunidad internacional. En la crisis libia, no se consideraron todos los tipos de intervención humanitaria. Oliver Ramsbotham y Tom Woodhouse han propuesto una tipología de intervenciones humanitarias gubernamentales, intervenciones humanitarias coactivas y no coactivas con o sin medios militares. Una intervención humanitaria combinada con medios militares y no militares al comienzo del conflicto y la actual estrategia no coactiva y sin medios militares de la UNSMIL no ha garantizado el final de la crisis humanitaria.

Las personas actualmente desplazadas siguen necesitando protección. Los civiles han sido atacados no solo por sectores libios local y directamente implicados en el conflicto, sino también por la OTAN. La protección de los civiles parece ser un asunto de suerte: estar en el lugar adecuado en el momento adecuado es esencial para sobrevivir. La intervención humanitaria internacional ha tenido algunos efectos positivos, pero sería falso decir que ha sido totalmente eficaz. La crisis humanitaria sigue existiendo.

La estrategia seguida por el Consejo de Seguridad ha exacerbado otras crisis humanitarias en la región, al tiempo que no ha sabido resolver la situación en Libia. Habría sido prudente reconsiderar plenamente las consecuencias de la intervención militar antes de iniciarla. Una intervención militar tiene que contar con todas las partes armadas del conflicto y no solo con una de ellas. Los numerosos problemas de la protección de los civiles, el establecimiento del imperio de la ley, el control de los diferentes grupos armados, los desplazamientos y los crímenes contra la humanidad pueden abrumar al actual gobierno y al equipo de la UNSMIL. No existen mecanismos robustos en funcionamiento en Libia capaces de abordar tal multitud de problemas.

La sociedad civil internacional ha tenido diferentes roles durante el conflicto. Proporcionar ayuda humanitaria y presionar en favor del respeto y la dignidad de la población han sido logros importantes. Sin embargo, la actual situación humanitaria sigue siendo inestable. Una sociedad civil internacional activa debe defender, ante las instituciones internacionales y los respectivos gobiernos, la puesta en marcha de mecanismos de protección capaces y versátiles. La crisis libia exigía, y sigue exigiendo, una intervención humanitaria más desarrollada y estudiada.


Álvaro Mellado Domínguez es trabajador humanitario y estudiante de posgrado de la Universidad de Bradford. Tom Pitt-Rashid es estudiante de posgrado de la Universidad de Bradford.

Traducción: Javier Villate